Hace aproximadamente una semana se hizo viral un vídeo en el que un joven australiano, de nombre Jordy Hurdes, aparece ante la cámara con un constante tartamudeo e imparables espasmos musculares, ofreciéndose de ejemplo de lo que las drogas pueden hacerte y pidiéndote que no tomes drogas, por él.

No fue el éxtasis, fuiste tú

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Hace aproximadamente una semana se hizo viral un vídeo en el que un joven australiano, de nombre Jordy Hurdes, aparece ante la cámara con un constante tartamudeo e imparables espasmos musculares, ofreciéndose de ejemplo de lo que las drogas pueden hacerte y pidiéndote que no tomes drogas, por él.

Al parecer, el chico era un joven, feliz y fiestero, que el 8 de octubre subió a Facebook una foto suya con dos colegas en un coche -con pinta de irse de fiesta, ciertamente- y lo siguiente que sabemos de él nos lleva al 21 de noviembre (unos 45 días después) cuando cuelga un mensaje en Facebook diciendo que ha estado en el hospital, y que quiere lanzar al mundo un aviso: salir de fiesta y divertirse está muy bien, pero no tomes drogas porque te puede pasar lo que a él. Como el post tiene una repercusión con cierta viralidad local, días después el chico se anima y graba un vídeo diciendo más o menos lo mismo y dando gracias por los mensajes de apoyo que ya había recibido, cosa que alcanza una viralidad mundial llegando a los 3'5 millones de visitas por el momento.

El chico, de colegio católico según sus datos, se ofrece al público mundial para servir de ejemplo preventivo de los daños del “éxtasis, también conocido como pirulas, tachas o pastis” , e incluso llegar a decir que “si es capaz de meterse en la cabeza de algunas personas, entonces habrá salvado alguna vida” y que quiere que le vea “tanta gente como sea posible”. Y claro, los medios no se pueden resistir a una historia como ésta: chico rubito y blanco, con un Facebook de niño mono fiestero, con unos espasmos y un tartamudeo groseros, se ofrece a sí mismo para dar ejemplo contra las “drogas de fiesta”. Así que la bola de nieve se alimenta a sí misma y en castellano nos llega con titulares como el de El Confidencial: “Esto es lo que me ha hecho el éxtasis”.

Claro, el chico que lo dice no es precisamente una eminencia en química, farmacia o toxicología, y habla tal y como hablan entre los jóvenes llamando a las cosas de la misma forma: le da igual éxtasis, pastillas, pirulas... todo son “drogas de fiesta”. Las “drogas de fiesta” son en realidad una categoría inexistente de drogas que básicamente quiere decir “todo lo que me pueda meter y me guste” en el contexto de una rave o una discoteca, pero eso nos remite a cómo se usan algunas drogas y no a lo que realmente son.

He visto algún medio internacional que llega a decir que su estado ha sido producido por “una mala pastilla de éxtasis” aunque en ningún momento se haya ofrecido dato alguno que sea relativo a la composición de lo que el veinteañero tomó (si era “éxtasis” u otra cosa), ni a la cantidad, ni a la frecuencia de uso, ni a qué otras drogas tomó. Es decir, los medios han decidido que eso lo hizo “una mala pastilla de éxtasis”, que simplifica mucho el asunto. También he visto ya algunos lugares en los que se menciona el caso como si el daño nervioso que Jordy Hurdes muestra se hubiera producido por una única exposición o toma de una droga, al estilo “una sola pastilla te puede hacer esto”. Y es que la prensa generalista -como los mecanismos de percepción del cerebro humano- cuando carece de datos certeros sobre algo, se los inventa o los supone.

Hay que tener en cuenta que aunque el mensaje no sea nada claro, y sea casi un “di no a las drogas para no quedarte como yo”, el chico se refiere a las pastillas que se venden en ese contexto recreativo y que pueden contener MDMA (éxtasis), MDMA y otros compuestos, o nada de MDMA. Y cuando contienen sólo MDMA (más los aglutinantes no activos) no sabemos la dosis de cada comprimido, que puede tener desde menos de 40 mgs a más de 200 mgs. Puedo comprender que para el pobre joven afectado gravemente, sea estupendo poder “conjurar” su mal poniéndole cara a un enemigo y decir: “el éxtasis me ha hecho esto”. Pero desentrañando la cuestión resulta que su queja equivale a decir: “tomar pastillas con sustancias desconocidas en dosis desconocidas me ha hecho esto”. O lo que es igual: “tus actos te han traído hasta donde estás, y da gracias de seguir vivo”.

Yo estoy totalmente de acuerdo con el mensaje del chico, si excluimos la referencia al éxtasis entendido como MDMA y queda claro que por “éxtasis” él se refiere a “quién sabe qué y cuánto”. En ese caso me parece un mensaje acertado pero incompleto. A nadie creo que se le pueda aconsejar tomar una droga que no se sabe cuál es, y en eso tiene razón: las pastillas, pirulas y tachas son sólo una forma de decir “comprimido” lo cuál no es mucho decir. La parte que le falta en el mensaje es la que evita que los jóvenes que desean tomar drogas y pasárselo bien, se maten por no saber qué toman: mostrarles y promocionar el uso seguro de drogas derivado de los servicios de análisis de sustancias.

