La formación en prevención de riesgos y abusos de sustancias que se viene dando en nuestro país es poco eficaz...

Educación sobre drogas en España, necesaria pero ineficaz

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La educación se hace uno de los medios más evidentes de reducción de riesgos y daños al tratar las drogas, algo que sobre todo nos interesa a la comunidad de consumidores, pero que también repercute en la salud pública y el bienestar social.

Aunque hasta ahora se ha enfocado a la inversa, con un intento tras otro del Estado de controlar los consumos individuales justificándose -indebidamente- en la defensa de la salud pública.

En este sentido se han venido poniendo en práctica desde el Estado español distintos planes de “educación y prevención” sobre drogas, que, aunque no están fijados en las horas lectivas de los estudiantes, se recomiendan para ser impartidos en secundaria y bachillerato.

La duración, la metodología, los contenidos y el carácter preventivo o educativo de estos planes quedan en nuestro país a decisión de los propios centros, -aunque siempre influirá el gobierno de turno de la correspondiente CCAA- en los que a veces ni se producen actividades de este tipo, ya sea por falta de tiempo o interés de los docentes.

En relación a estas intervenciones se publicaba hace poco este informe promovido por el Ministerio de Economía y Competitividad, en el que se evalúa la eficacia que tienen las realizadas hasta ahora en nuestro país. Resalta en el informe de “meta-análisis” la poca cantidad de estudios de evaluación que han sido llevados a cabo sobre este modelo o la educación impartida a niños y adolescentes, bajo el mando de profesores, orientadores y hasta fuerzas del orden.

En base a estos pocos estudios (sólo encontraron 21 válidos para la evaluación) el informe determina que la formación en prevención de riesgos y abusos de sustancias que se viene dando en nuestro país es poco eficaz, sirviendo sobre todo para cambiar la opinión acerca de las mismas a corto plazo, pero sin afectar realmente al hábito de consumo.

Así mismo reconoce que el tipo de formación mejor aceptada es la que hace un abordaje sanitario, enfocado en la información sobre las sustancias y sus efectos en la salud. Parece ser que cuando los jóvenes reciben conocimientos reales sobre un aspecto de la realidad que sí que afecta a sus vidas, se interesan, algunos por miedo, otros por morbo, en lo que puedan enseñarles.

Cuando se habla de enfoque sanitario no es que se les enseñe sus usos médicos o aplicaciones históricas, en la mayoría de las ocasiones más bien se reducen algunas drogas a sus posibles efectos adversos, que en muchos casos ni siquiera tienen algún soporte científico detrás, o remiten a los efectos buscados por los consumidores pero con una connotación negativa bastante subjetiva. Como ya decíamos, este tipo de enseñanzas se imparten por profesores, de todo tipo y sin la preparación en medicina necesaria, o si no por los orientadores propios del centros, psicólogos o similares, que no suelen manejar criterios clínicos.
La información no tiene por qué ser de calidad, pero el alumno la tomará por buena y la asociará a las sustancias, lo cual a la larga puede traer buenas o malas consecuencias -siendo habitual el desengaño producido al no apreciar los demoníacos efectos asociados al cannabis con el consecuente cuestionamiento de todas las demás enseñanzas sobre drogas y otros asuntos que empleaban el mismo tono dogmático-.

El estudio también advierte que las sesiones más eficaces son las que imparten en conjunto profesores y profesionales externos al centro, que en el caso de nuestro país muchas veces se trata de Policía Nacional o Guardia Civil. Estas intervenciones quizás dejen más impacto en los jóvenes por lo escandaloso del material al que tienen acceso en ellas -resaltan las grabaciones de intoxicaciones-, pero aquí el criterio científico puede llegar a cotas muy bajas en favor de ciertos tonos moralistas, y es que está un poco feo traer para dar lecciones sobre un tema a agentes que dependen económicamente de él.

A todos estos profesionales que hacen su parte en un sistema fallido, en todo caso, -y dejando a un lado los posibles intereses ocultos-, sólo podemos reprocharles una enorme falta de preparación en la materia, -y puede que de modestia y ejemplaridad en algunos casos-. Pero no está en la formación de un profesor de secundaria el abordaje del uso de las drogas, su historia o sus efectos. Conseguir este tipo de preparación dentro del sistema educativo a veces se hace difícil hasta para los estudiantes de psicología de nuestras universidades, el prohibicionismo ha dejado una mella bastante honda no sólo en la investigación científica sino también en la conservación de los saberes relacionados a ciertas sustancias que fueron injustamente clasificadas como “sin uso médico”.

El deber de dar este tipo de conocimientos a los docentes para que ellos se lo den a nuestros jóvenes no queda muy restringido en el Plan Nacional sobre Drogas, que da subvención directamente a cierto número de actividades formativas o a entidades que elaboren una formación que los centros puedan adoptar, pero poco más.

