Los Estados Unidos están sirviendo de ejemplo para que el resto del mundo tome nota de las ingentes posibilidades económicas de una industria como la cannábica.

La rápida expansión de la industria cannábica

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Los Estados Unidos están sirviendo de ejemplo para que el resto del mundo tome nota de las ingentes posibilidades económicas de una industria como la cannábica.

Hasta el momento 23 estados han regulado en cierta forma el consumo de cannabis. En 4 de ellos, Alaska, Colorado, Oregón y Washington la marihuana es legal para su consumo terapéutico y también para su uso recreativo.

Partiendo de la base de que esta nueva regulación es todavía muy reciente y con la vista puesta en un futuro no muy lejano en que la situación puede cambiar también en otros estados, la interpretación de los siguientes datos sorprenderá a más de uno… en 2015 se facturaron más de 5.400 millones de dólares en la industria cannábica. Una industria “recién nacida” que ya da empleo a decenas de miles de personas, cultivadores, manipuladores o vendedores, y que a su vez recauda un volumen considerable de dinero en impuestos. Y esto no ha hecho más que empezar.

Todo esto, a pesar de que la marihuana sigue siendo considerada una droga ilegal y permanece clasificada como tal a nivel federal.

Hay algo que a muchos de nosotros se nos escapa, y posiblemente sea a causa de las diferentes mentalidades y distintas culturas a las que pertenecemos, y es que los norteamericanos, sobre todo cuando hablamos de negocios, no juegan en la misma liga que nosotros. Para ellos, lo que aquí serían considerados errores empresariales (por ejemplo, el fracaso a la hora de montar una pequeña empresa por tu propia iniciativa) no siempre suponen un problema, tal y como sí que ocurre en España y en Europa. En los Estados Unidos no te avergüenzas de haber intentado montar 5 empresas sin éxito, para ellos, ese fracaso, aparte de demostrar tu iniciativa emprendedora, es un aprendizaje que se suma a tu experiencia profesional. Aquí, como muchos de vosotros imaginaréis, supondría un lastre difícil de superar en el ámbito laboral. “Vaya fracasado”, sería la expresión que escucharías aquí antes de recibir un portazo en las narices.

Obviaremos aquí las pésimas condiciones laborales del panorama empresarial norteamericano, la alta precariedad generada por las políticas capitalistas ultra-liberales y los nulos derechos de los trabajadores, eso lo dejamos para otra ocasión, porque no es el tema que nos ocupa.

Volviendo a la cuestión de la industria cannábica y el dinerito, y teniendo en cuenta esos “ligeros” matices culturales -y todavía añadiremos uno más: en los Estados Unidos se hace todo a lo grande dado el tamaño de sus mercados (su población supera sobradamente los 300 millones de habitantes/consumidores)- podemos hacernos una idea de hacia dónde se dirige la incipiente industria cannábica.

Las cifras hablan por sí solas. En 2014, la industria cannábica facturó 4.600 millones de dólares, 5.400 millones de dólares en 2015, y si se cumplen las predicciones realizadas por empresas especializadas en el análisis de estos datos (sí, ya existen empresas que se dedican a recoger y analizar los datos de la industria cannábica en exclusiva), en 2020 el crecimiento de la industria cannábica alcanzará los 21.800 millones de dólares de facturación anual. Un poquito por encima del producto interior bruto (PIB) de Armenia y Nicaragua, juntos, en 2014.

grafico USA

Todos estos datos, aparte de su primera y evidente lectura, la que nos hace soñar con que nuestro entorno más cercano abra de una vez los ojos y cambie sus actuales políticas de drogas por una regulación mucho más coherente y justa hacia nosotros, los consumidores, también nos hace preguntarnos otra cosa… ¿hasta qué punto la regulación del cannabis en los Estados Unidos responde realmente a una necesidad social? ¿O se trata más bien de abrir una nueva vía de negocio, que los mismos actores económicos de siempre empiezan a descubrir y aprovechar?

Sólo el tiempo nos dará la respuesta…

Fuente: USA Today / New Frontier Data