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Heroína

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Nombre(s): Heroína, caballo, jaco, polvo, bedo, H.

Principio(s) activo(s): Heroína (3,6-diacetilmorfina) en forma de base libre o de sal hidroclórica.

Clasificación: Analgésico narcótico opiáceo (semi-natural).

Presentación(es) común(es): polvo y/o rocas prensadas que puede ser de color marrón (el color más frecuente si es base libre) en distintas tonalidades que abarcarían hasta el naranja, polvo y/o rocas de color blanco si se trata de heroína HCl, polvo y/o rocas de color grisáceo, resina de tipo gomoso de color casi negro si se trata de “Black Tar”. La presentación más frecuente en España es la de la heroína base (fumable), normalmente en alguna tonalidad del marrón, y en algunas zonas la heroína blanca para inyectar o esnifar.   

Historia: el descubrimiento de la heroína se debe al químico e investigador inglés Charles Romley Alder Wright, que en el hospital St. Mary de Londres, experimentó con diversas preparaciones derivadas de la morfina. Al hervir la morfina en anhídrido acético obtuvo diacetil-morfina o heroína. Aunque probó su creación con animales, no le resultó de interés y pasó a estar 23 años olvidada. En ese momento Felix Hoffmann, un químico de la Bayer, recibió la orden de producir codeína a partir de la morfina, ya que aunque es menos potente resultaría un buen antitusígeno y menos adictivo que la morfina. El procedimiento que el jefe de Hoffmann le dio, rindió 3,6-diacetilmorfina, que pasó a llamarse heroína por su virtudes “heroicas”  y así se comercializó durante los siguientes años, vendiéndose por la casa Bayer como sustituto “no adictivo” de la morfina, incluso como jarabe contra la tos para niños. Hoffmann fue también el químico que, sin ser el primero en sintetizarla, estableció la producción comercial de aspirina o ácido acetilsalicílico, con la misma reacción química necesaria para producir heroína desde la morfina, la acetilación.

Una vez que se descubrieron sus propiedades adictivas -o que los responsables quisieron darse cuenta de que era tan adictiva o más que la propia morfina- se suspendió su comercialización, y el Comité de Salud de la Liga de Naciones (el germen de la ONU) prohibió su producción, dando lugar a los primeros drogas de diseño para esquivar la prohibición, impuesta en 1925 y que entró en vigor en 1928, produciendo otros derivados no prohibidos hasta el momento. En 1930 se implementó la primera legislación de análogos de los opiáceos en la que se desestimaban aquellos que no presentasen ventajas sobre los usos médicos posibles de los ya existentes y autorizados. 

La heroína es todavía usada en UK, bajo el nombre de “Diamorfina”, dentro del sistema nacional de salud inglés como un opiáceo más (aunque es en realidad opioide, por no ser natural, se la suele tratar de opiáceo por su origen semi-natural) de elección en determinadas ocasiones, incluyendo los cuidados paliativos en enfermos terminales, pero también el uso en otras dolencias no terminales, como traumas y roturas de huesos e incluso en neonatos (porque presenta mejor propiedades que la morfina para cuestiones de intubación y control de la respiración mecánicamente). 

En el resto de países, la heroína sólo es usada de forma experimental dentro de estudios o ensayos clínicos, en los que en varios países europeos se ha mostrado como un tratamiento eficaz y seguro para tratar a dependientes de opiáceos resistentes a otros tratamientos. En España, el estudio fue dirigido por medico e investigador Joan Carles March y llevado a cabo en Granada, con resultados muy positivos. Dicho estudio sigue administrando heroína de forma intravenosa a los participantes del mismo a día de hoy en España.

Forma, dosis y consejos de reducción de riesgos en su consumo: la heroína puede ser ingerida por vía oral (la ruta de administración menos eficaz), esnifada, fumada -si está en forma de base libre, por su menor punto de ebullición y descomposición con respecto a la forma de sal-, por vía rectal, inyectada de forma intramuscular o de forma intravenosa. La dosis mínima activa de heroína se ha calculado por debajo de los 5 miligramos de la sustancia pura, siendo esta la dosis mínima para una tentativa de esnifado (prueba) de heroína pura -todas las dosis dadas en su forma pura, que no es la vendida en la calle-  y no se recomienda pasar de los 40 miligramos (esnifados) si la persona no tiene una tolerancia desarrollada a los opiáceos. Las dosis para inyección son unas 4 veces más bajas que las expresadas anteriormente.

Cuando se fuma -normalmente sobre papel de plata en lo que se llama “chino”-  el propio efecto de la sustancia, que se percibe en el momento, permite calibrar mejor la dosis a tomar y estimar mejor la pureza o potencia de una determinada “heroína” vendida en el mercado negro. Si bien la heroína en base libre o heroína marrón puede alcanzar una pureza superior al 50%, tampoco son infrecuentes purezas mucho más bajas o que no exista heroína en lo que se nos ha vendido.

