Esta es una carta de felicitación para Ross Ulbricht por su cumpleaños. En ella se repasa la historia del creador de Silk Road y de cómo ha acabado en la cárcel por una sentencia draconiana en la que se le condena a cadena perpetua. Una víctima de la guerra contra las drogas cuya esperanza es poca.

Carta a Ross Ulbricht

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Hola Ross.Se me hace difícil empezar esta carta siendo consciente de quién eres  y dónde estás, y tengo la sensación incómoda de tener que medir mis palabras en exceso al dirigirme a un ser humano que se encuentraprivado de libertad, teóricamente de por vida y más allá. Frases simples, como un común“¿qué tal estás?” se me antojan dañinas, porque desde mi perspectiva resulta difícil imaginar cómo podrían obtener una buena respuesta: nadie está bien cuando está preso, y menos si ni siquiera han querido dejarte la esperanza de unaluz al final del túnel.

Hace muchos años, un hombre mayor me dijo que dividía a las personas entre quienes habían perdido ya a un ser querido -por el normal transcurso de la vida o por incidentes de la misma- y quienes no habían tenido que pasar ese trance aún. Tenía razón en que perder un ser querido nos marca frente a la vida. Pero yo añadiría una línea divisoria más: los que han experimentado la privación de libertad y los que no. Verte esposado, sometido por un grupo de personas en superioridad numérica y sabiéndote “rehén” de sus acciones, es una experiencia que quienes la han vivido (en sus distinto posibles grados) transforman en una experiencia distinta lo que es la libertad. Aunquenunca he podido hablar con alguien que enfrentase tu condena:2 cadenas perpetuas y 40 años.En mi país, por suerte, no existe la cadena perpetua ni la pena de muerte y no puedo hacerme a la idea de lo que es el panorama vital de una persona en tu situación.

¿Cómo llegué a conocerte?Pues supongo que como otros muchos, gracias a tu creación:Silk Road. Soy de esos freakys que supieron bien pronto de ti y tus andanzas, no bajo ese nombre sino bajo el pseudónimo deDread Pirate Roberts, que era la persona que nos había traído una de las válvulas de escape más interesantejamás vista en una moribunda“guerra contra las drogas y sus usuarios”.

Por primera vez, tras haber pasado por webs, foros y listas de correo en las que se podían comprar, vender o intercambiar drogas, pero siempre con el riesgo de que tu identidad quedara revelada, tuvimosun lugar que ofrecía una estructura novedosay que tomaba ventaja de las últimas innovaciones tecnológicas. En concreto tomaba buena nota deTOR como sistema de enrutamiento que ofuscara la localización de los host, y de Bitcoincomo sistema de pagos que no requiriera la identificación de sus usuarios. Algo tan simple pero tan potente, que a pesar de la suerte que corriste tú -Ross- ha quedado como paradigma de mercado anónimo online. Dicho de otra manera: acertaste de pleno, porque tu idea funciona ysigue funcionando de forma aceptablemente estable.

Pero sin restarle mérito a tu legado, que sin duda fue un gran avance en la nefasta situación de los usuarios de drogas con respecto a las restricciones injustas que se ven sometidos,no puedo sino preguntarme si mereció la pena.Desde mi egoísta punto de vista, como beneficiado por tu idea, por supuesto que mereció la pena. Pero no puedo decir lo mismo cuando pienso que por haber parido Silk Road, el precio que se cobraron “los dioses del sistema” fue la vida deun hombre bueno.Cuando eso vuelve a mi mente, no creo que pueda decir que mereció la pena con la misma seguridad en mi voz.

Hace unas horascrucé unos emails con tu madre -Lyn-que estaba preparando la visita al centro penitenciario en que te encuentras, para ir a pasar unos momentos a tu lado. Ella lo hacía el día de su cumpleaños, curiosamente, que es un día antes que el tuyo. Y yo te escribo estas letras desde el mío, y con la “ventaja” que me dan 10 años más de edad, aunque por desgracia no es el primer cumpleaños que paso comunicándome con un preso, o llevando a sus familiares a verle. Aunque como dije antes, nunca con alguien a quien le haya negado el derecho a un futuro (por lejano que resultase) sin haber sido acusado de ningún crimen violento. Seguro que muchos “recuerdan” que fuiste acusado de haber encargado asesinatos a unos sicarios, y que muy pocos saben que esos cargos nunca llegaron a presentarse aunque fueron muy oportunos a la hora de denegarte cualquier tipo de fianza, que te permitiera preparar en libertad tu defensa.

Por desgracia la contra-narrativa no tiene la misma fuerza que la narrativa, y menos cuando esta cuenta con el empuje de todo el sistema. Resultó crucial qué imagen se daba de ti en los primeros momentos, porque la gente ya no profundiza en la información antes de formarse opiniones, no hay tiempo ni interés:información basurapara el consumo rápido. Y así, la verdad de los hechos pasa a ser un elemento accesorio que ve impedida toda forma de manifestación, incluso en una fase judicial en la que existen una serie de garantías -procesales y probatorias- que en tu caso se fueron saltando una tras otra.

