Los aceites, los dabs, los concentrados y en definitiva las extracciones de cannabis, se han vuelto la última fiebre de los consumidores de todo el mundo.

Extracciones de cannabis y reducción de riesgos

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Los aceites, los dabs, los concentrados y en definitiva las extracciones de cannabis, se han vuelto la última fiebre de los consumidores de todo el mundo.

Estos métodos provenientes de USA y que ya cuentan allí con miles de aficionados, han causado un furor tal que Instagram se ha saturado con fotos de extracciones, se han multiplicado las ventas del cristal soplado y ha hecho que florezca un sector de ingeniería y productos de laboratorio exclusivamente dedicado a la labor de extracción.

Detrás de este poderoso boom que ahora llega a nuestro país de la mano de los camellos más refinados y los CSCs más activos, no sólo hay oportunidades para la creatividad y el desarrollo de la industria cannábica, sino que con él vienen asociados unos riesgos para los usuarios más allá del generalizado aumento de la tolerancia.

Cuando hablamos de extracciones de cannabis encontramos muchos términos, mayormente siglas, que se nos hacen algo extraños y confusos, y aprendemos sólo de forma mecánica. Así podemos distinguir entre BHO (o Butane Hash Oil) QWISO (Quick Wash Isopropil) QWET (Quick Wash Etanol) y otros con nombres menos abreviados, como las extracciones por CO2 y el Rosin.

Entre estos hay que distinguir los que se extraen con solventes y los que no. Así se hace en los estados de USA dónde el cannabis se dispensa legalmente. Así, muchos tipos de hash podrían considerarse extracciones de cannabis sin solventes, incluidos los que usan agua y hielo, pues los compuestos que deseamos extraer no se disuelven en ella.

Equipo de circuito cerrado para extracciones con CO2

(Equipo profesional de circuito cerrado para extracciones con CO2)

La principal diferencia entre las extracciones con solventes (BHO, QWISO, QWETO y las de CO2) y las que no necesitan de solventes para realizarse, es la necesidad a posteriori de una separación eficaz del producto que buscamos (las sustancias psicoactivas del cannabis) de las sustancias que no necesitamos consumir, es decir, los solventes y otros compuestos que pudieran encontrarse en ellos.

Esta separación no siempre se hace posible al 100%, y en demasiadas ocasiones el producto final de la extracción contiene sustancias que no pertenecen a la tan usada y benigna química del cannabis, esa a la que los consumidores habituales ya están hechos. Se introduce así un factor de riesgo al proporcionar al usuario un consumible del cual desconoce el contenido real, lo que comúnmente conocemos como un producto adulterado.

Ahora bien, las correspondientes industrias (y camellos) se defienden, alegando la pureza de los solventes usados en las producciones, respaldándose en muchos antecedentes de consumo y muy poca ciencia.

Pero la comunidad médica estadounidense ya ha sentado un precedente bajo su jurisprudencia y en varios estados donde se reconoce el uso medicinal del cannabis las extracciones como el BHO fueron prohibidas, como ocurre en los Países Bajos. En la actualidad, para evitar que el mercado negro adquiriese el monopolio de la sustancia, se han impuesto estrictos controles de calidad y sólo las extracciones analizadas en laboratorios y que demuestren no tener residuos pueden ser ofrecidas al público en la mayoría de los estados que han legalizado.

No son las explosiones lo que preocupa a los médicos y activistas del país que más ha vivido la moda de los dabs, sino la incapacidad de los fabricantes de proporcionar un producto sano para el consumo, y es que aunque la exposición a pequeñas cantidades de butano no sea peligroso (al respirarlo, no sabemos que pasa al fumarlo) para el ser humano, otros muchos compuestos parecían colarse en las extracciones realizadas con este solvente.

colibri gasEn nuestro país la producción de BHO se ha basado casi por completo en el uso de las latas de gas Colibrí. Unas pequeñas bombonas para uso industrial y recarga de mecheros, un producto que nada haría pensar que fuese apto para el consumo humano. Eso no ha frenado a nadie, y en lugar de seguir los pasos de los estados que dispensan BHO de manera medicinal (con grandes inversiones en investigación, formación y equipamiento) no se ha gastado ni un sólo segundo en buscar una alternativa sanitaria a este formato, como serían las bombonas de isobutano de grado de laboratorio, sino que se ha optado por el riesgo, la inventiva, y si nos ponemos un poco serios, la ignorancia más profunda.