Una de estas entidades de “educación” y prevención del consumo de Drogas más conocidas es la FAD (Fundación de Ayuda contra la Drogadicción [y olé!]). La mayoría de los españoles reconocemos estas siglas al ver su logo, que aparecía siempre al final de los anuncios más gores que podíamos ver en la televisión hasta hace poco. Ahora han decidido tomar una linea más ambigua con su campaña “construye” que no deja muy claro qué pero que no sea con drogas (como ha venido haciendo la medicina o el desarrollo de la mayoría de las culturas humanas, pero dejemos a la FAD seguir teniendo tanta imaginación como en sus antiguos anuncios). La verdad es que el desprecio por la información de la FAD es notable e incluso característico, pero ha llegado a ser irónico cuando para su última campaña se marcaban el nuevo hashtag “#elrincondeconstruir” haciendo según ellos un homenaje a los profesores. Aquí, como podréis intuir, se hace referencia a lo que algunos llamarían “el rincón de pensar”, o sea, la esquina o pared contra la que nos colocaban nuestros profesores de primaria cuando querían olvidarse un rato de nosotros.


cartel fad

Homenajear a un docente por sus castigos además de anacrónico parece un vago intento por parte de la FAD de justificar sus absurdas campañas “educativas” haciendo una analogía que haga ver su dogmatismo como necesario, al igual que lo era ese horrible castigo que te ponía el profe para que “contases con los demás”. Al igual que sabemos que para lo único que servía este tipo de castigos -poco o nada pedagógicos-, por muchos beneficios que quiera atribuirles la FAD, eran para bajar la moral del niño que molestase y en casos en los que se hacía como se muestra en este bonito cartel de la FAD que pronto podrás ver por tu ciudad o televisión, humillarlo ante los demás.

A mí personalmente el anuncio me da entre grima y miedo de las sombras de tiempos pretéritos, en los que se entraba al colegio en fila, cantando de cara al sol y con el brazo en ato. Pero es básicamente a lo que nos tiene acostumbrados la FAD, así que para qué asustarse... Aunque la cosa cambia un poco cuando buscas esa formación elaborada por ellos que se ha subvencionado con el dinero confiscado a presuntos traficantes de drogas o simplemente a ti, consumidor de cannabis al que le ponen multas de tráfico sólo por serlo.

La FAD y su alienado criterio educativo no sólo pretende darnos lecciones por las calles y en las televisiones -y estafarnos con veintenas de cuentas falsas en las redes sociales-, sino también en nuestros colegios, y a niños en edades tan tiernas como los 6 años con los que algunos empiezan primaria.

El estudio al que venimos haciendo referencia como ya decíamos se basa en muchos otros anteriores y parece que ha quedado contrastado en ellos que el abarque metodológico más eficaz es el que es capaz de ofrecer un aprendizaje de competencias e influencia social, lo que significa que son los niños que aprenden a hacerse cargo de sus propias decisiones y a no dejarse influenciar los que mejores resultados muestran ante el abuso y la dependencia de sustancias.

Aquí ha visto la FAD un filón para justificar de nuevo su existencia (y las subvenciones que recibe) usando de otra vez la nueva técnica “buenrollista” de la arbitrariedad. La FAD de repente se ha convertido en un comité de recursos “pedagógicos” que ofrecen para todos los cursos de la enseñanza obligatoria y el bachillerato y en los que la presencia de su particular punto de vista sobre los “paraísos artificiales” que ellos llaman a las drogas se irá inmiscuyendo progresivamente entre unas actividades que en teoría no me parecería mal que realizasen mis hijos si no supiese que están llevadas a cabo por unos fanáticos capaces de editar aberraciones como a las que nos tiene acostumbrados la FAD.

¿Pero qué pueden hacer si no los padres para formar a sus hijos en drogas? La mayoría no mucho, pues se señala como uno de los principales factores de riesgo la conducta de los padres hacia las drogas y es que las generaciones anteriores han sufrido incluso más desinformación y no se puede decir que eso haya cambiado, al menos no bajo la tutela de los respectivos gobiernos, que ahora frente a la presión de la evidencia científica inician tímidos cursos de formación a las familias; aunque al mismo tiempo mantienen unas políticas permisivas frente a la publicidad y promoción del consumo de la droga más peligrosa para los jóvenes de nuestro país.

Parece que ésta, la de educar sobre drogas, es una tarea difícil para todos y que por desgracia está enturbiada por intereses mayormente económicos de más de un órgano creado por y para la prohibición, que se resisten como pueden a cesar en su inútil labor. El camino ha de hacerse sobre la información, la solidaridad y sobre todo el amor y respeto que le debemos a las futuras generaciones que no merecen ser engañadas, sino educadas para convertirse en los ciudadanos responsables y libres que todos tienen derecho a ser.