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Cocaína

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Nombre(s): Cocaína, farlopa, nieve, perico, chisma, farla. Crack, base, basuco, paco.

Principio(s) activo(s): Cocaína en forma de clorhidrato o como base libre.

Clasificación: Estimulante dopaminérgico de la familia de los tropanos.

Presentación(es) común(es): polvo blanco cristalino, polvo y rocas blancos a ligeramente amarillentos en el caso de la cocaína como clorhidrato. Rocas que van del color blanco al crema, de base libre de cocaína mezcladas con bicarbonato sódico en el caso del crack.

Historia: las propiedades estimulantes de la cocaína son conocidas desde hace milenios por los pueblos de donde es originaria la planta Erythroxylon coca, normalmente zonas de montaña con altitud de algunos países en Sudamérica. Los españoles en la conquista de América dan cuenta de sus usos por parte de los nativos. Sin embargo hasta 1855 no pudo ser aislado su principio activo. Lo logró el químico alemán Friedrich Gaedcke en 1855. Gaedcke llamo entonces al alcaloide "Erythroxylina". Posteriormente Albert Niemann desarrolló un proceso de extracción y purificación mejorados para el alcaloide, al cual nombró con el prefijo coca y la terminación -ina común en ese momento a los alcaloides. Y fue Richard Willstätter, premio Nobel de Química en 1915, quien sintetizó por primera vez cocaína y dilucidó su estructura química en 1902.

La cocaína pronto mostró sus propiedades de bloqueo de la transmisión nerviosa, haciéndolo un anestésico útil para ciertas operaciones que hasta el momento eran imposibles, como la cirugía ocular. Pasó a ser incluida en la farmacopea y sus usos se amplificaron, mediante preparados que se vendían libremente, desde para la acidez de estómago a alivio para los dolores dentales de los niños. Se llegó a elaborar un Vino de Coca que contenía cocaína, llamado Vino Mariani que fue muy apreciado por el Papa Leon XIII, el cual otorgó la medalla del Vaticano a su creador por el invento. Se llegó a utilizar para tratar otras adicciones, como la de la morfina, y personajes como Sigmund Freud escribieron sobre ella y alabaron sus virtudes (aunque Freud posteriormente se retractó de parte de sus afirmaciones sobre la droga al conocerla mejor con el largo uso). Se vendía hasta en preparados ya con aguja para inyectarse directamente.

Los efectos estimulantes de la cocaína hicieron que en principio fuera promocionada entre los trabajadores por parte de los patronos, ya que eliminaba el hambre y daba fuerza para continuar con las largas jornadas laborales, era más barata que el alcohol y llegó a reemplazar al café como estimulante de elección entre los trabajadores, normalmente de las clases socio-económicas más bajas. Cuando el uso se popularizó, empezaron las primeras legislaciones locales contra la cocaína, impulsadas por historias que tenían poco o nada de veraz pero que presentaban un panorama de vicio y descontrol impulsado por “negros” en el que el gran bien a proteger era la moral de las chicas blancas, que ante la cocaína se harían irremediablemente adictas entregándose a la prostitución para poder pagar su consumo. Las historias que impulsaron estas prohibiciones llegaron a hacer afirmar a un juez que “darle cocaína a un negro es peor que inyectar la rabia a un perro”.

La más importante medida regulatoria llegó como la Harrison Narcotics Act de 1914, que si bien muchos creen que es el inicio de la prohibición, en realidad lo único que hizo fue prohibir el uso de cocaína y otros estupefacientes como recurso terapéutico válido para tratar la adicción, ya que no reconocía la adicción como una enfermedad sino como un falta de fuerza moral. La mayor disminución de la cocaína disponible se logró con la Jones-Miller Act de 1922 que imponía serias restricciones a la producción de cocaína.

Las restricciones a ciertos precursores necesarios para procesar la hoja de coca hasta el clorhidrato de cocaína, forzaron a los productores a encontrar nuevas formas de uso del producto, dando lugar al crack, que no necesita dichos precursores ya que no tiene que llegar a ser la sal clorhídrica, y que sólo puede ser usado por vía pulmonar (fumado). El efecto del crack o de la base libre de cocaína en cualquiera de sus formas (basuco, paco) es mucho más intenso y placentero que el consumo de cocaína esnifada, resultando similar al de la cocaína inyectada, las dos formas más peligrosas de consumo de dicha droga.

En 1995 la OMS y el Instituto Interregional para la Investigación en Crimen y Justicia de la ONU, anunciaron en la prensa la publicación de los resultados del mayor estudio global sobre uso de cocaína jamás llevado a cabo. Sin embargo, la decisión del representante de USA en la Asamblea de la OMS evitó que se publicasen los resultado del estudio, ya que dejaban la puerta abierta a un uso de cocaína positivo. Eso chocaba con los paradigmas de la “guerra contra las drogas” al afirmar que “el consumo ocasional de cocaína no llevaba a graves problemas, ni siquiera a problemas físicos o sociales menores”. El representante de USA amenazó diciendo que “si la OMS y sus actividades relacionadas con las drogas no son capaces de reforzar los actuales enfoques contra las drogas, los fondos destinados a estos relevantes programas serán cortados”. El estudio completo, a día de hoy, sigue siendo inaccesible.