El gas Colibrí, como el resto de botellas de gas comprimido que se pueden encontrar en nuestro mercado, contiene muchos otros compuestos además del que se utiliza para separar las moléculas de THC y otros cannabinoides de la materia vegetal. Y no sólo nos referimos a ese asquerosillo mercaptan (el compuesto que hace que el gas huela a gas para que puedas evitar las fugas y que después enmascara el olor a yerba de tus extracciones) sino a una mezcla de compuestos densos, aceitosos, que hasta hace poco no se sabía muy bien que eran y la comunidad cannábica reconoce como “Mistery Oil”.

Sí, el Mistery Oil ha sido el terror nocturno de muchos extractores que buscaban la perfección en sus elaboraciones y que una y otra vez acababan encontrando una sustancia extraña en sus cámaras de refinado del gas, independientemente de la botella de gas para mechero que usasen, siempre estaba ahí. Para comprobar qué eran estos residuos algunos internautas han probado a extraerlos directamente de las botellas y analizar el producto obtenido. Podéis ver análisis de algunas marcas en inglés aquí: http://skunkpharmresearch.com/bho-mystery-oil/

En el fondo parecía ser que esos compuestos no eran sino los propios lubricantes del mecanismo de las botellas, que al ser vaciadas, acababan siendo propulsado por el gas a las extracciones, y que debido a la gran densidad de unos y la gran solubilidad de otros, requerían más maquinaria que todo el proceso de separación de cannabinoides en conjunto.

Esta tesitura ha hecho a muchos usuarios y elaboradores abandonar el BHO por completo, unos por imposición estatal y otros por integridad moral. No parecía demasiado ético dar a tus confiados consumidores de benigno cannabis un preparado de sustancias desconocidas y con alto índice de toxicidad, aún menos a los medicinales.

Sin embargo, esta realidad es ignorada por la mayoría de los usuarios y proveedores de este tipo de extracciones en nuestro país, y las empresas que han decidido abrazar el sector no han hecho demasiado esfuerzo por informar en profundidad a sus potenciales clientes. Esto podría ser comprensible, lo que no lo es es la rapidez con la que muchas asociaciones cannábicas han decidido acoger esta técnica y presentársela a sus socios como un derivado más del cannabis, elaborándola sin formación ni conocimientos de química o ingeniería básica de laboratorio.

Evidentemente los estragos de las malas prácticas que pueden llegar a cometerse en la fabricación del BHO no se harán manifiestos sino paulatinamente en la mayoría de los casos, con afecciones al sistema respiratorio, posibles daños cerebrales e intoxicaciones graves en los pacientes que usan el cannabis con un sistema inmune deprimido. Por desgracia algunos usuarios ya empiezan a reportar este malestar, pero sin un aborde médico y sanitario que maneje todos los factores (hablamos de análisis del producto final y seguimiento de los afectados) no podrá hablarse realmente de un problema de salubridad.

Y es que el mayor problema de estos casos es el desconocimiento, tanto por parte de los usuarios, como de los elaboradores, de qué es lo que se está consumiendo y qué es lo que ello implica, pues se piensa que cuando añadimos una extracción a nuestro consumo sólo estamos aumentando la cantidad de cannabis consumido y no añadiendo compuestos, como algún reputado médico de este mundillo ha apuntado al intentar achacar los efectos no deseados de algunas extracciones al alto contenido en THC.

Esta es sólo una de las facetas de riesgo de las extracciones cannábicas, en este caso, uno de los riesgos de la elaboración del BHO, pero se hace el más urgente de explicar y el más grave al que exponerse. Además de estos peligrosos compuestos las malas prácticas pueden llevar en general en el mercado negro a extracciones sin purgado de solventes, a uso de materia vegetal pasada por solventes y sin ningún tipo de limpiado (además vacía de casi todo compuesto activo) como base para otros productos cannábicos y a extracciones a base de cannabis en mal estado bajo la falsa creencia de que el butano o el alcohol “limpian” y no transmiten hongos y bacterias al producto final.

Todos estos factores forman un cóctel explosivo para la salud de muchas personas y la integridad de la imagen del cannabis en nuestro país, tanto la pública como la médica. Y es un problema que sólo puede abarcarse desde el debate, la preocupación social colectiva y el activismo más íntegro.