Si tuviéramos que elegir un aspecto de la MDMA para diferenciarla de otras drogas, sin duda nos quedaríamos con su acción sobre el terreno de las emociones.

La MDMA y las emociones

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Si tuviéramos que elegir un aspecto de la MDMA para diferenciarla de otras drogas, sin duda nos quedaríamos con su acción sobre el terreno de las emociones.

«La experiencia más parecida es estar enamorado» (Saunders, 1993); «es como si estuviera viendo el mundo por primera vez: fresco, limpio y nuevo» (Eisner, 1995); «una autoimagen fortalecida, un sentimiento de mejora y fuerza en las capacidades» (Holland, 2001); «me siento totalmente lleno de paz» (Shulgin y Shulgin, 1991)… En las descripciones de los principales autores que han escrito sobre los efectos de la MDMA existe casi total unanimidad. Desde luego muchas otras drogas pueden producir reacciones de tipo emocional, pero estos efectos se presentan de forma mucho más constante, previsible y selectiva en el caso del éxtasis. La reacción emocional que induce la MDMA se manifiesta, también de forma particular, en dos vertientes complementarias.

La primera es un efecto «hacia fuera» o «hacia los demás». La empatía es una característica del ser humano que le permite comprender los sentimientos y pensamientos de otras personas. Es la capacidad de «ponerse en el lugar del otro», de proyectarse dentro de la situación y condición de otras personas, facilitando la comprensión y la aceptación de la situación y condición de los demás. El uso moderno del término «empatía» comienza a finales del siglo XIX, cuando el filósofo y psicólogo alemán Theodore Lipps enunció su teoría de la empatía, y se trata de un concepto que se utiliza en la actualidad en muchas disciplinas distintas: la filosofía, la creación artística y la apreciación estética, la psicología (en la que la empatía es un elemento clave del modelo de entrevista motivacional) o la economía (relacionándose con las habilidades de liderazgo). La película de culto Blade Runner ilustra este carácter genuinamente humano de la empatía, ya que es la clave para diferenciar a los seres humanos de los «replicantes» (androides) a través de un avanzado detector de las emociones, la máquina de Voight-Kampff. Como veremos enseguida, es muy probable que los «replicantes» sean también inmunes a los efectos del éxtasis.

La MDMA disuelve las barreras psicológicas que nos aíslan de los demás y facilita la comunicación y la exploración de las relaciones interpersonales. Bajo sus efectos es más sencillo expresar a los demás pensamientos y sentimientos así como comprender (empatizar) lo que los demás nos expresan. El psicólogo Ralph Metzner acuñó el término «empatógeno» (que genera empatía) para definir el efecto de la MDMA que facilita la percepción de los otros como especialmente cercanos, acompañando esta cercanía de una especial conexión afectiva. Esto no implica que la MDMA sea un «suero de la verdad» o un «elixir del amor», ya que bajo sus efectos no se alteran ni el sentido de la identidad ni los procesos cognitivos y es sencillo mantener el control sobre los propios pensamientos, juicios y acciones.

Otra dimensión de los efectos de la MDMA sobre las emociones está relacionada con la experiencia intrapersonal: lo que sucede en el mundo interior del individuo. De la misma forma que intensifica el contacto con los demás, la MDMA facilita el contacto interior, abriendo la puerta a la introspección y la aceptación de uno mismo con sus virtudes y sus defectos. La persona se sitúa en el aquí y en el ahora, libre de miedos de tipo neurótico por las experiencias del pasado o la incertidumbre del futuro. En 1986, el farmacólogo David Nichols acuñó el término «entactógeno» (que genera contacto con el interior) para definir lo que él considera el elemento nuclear de la experiencia con MDMA. Nichols considera que estos efectos aparecen de forma específica con la MDMA y sus derivados (MBDB y en menor medida MDA) y no están presentes en otras moléculas parecidas en cuanto a estructura química (anfetaminas y feniletilaminas alucinógenas). Este hecho le lleva a definir a los entactógenos como una «nueva clase de sustancias terapéuticas» (Nichols, 1986).

El uso del término «entactógeno» se ha impuesto sobre el de «empatógeno» en la mayoría de las publicaciones científicas y de divulgación sobre la MDMA. Se ha discutido mucho sobre cuál de los dos términos es el más adecuado, aunque probablemente la discusión es estéril, pues se trata de dos visiones complementarias de la misma experiencia. Los efectos empatógenos y entactógenos de la MDMA son la base de su uso como coadyuvante en psicoterapia, facilitando la comunicación entre terapeuta y paciente y el acceso de éste a material psicológico difícil de manejar en el estado ordinario de consciencia (Bouso, 2003). Aunque se trata de efectos pasajeros y temporales, los profesionales partidarios de su uso terapéutico creen que la experiencia puede tener valor de cara a la vida cotidiana del sujeto. Por otra parte, el proceso empático o la autoexploración son características humanas que se facilitan y potencian con el uso de MDMA, aunque su ejercicio también puede hacerse sin el concurso de sustancias psicoactivas.

Bibliografía:

SAUNDERS N.(1993) E is for Ecstasy. Libro en Internet: http://www.ecstasy.org/books/e4x/
EISNER B. Extasis: historia del MDMA. EdicionesObelisco, Barcelona, 1995
HOLLAND J: The history of MDMA. En Holland J (Ed) Ecstasy: The complete guide. Park Street Press, Vermont, 2001
SHULGIN A T, SHULGIN A: PiHKAL: A Chemical Love Story. Transform Press, Lafayette , CA. 1991
NICHOLS DE: The Chemistry of MDMA. En HOLLAND J(Ed): Ecstasy: The complete guide. Park Street Press, Vermont, 2001