Hay una herida abierta en el mundo cannábico y de ella sangra el sufrimiento de los usuarios medicinales, los que más padecimiento tienen hoy se estremecen un poco más.

Carta de una usuaria medicinal al Tribunal Supremo

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Hay una herida abierta en el mundo cannábico y de ella sangra el sufrimiento de los usuarios medicinales, los que más padecimiento tienen hoy se estremecen un poco más.

El verdugo, vosotros, magistrados del Tribunal Supremo, que aún estáis intentando lavaros las manos manchadas en el grifo de la ignorancia, aún tenéis mucho que frotar y mucho más que padecer, más que nosotros.

No es una amenaza sus señorías, sólo pretendo ponerles sobre aviso, y es que aunque a los compañeros de EBERS paguen una condena, los mayores culpables aquí no son sino ustedes. Y sé por seguro que así acabarán sintiéndolo, si no ahora, con el tiempo y la historia. Y es que han hecho daño a demasiadas personas inocentes, personas que dependían de ustedes indirectamente y a las que no tan indirectamente han negado sus derechos a una vida digna.

La esclerosis, la epilepsia, la fibromialgia, el cáncer, la enfermedad de crohn... son realidades que se hacen fáciles de ignorar en un tribunal como este pero que en nuestras sedes y en la cultura del cannabis en general ocupan un lugar muy importante. Poco hay que decir sobre cómo causan estragos en las vidas de aquellos que las padecen, que a menudo recurren a la maravillosa ayuda de una de las primeras medicinas del género humano, la cannabis sativa, la marihuana, para soportar esa carga que llevan contra su voluntad.

Esto lo logramos hacer con una sustancia que hasta hace poco se relacionaba con ambientes sórdidos y callejones oscuros y que gracias a la ayuda de los Clubes Sociales Cannábicos (esos que ustedes ahora dejan en la estacada jurídica, haciendo justo lo contrario de por lo que perciben sus sueldos) ha pasado por fin al marco amable de la asociación cultural, frente a esos escenarios llenos de peligros que el usuario enfermo rara vez es capaz de asumir. Pero eso ha durado unos pocos años, unos años en los que nos hemos sentido sólo un poco más cómodos en la vida que nos ha tocado pasar, unos cortos años que terminan con su sentencia.

Muchos de ustedes puede que no lo sepan pero como enfermo se hace duro no encontrar cura o tratamiento eficaz para tu condición. Para los que tenemos la suerte de toparnos por casualidad con el cannabis en el camino de la vida, a contracorriente del sistema sanitario, se nos hace hasta más duro darnos cuenta de que esa ayuda que tanto necesitábamos está prohibida bajo dogmas exógenos, provenientes de no-sé-qué país lejano y por no-sé-qué antiguo decreto, de esos a los que se hace referencia en nuestra querida sentencia.

No creo que tenga que pararme a darles explicaciones médicas de por qué el cannabis ayuda a mi condición y a otras muchas, esto es algo que gran parte de la población ya ha asumido y que la comunidad médica no para de probar. Además estoy segura de que grandes profesionales les habrán hecho entender en algún momento la eficacia de estos tratamientos que ustedes impiden ahora llevar a cabo de forma controlada; algo que sólo hemos podido hacer en las asociaciones, algo que nuestro sistema sanitario no contempla y que como les han tenido que explicar, a los que padecemos dolencias como la mía, nos son completamente eficaces y nos dan la capacidad de valernos por nosotros mismos. Nos dan calidad de vida, dignidad y sobretodo hasta ahora nos han dado esperanza. Una esperanza que se pierde con este giro hacia el prohibicionismo, y no un prohibicionismo contra el cannabis, -que seguirá consumiéndose de manera no-controlada en las mismas cantidades en España- sino un prohibicionismo del cannabis positivo, el cannabis bajo los marcos de la regularidad legal, el cannabis de uso médico y paliativo, el cannabis que necesitan las personas y no el cannabis que están dispuestos a vender los narcos.

Ahora, los que más dependencia tenemos, también quedamos más expuestos que nadie. Permitanme ahora que les explique mi experiencia personal, sólo para ilustrar la situación de muchos como yo que consumimos cannabis no por elección, sino por necesidad.

Tengo 22 años y desde hace 5 mi vida no ha sido la misma. Comencé con fuertes migrañas, cansancio, imposibilidad de despertarme por la mañana o de dormirme por la noche... pasó el tiempo, y en menos de un año había estado en una decena de especialistas, neurólogos, digestivos, internistas... sin que determinasen una causa clara a mis males. En este tiempo no era capaz de hacer mi vida, de asistir a clase, de salir de la cama...

Mi condición fue a peor y con el paso de los meses también iban aumentando los dolores en mi cuerpo. Las articulaciones, el cuello, el cráneo... me convertía en un amasijo de dolor y debilidades físicas que mi propio cuerpo no podía mantener; Sentía un zumbido extraño en mis sienes que parecía drenarme completamente la capacidad de concentración y con ella toda mi energía... En estos momentos comencé a informarme sobre los síntomas de la fibromialgia y otras enfermedades de cuadro similar que parecían coincidir con mi sintomatología.

Después de haber estado medicándome todo ese año a veces hasta con 10 pastillas diarias que no conseguían en mí ningún resultado positivo (sí que los había negativos) empecé también a informarme sobre el cannabis como medicamento, ya que había encontrado personas con una condición parecida a la mía que reconocían en él una verdadera ayuda a sus síntomas.