La lista de“violaciones legales”con las que se acometió el proceso contra ti, es un rosario de hechos que jalonan uno de los procesos más escandalosamente injustos de los que se han servido al público para su despiece y consumo. Para empezar, la captura del servidor de Silk Road-el famoso asunto del 'captcha' que resulta totalmente inverosímil- se realizó totalmente fuera de los límites que marca la ley. Que cuando llevabas ya tiempo preso, alguien se conectase usando tus claves y alterase datos. Que en el equipo hubiera dos agentes que juntos robaron de Silk Road más de 1 millón de dólares, que tuvieran acceso al servidor como para alterar pruebas y que a día de hoy se encuentren presos (pero sin revelar el alcance del daño que pudieron causar), parece que tampoco resulta demasiado relevante a los ojos del juez (que parece que funcionan al revés que el del resto de mortales). Las burdas maniobras de esos mismos agentes para acusarte decrímenes que nunca se cometierony conseguir así el perjuicio de una defensa capada. Eso quedó patente cuando en el juicio pudimos ver como la juez impedía el interrogatorio de los testigos presentados por la parte contraria (censuraba cierta línea legítima de preguntas, castrando cualquier resultado) o cómo se impidió declarar a ciertos testigos aportados por tu defensa.

Yo, de todo aquel proceso cruel, recuerdo con especial rabia lo que le hicieron aRichard Bates, por el único hecho de ser tu amigoy haberte guardado un secreto sin haber sacado ninguna ventaja por ello. Llevar a una persona atestificar-llorando-contra un amigoque nada malo le había hecho,bajo amenaza de encarcelarle durante 30 años... no es mi idea de un testimonio dado en libertady conciencia, y fue la gota que colmó mi personal vaso: todo valía contra ti, incluso movimiento que se hubieran podido volver en contra de quien los ejecutase, como el mencionado testimonio forzado deRichard Bates.

Luego ya, lo de presentar unas cuantas“víctimas de sobredosis”de drogas que hubieran salido deSilk Road-aun sabiendo que tú no vendías nada, sino que albergabas vendedores- fue parte lógica de la teatralización. También lo fue no querer reparar, por parte de la juez, en el bien que tu idea de un experimento puro de libre mercadohabía redundado en el bien de los consumidores; la gente tuvo acceso a la información generada por otros clientes, de manera que esos vínculos de difusión de información sobre esas drogas vendidas, aportaban un“entorno de mayor seguridad” en el mercadoadulterado provocado por la prohibición de las drogas.

Todo eso para darle un cierto revestimiento legal a un proceso que concluye con 2 cadenas perpetuas y 40 años, sin posibilidad de libertad condicional, contra un ser humano del que no existe la menor evidencia de que haya causado daño a nadie de forma intencionada, o lo que es igual: para ofuscar lo que ha sido la creación de un nuevo chivo expiatorio de la era digital. Lasdrogas fueron esa excusallamativa que vende estupendamenteen la prensa, pero las drogas no justifican en ningún caso unasentencia draconianacomo esa. El proceso en sí y la sentencia, ahora en apelación,gritan “mentira”en un caso con repercusiones históricas y que aunque no sea todo lo comprendido que sería deseable, nos afectará a todos en un futuro. Y en el que el coste de buscar justicia, está siendo un castigo añadido para ti y tu familia, a pesar de las donaciones que algunos vamos haciendo para sostener económicamente la apelación: el coste es desmesurado y hace falta mucha ayuda.

Hace poco leí quematabas tus horas ayudando a otros, enseñando físicas, ycultivandoplántulas a partir de semillas de manzana en una toalla húmeda allí donde da un rayo de sol. También que tenéis unos cuantos ratones adiestrados que consiguen burlar, de momento, a los guardias de la prisión. Que básicamente intentas hacer tu entorno, y el del resto de personas que allí pasan sus horas, más humano. Y estoy seguro de que lo estás consiguiendo.Me contó tu madre, poco antes de salir a verte,que tanto internos como familiares son bastante amables en esos pocos ratos en que pueden compartir unos momentos con sus seres queridos.Que por suerte, pueden tocarte y tener cierto contacto físico (abrazos, besos, y sujetar tus manos) pero que no pueden introducir nada en el recinto (un pastel o una tarta) para hacer un poco más alegre tu día allí. Que en esta ocasión te verían contar una historia dentro de un programa llamado“The Moth”que desarrolláis en prisión, y que en otras ocasiones la visita se reduce a una hora con el interno. Todo el tiempo que os dieran estoy seguro que sabría a poco, pero permitir nada más una hora de visita entra en lo que es una condena añadida de tortura a la familia.

Pregunté a tu madre sobreel caso de Tim Tyler,que consiguió un“Perdón Presidencial” de la mano de Obamaantes de abandonar laCasa Blancay si veía alguna posibilidad de similitud con el tuyo. Me contestó que aunque -obviamente- todos agradeceríamos una medida de ese tipo, no parece que se pueda contar con ello en estos momentos, y que se encuentra mucho más esperanzada en eldesarrollo de la apelación. Lo que está claro, es que la lucha continúa, y que la labor de tu madre está siendo titánica.No la dejaremos sola en la búsqueda de justicia para ti, y para todos.

Ross, aunque tarde, no quiero dejar de felicitarte por tu33º cumpleaños.

Seguiremos luchando porque el 34º cumpleaños lo puedas celebrar con tu familia y amigos, en plena libertad. ¡¡Free Ross!!

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