Forma, dosis y consejos de reducción de riesgos en su consumo: la cocaína se puede tomar por vía oral, esnifada, rectal, fumada e inyectada. Para poder fumarla, se tiene que convertir primero en base libre de cocaína porque, si está en forma de sal, se descompone con el calor en lugar de evaporarse para poder ser fumada. La forma de consumo más común es esnifándola, en rayas que normalmente oscilan entre un mínimo de 50 miligramos y los 200 miligramos, aunque hay adictos con tolerancia que pueden superar esa cantidad. Si bien la dosis letal de cocaína esnifada empieza por encima del gramo esnifado en una hora, dosis mucho menores ya serán incómodas y desagradables en sus efectos. El consumo inyectado requiere de cantidades unas 4 veces menores y su velocidad de acción como la potencia del efecto puede ser intensamente desagradable para la mayoría de personas.

El consumo de crack o de base libre (o paco o basuco) produce efectos de una intensidad muy superior al consumo esnifado, provocando que dicha forma de consumo resulte una de las más adictivas. Estos datos son referidos a cocaína pura, que fuera del mercado farmacéutico es casi imposible de ver, ya que no hay que olvidar que es un producto extraído de una materia vegetal en condiciones poco favorables, bidones de plástico en mitad de la jungla en la mayoría de los casos. El mercado negro provoca también que la pureza de la cocaína oscile brutalmente en las muestras, donde se puede encontrar “cocaína” cercana al 97% de pureza y también otras muestras con 80%, 50%, 20% y 0%, por lo que el usuario hará bien en usar servicios de reducción de riesgos de ONG como Ai Laket, que pueden analizar dichas muestras de cocaína antes de ser consumidas para dar una imagen clara de qué es lo que realmente hay en ese polvo (o roca) blanquecino. Si vas a esnifar cocaína, márcate una cantidad previa y procura no superarla, no uses billetes para esnifar -llevan bacterias de todas las manos y narices por las que han pasado- y no compartas el turulo de papel tampoco.

Si tomas cocaína, no consumas otros estimulantes como cafeína, anfetamina o MDMA, pues sus efectos se sumarán a la estimulación pudiendo aumentar los problemas derivados del consumo. El consumo concomitante de cocaína y alcohol genera un metabolito llamado cocaetileno, cuyos efectos son de mayor duración en el cuerpo, aumentando los riesgos de consumo. Si bien la cocaína no presenta un síndrome de abstinencia al estilo de los opiáceos, sí es una sustancia muy adictiva y el usuario hará bien marcándose claramente límites al respecto para evitar verse en una dinámica similar a la de los adictos a otras sustancias.

Efectos: los efectos de la cocaína dependen de la dosis, la pureza, la forma de administración y también la expectativa del consumidor. Esnifada, sus efectos se pueden sentir en unos minutos y tienen un pico de intensidad entre de entre 15 minutos y media hora. Fumada, sus efectos son mucho más intensos y se sienten en el acto, con un pico de duración de entre 3 y 5 minutos. Ambas formas de administración provocan un estado de cierta ansiedad que induce a volver a tomar, en repeticiones que si bien mantienen o aumentan los efectos estimulantes de la droga, no lo hacen en la misma proporción con los efectos euforizantes del compuesto. Los efectos generales serían el aumento del estado de alerta y vigilia, un aumento del tono anímico, de un suave a un intenso estado de euforia, mejora de las condiciones para el desarrollo atlético, disminuye la fatiga, aumenta la concentración y la energía, aumenta la irritabilidad y el insomnio. Aumenta la frecuencia cardíaca y la velocidad de respiración, dilata las pupilas, y rebaja el nivel umbral para sufrir ataques en personas predispuestas a ello. Con dosis mayores se observan patrones de comportamiento psicótico con confusión, comportamiento desordenado, irritabilidad, miedo, paranoia, alucinaciones y agresividad.

Riesgos: aunque la cocaína no causa una dependencia física, la dependencia psíquica al abandonar un consumo crónico puede llevar a una gran variedad de síntomas de abstinencia, bastante desagradables, que incluyen: deseo intenso de consumir más cocaína, hambre, irritabilidad, apatía, depresión, paranoia, ideación suicida, pérdida de impulso sexual, insomnio o sueño excesivo, mareos, temblores y sensación de frío. Aunque no resulta tan inhabilitante como el síndrome de abstinencia a opiáceos o a las benzodiacepinas, resulta realmente desagradable, y las personas pueden administrarse más cocaína para reducir estos efectos, llevándoles a un patrón de habituación, dependencia y adicción.

La cocaína puede matar por sobredosis cuando se consume por encima de 1'2 gramos aproximadamente en una hora, aunque en personas fisiológicamente predispuestas a sufrir complicaciones, la posibilidad de muerte se presenta con cantidades menores. La sobredosis de cocaína provoca agitación, hostilidad, alucinaciones, convulsiones, hipertermia, ataque cardio-cerebro vascular y posible muerte. Las personas con defectos cardíacos congénitos, hipertensos o con problemas de tiroides tienen mayores riesgos de sufrir problemas y fallo cardíaco con el uso recreativo de la cocaína.

Estatus legal en España: prohibida y sin usos terapéuticos actuales en España.

 

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