Segunda y última entrega del artículo del Dr. Fernando Caudevilla sobre los efectos del cannabis y sus usos terapéutucos frente a los tumores cerebrales...

El cannabis en los tumores cerebrales (2)

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Segunda y última entrega del artículo. Puedes leer la primera entrega aquí

Los resultados positivos en animales y en cultivos celulares llevaron a realizar estudios en humanos. El Departamento de Bioquímica y Biología Molecular de la Facultad de Ciencias Biológicas de la Universidad Complutense de Madrid, con el profesor Manuel Guzmán a la cabeza, son referentes mundiales en la investigación científica sobre esta materia. En el año 2006 se presentó el primer estudio mundial en humanos en el que se utilizó THC para el tratamiento de un cáncer, en este caso el glioblastoma multiforme. Se seleccionó a nueve pacientes con un glioblastoma recurrente (es decir, que ya había sido tratado previamente con cirugía o radioterapia pero que había vuelto a aparecer) y en los que existían evidencias de progresión de la enfermedad. Se eligió administrar THC directamente en el cráneo, mediante una intervención quirúrgica en la que se insertaba un catéter dentro del tumor y, en el otro extremo se colocaba un dispositivo que permitía administrar el cannabinoide de forma controlada. El objetivo principal del estudio era evaluar si se trataba de un método eficaz y seguro de administración, así como observar la evolución de los pacientes y la medición de ciertos parámetros.

Los pacientes sobrevivieron una media de 24 semanas (en un intervalo entre 15 y 33 semanas). En todos ellos se observó una mejoría rápida y disminución del tumor a las pocas semanas de la administración, aunque en todos los casos el tumor terminó con la vida de los pacientes. Este tipo de estudio no permite valorar la eficacia real del THC, porque para ello habría que haberlo comparado con pacientes de características similares a los que se hubiera administrado placebo en lugar de THC. Pero sí proporciona pistas sobre que el tratamiento es seguro (apenas se registraron complicaciones o efectos adversos) y que, probablemente, tenga algún efecto beneficioso sobre el tumor.

La siguiente vía de investigación (nuevamente dirigida por el Departamento de Bioquímica de la Universidad Complutense de Madrid) es utilizar los cannabinoides en conjunción con otros tratamientos que hayan demostrado eficacia para el glioblastoma multiforme. El fármaco más empleado en el tratamiento de esta enfermedad es un antineoplásico llamado temozolamida, que es una de las pocas opciones terapéuticas disponibles. Y ya existen estudios que demuestran que, al menos en líneas celulares, el uso conjunto de temozolamida y THC o THC+CBD tiene efectos mucho mejores que el uso de cualquier componente por separado.

El último paso sería conocer la efectividad real de los cannabinoides en condiciones reales. Y esto es precisamente lo que el laboratorio GW Pharmaceuticals, que comercializa el spray de cannabinoides para administración sublingual, ha comenzado a hacer desde el pasado mes de Noviembre. El laboratorio financia un estudio en el que se pretende medir la eficacia de este medicamento en un grupo de 20 pacientes con glioblastoma multiforme recurrente a los que se administrará el tratamiento estándar para la enfermedad (temozolamida) además del spray. En una primera fase se administrará este tratamiento a todos los pacientes para medir su seguridad y tolerabilidad y después se controlará con placebos para poder medir su eficacia real. El objetivo primario del estudio es evaluar si es posible conseguir una supervivencia de 6 meses sin progresión del tumor. Puede parecer poco, pero teniendo en cuenta la agresividad de este tipo de tumores y su rápida evolución conseguir ese objetivo ya sería un gran avance.

Y el estado del asunto es éste. Existen ya estudios en marcha y en pocos meses se conocerán los resultados. Cada vez son más los datos que indican que los cannabinoides pueden tener utilidad en el tratamiento de enfermedades tumorales que tienen muy difícil tratamiento y es probable que en pocos años su uso pueda generalizarse, al menos en pacientes seleccionados. La información objetiva es la que se ha ofrecido en este artículo aunque, como suele suceder con el cannabis terapéutico, los posicionamientos morales e ideológicos suponen interferencias importantes. Me refiero por un lado a los detractores del cannabis, los que han decidido a priori que el cannabis es una droga maléfica sin ninguna utilidad terapéutica y que, a pesar de las evidencias científicas incontrastables cada vez más numerosas entorpecen o dificultan la investigación con cannabinoides. Las trabas burocráticas y la propaganda anticannábica son una lacra denunciable.

Pero lo mismo se puede decir de ciertos sectores procannábicos que muestran un entusiasmo desmedido hacia propiedades no demostradas. Atendiendo a la información que ofrecen determinadas webs, documentales y páginas de redes sociales, el cannabis sería la panacea para el cáncer (y todas las demás enfermedades que han azotado a la Humanidad desde el principio de los tiempos) y existiría una conspiración médico-político-legal-farmacéutica destinada a ocultar este fantástico descubrimiento. Se dice que las investigaciones sobre el cáncer y el cannabis están censuradas cuando los artículos científicos al respecto están en acceso libre a través de Internet. Es fácil encontrar en la Red casos de personas que supuestamente se han curado del cáncer de forma completa después de abandonar el tratamiento convencional (que es sólo veneno) y haber empezado a utilizar cannabis. Estas páginas son promocionadas y difundidas por partidarios del cannabis de forma irresponsable. Nunca se encuentran en estos casos datos que permitan verificar la supuesta curación (el nombre del Hospital, del equipo médico que lo ha seguido) y en la inmensa mayoría de los casos los datos son incompletos, incongruentes o directamente falsos. Hay casos en los que presentan imágenes de TACs o Resonancias Magnéticas que corresponden al tumor original y a la supuesta curación: en algunos de los más populares las imágenes ni siquera pertenecen al mismo paciente, lo que resulta evidente para cualquiera con unos conocimientos mínimos de radiología.

En definitiva, tan condenable es la negación de las propiedades terapéuticas del cannabis y los cannabinoides como la difusión de historias que no están demostradas desde un punto de vista científico. Las personas que padecen enfermedades graves e incurables en el momento actual merecen que se pongan a su disposición todos los recursos disponibles, pero con las garantías y el rigor necesarios.