Alguien podría decirme que una vez que se es víctima de “las drogas” no se puede ser tan racional, y es normal que se opongan a ellas de frente. Pero eso sólo es una reacción primaria y poco sincera. Ejemplo de la reacción contraria, mucho más inteligente, es por ejemplo Anne-Marie Cockburn. Esta mujer perdió a su hija Martha el 20 de julio del 2013, cuando su hija tomó medio gramo de un MDMA que era un 91% puro: murió de sobredosis accidental dos horas después. ¿Accidental? Sí, accidental porque ella no buscaba matarse ni tener una sobredosis, sino pasar una buena noche con sus amigos. Anne-Marie pudo haber reaccionado como otros padres, dedicando el resto de su vida a luchar “contra las drogas” porque le quitaron a su hija. Pero ella no, ella fue mucho más inteligente y se dio cuenta de que el problema no eran las drogas o el deseo de tomarlas por parte de las personas, sino la mala administración de las mismas que se deriva de su régimen de prohibición. Anne-Marie sabe perfectamente que fue medio gramo de casi puro MDMA el que mató orgánicamente a su hija, pero también sabe por qué su hija tomó aquella cantidad: la guerra contra las drogas no permite que puedan comprar una dosis conocida de forma segura. Así que, como ella también quiere salvar las vidas de otros y darle un sentido a dicha pérdida, intenta desde entonces acabar con una prohibición que ella encuentra responsable de la muerte de su hija, y de muertes y daños en otros muchos jóvenes, como Jordy Hurdes.

Si no existiera una prohibición estúpida sobre drogas como la MDMA, Martha habría sabido qué dosis tomaba para salir a bailar y seguramente Jordy Hurdes hubiera podido saber qué droga y qué dosis iba a ingerir, para no acabar con un daño nervioso como el que se ha ganado. Pretender acabar con las drogas y con el impulso humano de consumirlas, resulta ya anacrónicamente estúpido, propio de mentes con poco desarrollo o de integrantes de la UNGASS de la ONU, que fueron los que lanzaron en 1998 la aspiración -delirio agudo más bien- de un mundo sin drogas y que, años después, se han tenido que comer con patatas.

Lo que ha logrado hacer desde entonces la política internacional de drogas es que cuando alguien quiere consumir éxtasis (MDMA) se encuentre en un mercado ilegal en el que bajo ese epígrafe puede comprar casi cualquier tipo de droga, porque como pastillas de éxtasis se ha vendido de todo menos heroína (a pesar de que la leyenda negra dice lo contrario): anfetamina, PMA, metilona, PMMA, cafeína, DOB, etilona, DOI, cocaína, BZP, alfa-PVP o flakka, MDPV (llamada estúpidamente “droga caníbal”), ketamina, 2C-B, triptaminas diversas, MDA, metanfetamina... y hasta compuestos que, más que como drogas, se usan como neurotoxinas en el laboratorio. Y esto no es ninguna exageración.

Esta alerta sobre composición de pastillas, reportada por la red EUROTOX, nos muestra 4 pastillas que ninguna contiene MDMA: una tiene alfa-PVP o flakka, otra DOB, otra 2C-B. Y la primera de todas contiene 5 compuestos. De esos 5 compuestos en la pastilla, uno es la peligrosa y muy tóxica PMA y otro es su prima N-metilada o PMMA, otro es la etilona y los dos últimos son dos neurotoxinas que se usan para matar células nerviosas de cerebros de animales en investigación médica: la 4-CA y su prima N-metilada también, la 4-CMA. Son realmente la para-cloroanfetamina y la para-clorometanfetamina, neurotoxinas legales en todo el mundo excepto en China y sólo una de ellas (la 4-CA) prohibida allí desde octubre de este año. Esta neurotoxina se ha detectado en pastillas en el mercado negro pero también en el mercado de los “legal highs” vendidos en tiendas e internet.

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Con todos estos datos, le diría al católico joven: “no fue el éxtasis, fuiste tú”. El éxtasis o MDMA en realidad no tendría que haberse nombrado en esta historia, y es posible que nunca haya estado presente como compuesto. Aceptar como “éxtasis” cualquier pastilla del mercado negro sin someterla a análisis, equivale a poner tu vida en manos del azar en cuanto a lo que lleve ese comprimido. Y tener ese comportamiento suicida no es culpa del éxtasis, sino tuya Jordy Hurdes: tuya y de las opciones contra las que la gente se ve acorralada, gracias a la estúpida guerra contra las drogas.

Si vamos a empezar a buscar culpas o causas, al menos, seamos honestos para no enviar un mensaje equivocado: no es el éxtasis, es la prohibición.

 

Comentarios   

+1 #1 Drogoteca 30-11-2015 16:57
Me comenta Anne-Marie que hay un fallo en la historia, y es que su hija no había salido a bailar (clubbing) sino que lo había tomado de día y con unos amigos, pero que el sentido es exactamente el mismo.

Es relevante porque Martha tenía 15 años, y no tenía siquiera edad para entrar en una discoteca y tomarse una copa.

Que conste, aunque como dice "la afectada" el sentido de todo el asunto es exactamente el mismo.
Y de paso comenta que le ha gustado mucho.

Dicho está. ;)

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