La heroína blanca o clorhidrato de heroína, suele tener purezas mucho más altas, no siendo infrecuente que pueda superar el 80% de pureza pero siendo igualmente objeto de adulteración y de falsificación (normalmente con “china white”: fentanilo o derivados del mismo) por lo que no podemos conocer la pureza de una muestra de heroína sin un análisis químico que cuantifique y nos dé el resto de compuestos presentes. La heroína es un potente analgésico narcótico, por lo que su mezcla con alcohol es muy mal tolerada y no se recomiendo nunca que se consuman otros depresores del SNC cuando se va a consumir heroína. La heroína es una sustancia fuertemente adictiva para algunas personas, y en especial en ciertos momentos de estrés vital, por lo que el curioso hará bien absteniéndose de establecer mucho contacto con esta sustancia si no quiere inmiscuirse en los vericuetos de una adicción.

La sobredosis de heroína, en contra de lo que se piensa popularmente, no mata instantáneamente sino que va induciendo un sopor cada vez más difícil de resistir, hasta que uno cae dormido o inconsciente, situación que va progresando con una depresión respiratoria hacia la muerte. Siempre que tengamos la sospecha de que una persona que no está consciente ha tomado opiáceos (heroína u otros) lo mejor que podemos hacer es referirlo al sistema de urgencias 112 inmediatamente para que puedan prestar a la persona ayuda mediante la naloxona, el antídoto de los opiáceos, que administrado a tiempo es la diferencia entre la vida y la muerte para una persona en sobredosis (desde un usuario de la calle a un familiar con medicación de este tipo) de un opiáceo u opioide. El uso de heroína en dosis “suficientes” suele tener efectos sobre la libido, haciendo difícil la erección en el varón así como la posibilidad de tener orgasmos. La heroína es un poderoso compuesto que paraliza la motilidad intestinal (como la morfina y otros opioides), produciendo estreñimiento que en personas poco acostumbradas -o que no tomen un laxante que equilibre ese efecto- que puede llegar a producir fecalitos o heces como piedras de duras.

Por supuesto, si el uso que hacemos de esta u otra sustancia implica jeringuillas, nunca debemos compartir ni aceptar jeringuillas que hayan sido previamente usadas, ya que este es un vector de transmisión de incontables enfermedades, entre ellas el VIH-SIDA o la hepatitis. La mayoría de organizaciones de reducción de riesgos en el uso de drogas apuestan por un cambio en la ruta de administración siempre que sea posible, pasando de la inyección a consumir la sustancia fumada por los menores riesgos que esta forma conlleva.

Efectos: los efectos de la heroína varían mucho dependiendo de la ruta de administración (por la intensidad del efecto y la rapidez del mismo), la calidad del material, la dosis y la persona. Los efectos positivos incluyen sentimientos de euforia, despreocupación, amortiguación o anulación del sufrimiento de causa psíquica, analgesia frente al dolor, relajación, sedación. Como otros opiáceos y opioides aumenta la nausea y el vómito, normalmente mayor si la persona afectada intenta moverse, especialmente cuando tiene sensación de mareo.

Por lo demás, los efectos de la heroína no distan tanto de los de otros compuestos similares, como la morfina o incluso la codeína en dosis suficientes, aunque si bien es preferida a la morfina ya que no resulta tan depresora, lo que permite disfrutar a la persona de dosis que no le provoquen un sueño intenso. La parte onírica (relativa a los sueños) de nuestra psique se ve aflorar con esta sustancia, en los “cabeceos” que sus usuarios pegan -en los que se quedan dormidos por breves instantes- en donde en muchas ocasiones se entremezclan percepciones sensoriales con material de génesis onírica.

La duración de los efectos de la heroína depende también de la dosis, la pureza y la ruta de administración, pero se puede entender que para un consumidor habitual no duran más allá de las 4-6 horas. 

Riesgos: la heroína puede causar la muerte por fallo respiratorio. Los usuarios frecuentes desarrollan tolerancia, permitiéndoles tomar cantidades mayores de la sustancia, pero cuando tras una temporada de menor uso o de discontinuación se vuelve a consumir, se debe tener en cuenta que la dosis que anteriormente era segura para nosotros, se ha vuelto mucho más grande y potente porque nuestra tolerancia ha disminuido. Ese factor junto con la variabilidad de la pureza en el mercado negro o la adulteración con opioides como el fentanilo de muy alta potencia, son responsables de la mayoría de las sobredosis no intencionales. El uso de heroína u otros opioides durante el embarazo puede provocar dependencia en el feto, que entrará en síndrome de abstinencia tras el parto. Uno de los aspectos más problemáticos de la heroína es su capacidad físicamente adictiva que junto con los efectos euforizantes puede llevar a algunas personas a convertirse en adictos y a tener problemas controlando el uso de esta droga. Una vez que se es físicamente dependiente, la abstinencia a la droga provoca un cuadro conocido vulgarmente como “el mono” que es fuertemente desagradable, incluyendo intenso malestar físico, dolores articulares, vómitos, diarrea y otros males, pero que no resulta una amenaza para la vida del abstinente, como sí sucede en el caso del alcohol o las benzodiacepinas, cuya abstinencia en un adicto puede ser mortal.

Estatus legal en España: Aceptada experimentalmente mediante regulación y prescripción para estudios clínicos, ilegal en los demás casos.

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