Ayer por la tarde he ido a hacer una visita a mi growshop y a mi growman preferido – el experto en cultivo, y paciente hasta lo infinito, Gorka de “El Jardín de la Alegría” en Salamanca- porque tenía que recoger una semillas.

A la policía, ni de lejos

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Ayer por la tarde he ido a hacer una visita a mi growshop y a mi growman preferido – el experto en cultivo, y paciente hasta lo infinito, Gorka de “El Jardín de la Alegría” en Salamanca- porque tenía que recoger una semillas.

Harto de genéticas venidas a menos con los cruces aburridos de las autos y las feminizadas, me había abierto el apetito por una vieja conocida que hace 20 años que no veo: California Índica de Sensi Seeds.

La cosa es que cuando estaba llegando con el coche, he visto que la calle del grow estaba infectada de maderos, de sus coches, de sus caras, de sus uniformes, de su miseria.... petada de bichos!! He temido por mi amigo, y no he podido evitar parar y bajarme. He aparcado el coche sobre la acera un poco más adelante, y he ido hasta el grow. Allí, de recepción en la puerta, dos maderos uniformados. Creí que estaba en una operación anti-corrupción (de estas que sacan por la tele para que creamos que hacen algo aparte de cobrar por un mal trabajo) o que mi colega llevaba años distribuyendo cannabis a Bielorrusia y no me había metido en la operación!! No, no era nada de eso.

Un pobre chaval que venía -como todos nosotros estos días- a por sus semillas en temporada, resultó ser “el postre” de estos uniformados. No le venían siguiendo, no estaban desarticulando una red, no era una operación, nada de eso. Era puta suerte. Simple suerte. Mala para el chico, y buena para los maderos.

Como sabéis, las semillas y el material de cultivo son 100% legales en el estado español, para el que trabajan estos individuos armados. Así que no, no fueron a por las semillas. Fueron a probar suerte: según salía con el coche, llegaban ellos, y viéndoles jóvenes y saliendo de un growshop, pues les dio por probar: seguro que si vienen a estos sitios, llevarán al menos unos porros en el coche, ¿no?

Les dieron el alto, les bajaron, les cachearon y buscaron las cosquillas, hasta que les sonó la flauta a los agentitos y le trincaron una bolsa con unas “bellotas” de hash. No sé cuántas ni tengo datos sobre el “alijo”, pero el chaval fue detenido y el coche se lo llevó la grúa. ¡¡Otro peligroso delincuente fuera de las calles!! ¿No?

¿Por qué digo que fue un simple golpe de suerte?

Para empezar, por cómo se desarrolló la escena. De haber estado en vigilancia, en el momento que entraron en la tienda y abandonaron el coche, es el momento en el que la policía habría intervenido, y normalmente de paisanín (“placas”, que les dicen). Y no fue así, sino que fue un encuentro casual.

Pero tengo otro motivo especial, que no olvidaré jamás.
El madero al frente del asunto (el mayor) era un viejo “amigo” mío, a quien tengo la poca suerte de conocer desde hace años. Es un tipo que va de amable pero... bueno, recomiendo preguntar sobre él a gente bien informada. La cosa es que he visto a este individuo dedicarse a entrenar a los novatos -especialmente en registros de coche y cacheos- durante años y, cómo no, somos los consumidores de drogas su platos favoritos.

De hecho, no podré olvidar la sangre fría que mantuve cuando este tipo, con un pobre chavalín novato al que le hizo venir a joderme, me sacaron hace años del coche y me hicieron un registro personal y del automóvil que -de haber llevado algo escondido- lo hubieran encontrado. Pero fueron tan tan tan torpes que a la hora de revisar los cajones del coche, en concreto uno bajo el asiento que parece que los maderos no conocen bien, no abrieron ése....

No sé cómo hubiera sido mi vida desde entonces si aquel chaval con uniforme, cara de pardillo y recién salido de la academia de Ávila, llega a abrir ese cajón. Eran las 4 am y estaba en uno de los barrios menos recomendables de mi ciudad: yo mismo me había buscado el problema como un imbécil. Esa noche, vi pasar mi vida por delante de mis ojos, mientras le sostenía la mirada al responsable del asunto, sin inmutarme. Ese día libré.

Y me bastó para aprender que nunca, nunca, nunca, debo dejar nada absolutamente al azar si puedo evitarlo. Aunque esa noche, si hubiera “escondido” lo que llevaba, lo hubieran encontrado. Todavía me pregunto cómo no eran capaces de olerlo, porque yo a 3 metros lo estaba notando. Mala suerte, airgamboys.

También sé que cuando me pararon a mí esa noche, lo hacían porque no soy ningún “kíe” y era una presa fácil: estaba sólo, posiblemente desarmado, y en un lugar donde nadie me iba a ayudar aunque gritase. Lo curioso es que estos mismos “señores”, son los que no se atreven -sin muchos y muchas armas- a parar “a los malos de verdad” porque saben de sobra que si, por mala fortuna, dan con un grupo de “tipos duros” y que alguno de ellos está en “busca y captura”, pueden encontrarse corriendo y pidiendo socorro por la emisora entre jadeos. Pero esto es como todo: hay valientes que sólo lo son contra los más débiles, y cuando se ven en superioridad.

