El infantilismo de la izquierda con las drogas.

La izquierda española es terraplanista

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Arnau Alcaide

El Partido Socialista lo es, de ahí sus siglas. Podemos, no sabe, no contesta. Debe ser que no se puede, aunque no han pronunciado ni las culpas ni las disculpas. Resulta que la tierra es plana, ha habido que aceptarlo, y el cannabis es un peligro para la sociedad. Perjudicamos a la Salud Pública, ese constructo de la salud social como responsabilidad de un gobierno, que, en lugar de vertebrarse alrededor de indicadores materiales, de prestaciones sociales, de calidad de vida y un entorno social y ecológicamente sostenible, se utiliza para criminalizar sustancias psicoactivas y a las personas que se relacionan con ellas.

La cuarentena es la guinda del mapa en 2D: todo el mundo pondría el santo (del vicio) en el cielo si no hubiese acceso esencial al tabaco y al alcohol. Creo que podemos imaginar perfectamente que no tendría sentido y causaría revuelo social que el Gobierno hubiese denegado el acceso a las drogas legales. Revuelo, no obstante, que no deben temer del usuariado de cannabis estos partidos, incluso cuando uno de ellos tiene representación del activismo y una propuesta de regulación integral.

Lo que sí temen son los capciosos titulares de la derecha, que les digan que venden droga como dulces, que son unos envenenadores. Y mientras tanto, los daños aumentan con la ilegalidad (calidad, seguridad, estigma y marginalidad) .El Partido Socialista aparenta no necesitar entrar en el asunto: el fin de su mundo termina donde empieza la criminalización de personas por el mero hecho de relacionarse con una sustancia considerada ilegal, agravada por motivos racistas, de clase o sexistas.

Los países cerca del fin del mundo deben de estar más a salvo del coronavirus, ¡no tienen a nadie alrededor! Para el resto, los derechos de las personas siguen siendo de vital importancia. Especialmente los derechos que no tienen que ver con la distribución de la riqueza y se solucionan de hoy para mañana. Pedimos que nos protejan de ustedes mismos, de sus leyes que nos abocan a la policía y la justicia; no que paternalicen nuestra salud a la fuerza. Hasta les permitimos que nos sigan maleducando en el estigma y el desconocimiento, nos conformamos con que no se entrometan abusivamente en nuestras vidas por un prejuicio.

Pese a que el círculo cannábico de Podemos ha entregado en el grupo parlamentario una propuesta de reapertura de las Asociaciones Cannábicas durante la cuarentena para responder a las necesidades de las personas usuarias, la formación no ha dado protagonismo a esta medida que llega tras años de elevada persecución policial y judicial. Resulta un tanto ingenua, considerando que no se puede dotar del carácter esencial a algo que está siendo constantemente penalizado para imponer su ilegalidad.

Para su fin del mundo durante la cuarentena, cada persona usuaria tiene seis: sin medicina, arriesgándose a multas por posesión y saltarse la alarma, una estigmatización excepcional (nunca será un motivo relevante en alarma), con ansiedad extra por abstinencia forzosa, sin posibilidad de calmar la ansiedad u otros malestares esporádicos con usos terapéuticos o simplemente sin la posibilidad de hacer más ameno el confinamiento. Esta situación solo evidencia que la única respuesta es la regulación integral de todas las drogas y el fin de su persecución para utilizar esos recursos en Salud Pública real: educación o prestaciones. Para el cannabis, se cuenta hoy mismo con la posibilidad de incluir a los agentes sociales para incorporar a la legalidad toda práctica habitual relacionada con la planta y ampliamente extendida en nuestro país.