Muchas veces –quizá demasiadas- hemos escuchado que el consumo habitual de cannabis afecta negativamente al cerebro, pudiendo perjudicar al cociente intelectual, sobre todo en los casos de consumo continuado en adolescentes.

¿Afecta el cannabis nuestra inteligencia?

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Muchas veces –quizá demasiadas- hemos escuchado que el consumo habitual de cannabis afecta negativamente al cerebro, pudiendo perjudicar al cociente intelectual, sobre todo en los casos de consumo continuado en adolescentes.

Hasta la fecha se han publicado diversos estudios sobre el tema, que sigue despertando ciertas preocupaciones a pesar de que el consumo de cannabis, tanto lúdico como terapéutico, está cada vez más aceptado socialmente.

El mayor problema de estos estudios es que no son lo suficientemente concluyentes como para poder afirmar con total seguridad que un consumo habitual de cannabis pueda producir estos efectos negativos por diversos motivos. O bien las muestras de población participantes en los estudios no eran lo suficientemente grandes y representativas, o bien no se tenían datos de usos anteriores al estudio, o no se tuvo en cuenta diversos factores que podían alterar los resultados.

Pues bien, un nuevo estudio publicado en el PNAS (Proceedings of the National Academy of Sciences), que a su vez agrupa el análisis de los resultados de dos estudios realizados por científicos de la Universidad de Minnesota y la Universidad de California en Los Ángeles (UCLA), ha demostrado que esa afirmación no responde a la realidad.

Se trata de un estudio singular, ya que se ha entrevistado a gemelos, realizando un seguimiento muy prolongado en el tiempo y que ha analizado los datos obtenidos entre más de 3.000 participantes residentes en California y Minnesota. Los participantes fueron sometidos a cuestionarios relativos a seis áreas cognitivas distintas en dos momentos diferentes de sus vidas: entre los 9 y 12 años de edad, con un seguimiento posterior hasta los 17-20 años. Los sujetos del estudio informaban en cada entrevista de su consumo de cannabis y de la frecuencia de este, además de aportar más información, como datos genéticos, el trasfondo familiar, su estatus socio-económico, y también del consumo de otras sustancias.

Los autores se centraron en tres criterios que propusieron como medidores de la evidencia de una relación causal directa entre el consumo de marihuana y el descenso del cociente intelectual. Primero, si el consumo de marihuana causa el descenso del CI -en vez de estar meramente relacionado- entonces los malos resultados cognitivos deberían ser evidentes después del inicio del consumo, y no antes. Segundo, con un vínculo causal, una relación con las dosis consumidas. Es decir, sería previsible un mayor descenso del CI con un mayor consumo de marihuana. Y finalmente, si la relación es causal, entonces la asociación del consumo de marihuana con la bajada del CI debería permanecer, incluso después de considerar los factores genéticos y sociales.

Entre las seis áreas relacionadas con el CI sometidas a examen, los autores encontraron mermas en dos módulos entre los consumidores en comparación con los no consumidores, “Vocabulario” e “Información”, asociadas con la “inteligencia cristalizada”, o la habilidad para utilizar conocimientos adquiridos. Otras pruebas, que medían el razonamiento abstracto y la resolución de problemas (asociadas con la “inteligencia fluida”) no mostraron diferencias significativas entre consumidores y no consumidores. Los autores indicaron, sin embargo, que en uno de los dos estudios, los cocientes intelectuales de referencia de consumidores eventuales ya eran significativamente bajos en las áreas estudiadas. Aquí, el consumo de marihuana no precede al descenso del CI y apuntan a evidencias anteriores que sugieren que otros factores tales como desinhibiciones conductuales y desórdenes de conducta pueden predisponer a los individuos a CI inferiores y consumos de la sustancia.

El estudio también descubrió que no hay relación entre mayores consumos de marihuana o consumos más frecuentes con la magnitud del descenso del CI. Los autores afirman que su estudio, a diferencia de investigaciones previas, no preguntaba a los participantes sobre su consumo actual, únicamente sobre su mayor consumo desde los tests iniciales. Así que mientras los resultados no pueden descartar una relación causal entre los consumos a corto plazo y las habilidades cognitivas, los hallazgos coinciden con estudios previos que no encontraron relación entre consumos previos intensos y discapacidades cognitivas a largo plazo.

Finalmente, los autores examinaron los efectos de los factores externos asociados con la disminución del CI. Encontraron que la disminución de las puntuaciones en “Vocabulario” se redujeron en un estudio y que “desaparecieron por completo” en otro cuando los ajustaron en participantes que alegaron consumo de alcohol excesivo y el uso de otras drogas. Los autores también se centraron en parejas de gemelos en las que uno de los hermanos consumía marihuana y el otro no, asumiendo similares factores genéticos, socio-económicos y medioambientales para cada miembro de la pareja de gemelos. Estos análisis, realizados en más de 200 parejas de gemelos, no encontraron diferencias significativas entre consumidores y no consumidores.

Los autores concluyen que una vez recopilados en conjunto, los resultados aportan “pocas pruebas para sugerir que el consumo de marihuana en la adolescencia tenga un efecto directo en el descenso intelectual”. Mientras que el descenso en ciertas áreas cognitivas fue detectado, las diferencias también eran visibles en los puntos de referencia, no existían evidencias de reacción a diferentes dosis, y parejas de hermanos relevantes no mostraron cambios significativos.

Es posible que otros factores confusos y/o causas previas al consumo de marihuana y también mermas cognoscitivas previas sean los verdaderos impulsores causales de estos comportamientos.