Gracias a mis conocimientos de idiomas y ciencias fui capaz por mí misma de contrastar el riesgo real que suponía el cannabis para mi organismo y cómo era usado en otros países, frente a la información que había estado recibiendo doctrinalmente por parte del estado, que no había sido capaz de darme apoyo sanitario.

Como un mes o dos después de empezar a leer sobre el cannabis, y después de hablarlo con mis padres -estaba a punto de cumplir 19 años en aquel entonces- decidí pedir a un amigo de la universidad, que consumía recreativamente, que me consiguiese algo de marihuana. Le pedí que fuese sativa, la subespecie más psicoactiva, pues yo estaba muy tirada y había estado leyendo que esta era la mejor para darme energía.

El efecto, que probé por primera vez el día de mi 19 cumpleaños, se me hizo increíble. De repente, mis dolores más agudos parecieron irse de mi lado, el gran peso que se hospedaba en mi cráneo, que me hacía faltar a mi amada carrera universitaria, desapareció... Tan sólo fue increíble. Increíble y feliz.

Sí, la marihuana ha sido algo muy feliz para mí, no sólo por su efecto euforizante, sino por su efecto paliativo. Recuperé gran parte de mi realidad y mi capacidad de acción en cuanto mantuve un tratamiento periódico con ella.

Este tratamiento sólo fue posible porque al mes de probar yo este dulce remedio, fui capaz, a través de un familiar que padecía una condición más cruda que la mía (esclerosis lateral), entrar en uno de los primeros CSC de mi provincia. Aquí no tenía que depender de la disponibilidad de un amigo o de la variedad que decidiera vender o no su camello (yo estaba francamente temerosa del mercado negro, de ser vista comprando drogas o ser perseguida por la ley de algún modo). En el club social yo llegaba, conocía el producto, accedía a información sobre las formas de consumo, los usos, las variedades y concentraciones... En este CSC podía retirar mis participaciones en la cosecha en un local acogedor, cuando yo quisiera y con acceso a diferentes cepas que me ayudaban una a dormir y otra a tener energía. Estaba junto a personas amables y dispuestas a compartir su experiencia y conocimientos, muchas de ellas, con dolencias como yo, lo cual me sirvió para orientarme mucho en el camino del consumo responsable.

Más tarde, y pasando por más médicos, acabarían diagnosticándome síndrome de fibromialgia y fatiga crónica. Un síndrome que algunos científicos, los que más han avanzado en la investigación de los cannabinoides en el organismo humano, empiezan a indicar como posible consecuencia de un déficit endocannabinoide.

El cannabis no cura mi enfermedad, pero podría si se permitiese la investigación con el mismo.
El cannabis es un paliativo que consigue que haga una vida un poco más plena y que salga de la cama, que para mí es muchísimo.
Los CSC han sido siempre el espacio en el que poder tener acceso a mis necesidades más básicas, el cannabis de alta calidad, limpio y sin adulterantes, los medios para el consumo y un lugar al que ir a ponerme mejor cuando estaba más débil (ya que en nuestro querido estado, no puedo consumir mi medicina en casi ningún sitio sin exponerme a ser multada, aunque lo necesite para poder seguir andando).

Yo sigo enferma, y ahora además, más indefensa. Por primera vez en muchos años, bajo la amenaza que ha supuesto para nuestras asociaciones la sentencia que han dispuesto, he tenido que recurrir al mercado negro, pues no tenía mi medicina y mis amigos no tenían cannabis. No querrán que les cuente cómo me sentí participando de la actividad de recoger un gramo de yerba aleatoria envuelto en papel albal en menos de 30 segundos, se hacen una idea, he de suponer, a qué se puede encontrar en la calle gracias a su trabajo, aunque hayan demostrado que no tienen ni idea de qué pasa en los CSC.

Como ya les decía, lo único que han logrado con esta sentencia es acabar con el tipo de consumo que yo desempeño. El que sólo puede llevarse a cabo si se tiene conocimiento de la sustancia; el que está condicionado a una necesidad física y no a un deseo de recreación; el que hace un poco más positivas las vidas de muchas personas.

Quiero pensar que la suya ha sido una decisión ignorante, y no una malintencionada, porque no soy capaz de concebir qué pretendían evitar, ¿cuál es el “Riesgo Abstracto” que se anula con la decisión de dejar de defender (sí, porque España ha sido pionera en defensa del derecho de consumo, que ustedes ahora alienan) la única vía de obtención de cannabis (SIN RIESGO ALGUNO) que era capaz de darse la sociedad a sí misma ante el problema de sus enfermos y sus enfermedades dependientes del cannabis?

El cannabis será legal pronto en todas partes, también en todas sus formas de distribución, independientemente de los arcaicos tratados que ustedes ahora vuelven a traer, sacados de la historia negra de la ley internacional. Perfectamente saben, y si no, me encargo de informarles, que muchas cosas van a cambiar tras la celebración de la UNGASS 2016.

El cannabis es una realidad, y lo seguirá siendo. Su sentencia, un delirio que pronto será recordado como una de las pataletas más infundadas y hasta ridículas del poder político de nuestro país, porque tengan presente que poco les atribuimos a sus decisiones personales y mucho a la ideología que se cuela en sus despachos desde uno u otro partido.

Mañana yo seguiré necesitando mi dosis de cannabis, y estaré igual de perseguida, quizás tenga menos sitios a los que recurrir y menos calidad a la que acceder, -si deciden asaltar la sede en la que tanto he participado-, pero seguirá habiendo cannabis, y la necesidad de él, y quizás no mañana, pero muy pronto, esa necesidad será cubierta, de manera justa, no como ustedes han pretendido hacerlo.