Ayer fue Cataluña. Hoy la ciudad de Alicante. Las asociaciones y clubes cannábicos están siendo reconocidos a lo largo y ancho del país para poder funcionar dentro de la legalidad. ¿Pero qué supone esto para la cultura cannábica y para el objetivo de la legalización?

¿Avanzamos hacia la legalización en España?

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Ayer fue Cataluña. Hoy la ciudad de Alicante. Las asociaciones y clubes cannábicos están siendo reconocidos a lo largo y ancho del país para poder funcionar dentro de la legalidad. ¿Pero qué supone esto para la cultura cannábica y para el objetivo de la legalización?

Antes que nada, debemos ser precavidos y no celebrar una victoria que todavía no se ha producido. En ambos casos se han superado algunos obstáculos (muy importantes) de todo el proceso burocrático, pero el camino que queda por delante es largo, complicado y no hay garantías de un éxito asegurado.

Respondiendo a nuestra pregunta inicial, lo primero que estos avances suponen para la comunidad cannábica en nuestro país es un cambio poco significativo. En el fondo, cambiarán pocas cosas. Muchas menos de las que nos gustaría.

Salvando las distancias entre los casos de Cataluña y Alicante (la primera es una Iniciativa Legislativa Popular, y la segunda es una moción presentada por varias formaciones políticas y sociales) y a excepción de algunos puntos clave que veremos más adelante, estos cambios reguladores lo que hacen es establecer unos requisitos y unas normas generales básicas para la constitución, funcionamiento y ubicación urbanística de los clubes y asociaciones de consumidores de cannabis. Del mismo modo que lo hacen con las gasolineras, estancos, farmacias, restaurantes, discotecas, locales de apuestas y con otros muchos tipos de establecimientos y asociaciones de ámbito privado.

La regulación de los clubes cannábicos y asociaciones no afecta a la legislación actual sobre cannabis. El cannabis sigue siendo una droga ilegal que vive en un limbo jurídico. Puedes consumir cannabis, siempre que seas mayor de edad y te encuentres en un espacio privado. Pero no puedes ni producirla (el autocultivo en teoría estaría permitido, pero los límites son tan poco claros y la inseguridad jurídica a la que te enfrentas es tan grande y tan seria, que supone un riesgo quizá demasiado alto), ni transportarla, y mucho menos puedes comprarla, ni venderla, o promover su consumo… no puedes porque lo prohíbe específicamente la ley y el código penal. La hipocresía llevada al extremo. Puedes consumir algo que no puedes producir ni comprar. No puedes ni llevarlo en el bolsillo. Eso supone que, si no eres cultivador, perdón, auto-cultivador, el porrete que te fumas en tu casa tan tranquilamente, o se ha generado por arte de magia en tus manos, o algo ilegal has hecho antes de prenderle fuego…

Y ésa es precisamente la gran diferencia entre los casos de Cataluña y Alicante. Mientras que en Alicante se va a regular el modelo de actividad, la ubicación y las características que deben cumplir los clubes y asociaciones para ser reconocidos legalmente, en Cataluña se va un paso más allá.

Superado ese primer obstáculo reconociendo la existencia de los clubes y asociaciones, y una vez regulados bajo parámetros de convivencia ciudadana, se intenta regular también el “ciclo completo” para el abastecimiento de dichos clubes y asociaciones. Es decir, más allá de determinar el modelo de actividad, la ubicación y características de los locales, lo que se intenta ahora es regular también los procesos mediante los cuales los socios de dichos clubes van a tener acceso al cannabis que les corresponde, sin caer en un delito.

Dentro de los supuestos legales del autocultivo y el consumo compartido, en Cataluña se intenta determinar además qué es lo que hay que hacer para que los cultivos destinados a los socios puedan llegar a los locales, estableciendo unas normas para el autoabastecimiento y controlando y monitorizando tanto el cultivo del cannabis como su transporte para ofrecer todas las garantías de legalidad durante el proceso íntegro.

Algo que en el caso de Alicante parece haber quedado olvidado en el camino… y que ha quedado bastante claro en el pleno, donde la defensa de la iniciativa ha sido, a nuestro criterio, muy mejorable. Vamos a ver, si los consumidores mayores de edad, pueden acceder a los clubes cannábicos siguiendo ciertas normas (como el aval de un socio y demás), pero no está claro cómo se abastecen esos clubes, volvemos a la inseguridad… ¿llevarán los socios su “material” escondido en la ropa interior para fumárselo de tranquis en un local legal, o bien el cannabis aparecerá también por arte de magia en los estantes para ser repartido equitativamente, como buenos hermanos, entre todos los socios del club?

No tenemos muy clara la respuesta… y por lo visto, los promotores de la iniciativa tampoco se han preocupado demasiado por esto. Lo único que sí que tenemos claro es que tendremos que prepararnos y estar listos para las redadas apocalípticas en los clubes y asociaciones, y también para los titulares más sangrantes en los periódicos anunciando detenciones por tráfico de drogas y delitos contra la salud pública.

En fin, no somos quién para decirle a nadie cómo se tienen que hacer las cosas, pero desde luego, la experiencia de los demás debería servir de ejemplo para no volver a cometer los mismos errores que otros ya cometieron. Y cabe recordar que los casos judiciales más sonados, con las mayores condenas en nuestro país en este ámbito (hablamos de penas de cárcel de muchos años y multas millonarias), se las han llevado asociaciones y clubes legalmente registrados, regentados de forma ejemplar y transparente… dígase Ebers o Pannagh, por poner un par de ejemplos.

Volviendo al caso que nos ocupa, y que son motivo de alegría (aunque a veces se nos lleven los demonios), estos avances, por muy pequeños que sean, son significativos del cambio que está viviendo la comunidad cannábica en España. Y como dice el refrán: toda piedra hace pared.

Poco a poco, paso a paso, con mayor o menor acierto, se va avanzando en una misma dirección, la de la normalización del consumo de cannabis, y esa luz al final del túnel, la ansiada legalización con la que todos soñamos, podría estar cada vez más cerca. Hay que seguir trabajando para conseguirlo, aunando esfuerzos y luchando de una forma sincera por el bien común, el respeto a las libertades individuales y a los derechos de los consumidores, que también somos personas.

Nos alegramos mucho de que en Cataluña y Alicante se avance, en paralelo y a distintas velocidades, pero hacia un mismo objetivo común. Esperamos que cunda el ejemplo…