Una de las mayores siderurgias europeas, ILVA, situada en la localidad Taranto, dentro de la región de Puglia, al sur de Italia, contaminó la zona con su actividad durante décadas.

Cannabis para limpiar la contaminación

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Una de las mayores siderurgias europeas, ILVA, situada en la localidad Taranto, dentro de la región de Puglia, al sur de Italia, contaminó la zona con su actividad durante décadas.

Los vertidos tóxicos de la acería, que producía alrededor de 28.000 toneladas de acero al año en 2012, justo antes de su cierre parcial y la intervención del gobierno dadas las denuncias y protestas acumuladas por las actividades relacionadas con la industria (que llevaron entre rejas a sus responsables), han envenenado el cielo y la tierra con dioxinas y otras muchas sustancias tóxicas durante años y se les relaciona directamente con 11.000 muertes en la última década de funcionamiento de la planta.

La planta siderúrgica ha sido puesta a la venta hace unos meses por el gobierno italiano, ya que la actividad económica que genera da trabajo a cerca de 12.000 personas de la región, ahora suspendidas de empleo y sueldo. Pero el problema va mucho más allá de lo económico. Varios estudios apuntan a que esta acería de ILVA produce el 93% de todas las emisiones tóxicas que se generan en Italia. Y se trata de un problema ecológico y medioambiental que se teme perdurará durante décadas… sobre todo en la tierra, que acumula toneladas de materiales tóxicos vertidos durante años y que hace inviable la agricultura e incluso la ganadería.

Hasta ahora. Una tenue luz de esperanza brilla al final del oscuro túnel. Y es que el cannabis ha aparecido en escena como una de las posibles soluciones ante del problema generado por ILVA.

La iniciativa de la que os hablamos surgió por parte de la organización CanaPuglia y los hermanos Vincenzo y Vittorio Fornaro, que plantearon la posibilidad de recuperar las tierras contaminadas con plantaciones de cáñamo. Y es que el “poder curativo” del cáñamo en las tierras donde se cultiva se empezó a estudiar en la década de los 90, tras la catástrofe nuclear de Chernobyl. Entonces, una empresa norteamericana especializada en biotecnología ambiental comenzó a cultivar cáñamo en la zona, para descontaminar los suelos repletos de cesio, plutonio y plomo. Y confirmaron que la planta de cannabis sativa era especialmente eficaz en la limpieza de tierras envenenadas con dioxina.

Los hermanos Fornaro, que perdieron su actividad ganadera por la intoxicación de sus 600 ovejas con las dioxinas de Ilva, tuvieron que elegir si marcharse e intentar empezar de nuevo en otro lugar o quedarse y luchar. Y se quedaron. En 2014 realizaron la primera siembre de cáñamo (totalmente legal, dada su concentración de THC inferior al 0,2%, tal y como marcan las legislaciones internacionales), y descubrieron que poco a poco, la tierra iba recuperándose.

Yo sabía muy poco de cáñamo –afirma Vincenzo- y fue muy difícil llevarlo a cabo. Pero la salud del suelo mejora. Las hierbas silvestres vuelven a crecer”.

vincenzo ilva

Y es que la fitorremediación, es decir, la descontaminación del medioambiente (suelo, aire y agua) mediante el empleo de plantas, es algo bastante novedoso en Italia, y hasta principios del siglo XXI no se empezó a hablar de esta alternativa, más barata y ecológica (aunque seguramente más lenta) que otros métodos disponibles para el mismo fin.

El camino está de momento claro, y ahora el objetivo es crear un cinturón verde de cannabis alrededor del complejo industrial de ILVA. La ventaja, además de la evidente descontaminación, es que el cáñamo puede seguir siendo transformado para todas sus posibles aplicaciones, desde los textiles a la construcción… el único problema es que encontrar la financiación necesaria para desarrollar el proyecto es más complicado de lo que parece. Los fondos agrícolas comunitarios se destinan a la producción de alimentos. Y las autoridades y los políticos de la zona siguen sin tomar partido en el asunto.

Esperamos que finalmente, abran los ojos a la realidad, y actúen en consecuencia.

Fuentes: Huffington Post / La Stampa