Un año después aproximadamente de mi afortunado encuentro con ellos, los volví a encontrar en otro barrio “sensible”. Era de noche también y, cuando me vieron de lejos, salieron corriendo para que no me diera tiempo a pirarme con el coche. Y justo él, mi amigo, abrió la puerta cuando iba a darle al cierre!! Me sacaron, me volvieron a hacer la pirula, pero no encontraban nada. Se desesperaban: sabían que algo tenía que haber en algún lado -y no les faltaba razón- pero no cazaban nada y yo estaba prácticamente sin ropa. Les vi sudar tinta pero decidieron que mala suerte y a por otro, así que pude librar también esa vez, que no hubiera sido más que una multa, y tener que ir a volver a pillar. De hecho, con ese individuo no he pringado nunca. Pero nunca se sabe, ¿verdad? Mi ciudad es pequeña y todos nos conocemos: el historial de cada uno -el de ellos también- lo tenemos escrito en las piedras de la ciudad.

La cuestión es que todos la cagamos. La cagamos mucho. La cagamos cuando vamos a por unas semillas al grow y llegamos fumándonos un peta por la calle. La cagamos cuando tenemos un alijo para 10 amigos que vamos de acampada y, con ello encima, nos vamos a hacer otras cosas. La cagamos cada vez que pensamos que no nos van a cazar nunca. O cuando pensamos “esta vez no pasará nada”. Y sí, pasará. Tal vez no esa vez, pero pasará: es pura cuestión de estadística.

Además tenemos que ser conscientes de que -como fumetas- somo el objetivo favorito de estos tipos. Como me decía un Guardia Civil mientras me hacía la prueba de drogas hace un par de años: “yo no entiendo por qué hay que ir a por los del cannabis, cuando no suelen ser problemáticos, ni violentos, ni suelen estar afectados para la conducción”. Pues sí, tenía razón aquel Guardia Civil -que debo decir que me pareció una buena persona, y lo digo en serio- al decir que no estamos incapacitados para la conducción por el cannabis, y por ello tras ponerme la multa y hacerme los test de drogas que dieron POSITIVO en THC (aunque no en morfina ni benzos, y había tomado horas antes) me dejó llevarme el coche -conduciendo yo mismo- sin problema alguno y además lo hizo constar en el informe. ¿Increíble? Totalmente real, yo todavía me pregunto qué pasó ese día que me tocó el picoleto bueno (me indicaba también que si tenía yerba guardada, que no la sacase para que no la vieran sus compañeros). Desde aquí, por si nos lee, gracias tío!!

A mí me dieron caza en esa ocasión por una simple pegatina de Dinafem que tenía al lado de la matrícula del coche. No soy pintas en exceso -ni tatuajes ni piercings- ni mi coche es nada cantoso. Era la única señal de que dentro iba un posible usuario de cannabis, pero uno de ellos la supo ver y me echó a su pobre subordinado encima, mientras él se tocaba los huevos en el coche camuflado y el otro pobre se chupaba la lluvia esperando a que viniera la furgoneta con los test de drogas (sí, la trajeron para mí solito, son así de simpáticos). La cosa es que como me dijeron también, “es que los de los porros dais positivo durante mucho más tiempo”. Es decir, somos la presa más fácil: no somos agresivos, un porro da positivo días, y tendemos a pagar por evitar problemas (no es mi caso, yo prefiero ser insolvente antes que darles un duro a estos tipos).

La temporada ha empezado, troncos, pero no sólo para los cultivadores, sino para la peor de las plagas: la policía. No lo olvidéis. Recordad fumigad bien vuestras vidas, no permitáis que un mal descuido os contamine, que esta plaga cuando se instala es jodida de eliminar: lo digo por experiencia.

Ah, y no quiero irme sin recordar -en mi apoyo, claro- las palabras de una juez. Tampoco soy muy amigo de los jueces (no sé por qué, la verdad...) pero en este caso voy a hacer una cómoda excepción. Aunque no soy amigo de “arrepentidos”, al menos esta juez -Araceli Manjón- dejó su puesto en el organigrama antidrogas hispano para preconizar la regularización de las drogas.

Y tuvo la honestidad de reconocer que, a día de hoy en nuestro país, el mayor riesgo del consumo de cannabis es el derivado del encuentro y contacto con las FFCCSE (policía y similares) en cualquiera de sus formas, de manera que se nos aplique un código penal y una represión administrativa que no puede justificarse hoy día. Ellos -maderos, pitufos y picoletos- son el riesgo más grande del cannabis hoy día; no lo minusvaloremos y creamos que “ya está todo hecho y no pasa nada por ser simplemente cannabis”.

Y sí, ya sé que la policía “sólo hace su trabajo”.
Nosotros el nuestro: ojos abiertos.
Y a la policía, ni de lejos.