Desde 2011 el debate sobre el marco de la política de drogas en el continente americano ha vivido un momento de efervescencia.

VII Cumbre de las Américas: ¿avance o retroceso?

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Desde 2011 el debate sobre el marco de la política de drogas en el continente americano ha vivido un momento de efervescencia.

Desde la aparición de la Iniciativa Latinoamericana sobre Drogas y Democracia impulsada por ex presidentes latinoamericanos (la que luego se convertiría en la Comisión Global sobre Drogas) la presión sobre los distintos gobiernos del continente por parte de opositores a la estrategia de guerra contra las drogas ha ido en aumento. La VI Cumbre de las Américas celebrada en Colombia en 2012 fue el momento álgido en este debate, cuando se puso sobre la mesa, a pesar de no estar reflejada en la agenda oficial, la política de drogas. Una reunión que trasladó a la Organización de Estados Americanos (OEA) un mandato claro para analizar posibles vías alternativas a las políticas sobre drogas en la actualidad. Un contexto que hizo que muchos viéramos con gran interés y expectación la celebración en abril pasado de la VII Cumbre de las Américas en Panamá.

Colombia 2012

La Cumbre celebrada en la ciudad colombiana de Cartagena de Indias hace tres años se salió del guión establecido cuando el recién electo presidente, el general Otto Pérez Molina, cuestionó abiertamente la política estadounidense de guerra contra las drogas. Un cuestionamiento que rápidamente fue respaldado por otros presidentes centroamericanos como Mauricio Funes, el entonces presidente de El Salvador, y su homóloga de Costa Rica, Laura Chinchilla.

La sorpresa la dio el propio presidente anfitrión cuando preguntado por estas declaraciones respondió que él sería el primer partidario de la legalización de la marihuana y la cocaína si eso permitiera “erradicar la violencia del narco”. Si bien el encuentro no acabó con una declaración final consensuada por los participantes, el presidente Santos declaró durante la clausura: “Los mandatarios del hemisferio iniciamos una valiosa discusión sobre el problema mundial de las drogas. Coincidimos en la necesidad de analizar los resultados de la actual política en las Américas y de explorar nuevos enfoques para fortalecer esta lucha y para ser más efectivos”.
Un año después, en junio de 2013, la Organización de Estados Americanos, institución encargada de la organización de las Cumbres, publicó un informe consecuencia directa del debate en Colombia. Una publicación realizada por una serie de expertos que incluía en informe analítico sobre el tema en cuestión y un anexo con los posibles escenarios en el continente asumiendo distintas alternativas políticas en relación a las drogas. Tras su publicación los miembros del equipo redactor, encabezados por el presidente de la OEA, el chileno José Miguel Insulza, iniciaron una gira por el continente presentando el informe a los distintos gobiernos de la región.

Panamá 2015

Muchos fueron los presidentes que levantaron su voz a favor de un cambio en la política de drogas imperante, muchos fueron los aportes que según Insulza los distintos gobiernos hicieron en la presentación del informe, muchos esperábamos la VII Cumbre como un lugar donde el debate abierto que desde hace dos años se lleva a cabo en todo el continente pudiera materializarse en algún tipo de propuesta o iniciativa concreta. El tema central del encuentro: “Prosperidad con Equidad: El Desafío de la Cooperación en las Américas”, no apuntaba a ello pero la problemática del narcotráfico y las drogas, lejos de reducirse en los últimos años, se han agudizado en muchos países, principalmente México.
Pero los 2 mil periodistas presentes en la cumbre en esta ocasión no esperaban un titular, muchos esperaban una imagen: el reencuentro después de 50 años de los representantes políticos de Cuba y Estados Unidos. Este hito atrajo la mayor parte de la atención mediática junto con la crisis política en Venezuela, y la mayoría de las intervenciones giraron alrededor de estas cuestiones. Terminada la Cumbre no hubo una sola manifestación en relación al tema que tanta preocupación e interés entre los presidentes había generado en el anterior encuentro.

El Plan de Acción Hemisférico

Por suerte fuera de los focos mediáticos sigue habiendo movimiento dentro de las políticas de drogas en el continente americano. Si en 2012 la excesiva preocupación entre los mandatorios sobre este punto nos pudo haber creado falsas expectativas el silencio de este año tampoco significa que se haya vuelto a la estrategia de confrontación sin objeciones. A las distintas iniciativas en el continente, como son la regulación en Uruguay, despenalización en Chile y Argentina y la legalización en diferentes estados de EEUU, se une una estrategia por parte de la Organización de Estados Americanos a través de la Comisión Interamericana para el Control del Abuso de Drogas (CICAD). Este organismo dependiente de la institución continental está desarrollando los puntos reflejados en laEstrategia Hemisférica sobre Drogas: Plan de Acción 2011 – 2015. Un documento aprobado en mayo de 2010 que significa un avance cualitativo en herramientas para luchar contra el narcotráfico en el continente.

A pesar de la salida del tema de las drogas de la agenda de la última reunión nos queda la esperanza de que la CICAD, en la elaboración del nuevo plan de acción para el próximo lustro, retome el debate y los estudios publicados recientemente por la OEA y veamos la regulación como una herramienta aceptada para acabar con un problema, el del narcotráfico, que no para de aumentar.