El uso de los psiquedélicos, como explicamos en el anterior artículo, tiene un gran historial como terapia, sobre todo fuera de lo que ahora llamamos occidente.

La terapia con psiquedélicos (II): metodología y terapia actual

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En este artículo se hace referencia a prácticas terapéuticas llevadas a cabo por profesionales sanitarios bajo criterios controlados, no se recomienda intentar este tipo de tratamientos sin la debida supervisión médica.

El uso de los psiquedélicos, como explicamos en el anterior artículo, tiene un gran historial como terapia, sobre todo fuera de lo que ahora llamamos occidente. Sin embargo en esta sociedad global hemos sido capaces de recuperar y poner en común información que parecía oscurecida por, como se hace manifiesto en la historia, intereses, dogmas y miedos de muchos tipos. En la actualidad informatizada, el individuo con problemas busca respuestas a sus preguntas vitales y el ágora que es la internet es capaz de proporcionar un espacio acogedor para los saberes tanto de rango académico como de experiencia individual.

En estas condiciones se trasciende la culturalidad del uso del psiquedelico, llegando a experimentarse acontecimientos tan extraordinarios como es la presencia de chamanes indígenas de ciertos pueblos no tecnologizados en la discusión global sobre el uso de ciertos enteógenos. Así podíamos verlo en la World Ayahuasca Conference el año pasado en Ibiza.

Estas tradiciones efectivamente ayudan a señalar sustancias y modos de acercarse a ellas que pueden dar soluciones a problemas que se hacen persistentes en la condición humana. Así, psicólogos, psiquiatras y médicos han integrado los psiquedélicos en la metodología actual de terapia. Estas son las vertientes que han tomado para hacerlo:

Metodología de terapia psicolítica:

Es la abarcada desde un recorrido de psicoterapia anterior y posterior a la experiencia psiquedélica. Consiste en usar dosis moderadas de la sustancia para conseguir los beneficios psicológicos que estas pueden proporcionar al paciente, entre los que se encuentran la apertura emocional y la mayor capacidad de recordar y concentrarse. Este tipo de terapia se hace con el terapeuta presente, acompañando y a veces guiando la experiencia, comúnmente con un enfoque de psicoanálisis.

Se intenta que el paciente se exprese verbalmente lo máximo posible para sacar conclusiones sobre los problemas que se le presentan y cómo los abarca, o los recuerdos que se manifiestan, de ahí el uso de dosis moderadas que mantengan la capacidad de interacción con el sujeto medianamente consciente. Este tipo de terapia recuerda a la hipnótica pero tiene la ventaja de que el sujeto es al mismo tiempo consciente del estado de trance inducido y de las manifestaciones del mismo.

La terapia no acaba después de la experiencia, sino con una resolución a través de la psicoterapia de lo encontrado en ella.

Metodología de la terapia psicodélica:

La terapia psiquedélica es aquella en la que se produce una fuerte experiencia, propia de las dosis más altas, usadas tradicionalmente en prácticas como los trances chamánicos. Este tipo de terapia ha sido sobre todo abarcada por la psicología transpersonal, siguiendo los pasos del Doctor Grof y su esposa Christina.

El principal objetivo es conseguir una percepción aumentada del mundo y los acontecimientos que rodean al paciente, hacerlo encontrarse a sí mismo con sus circunstancias y la tolalidad del ser. Este tipo de experiencias, muchas veces clasificadas como muerte del ego, pueden crear en el sujeto una sensación de unidad, de sincronía con la naturaleza y el flujo de su vida, y en muchos casos de resolución emocional, alcanzando estados tranquilos o como en muchas culturas llamamos “de paz espiritual”.

El terapeuta está presente, pero no interviene a menos que lo considere extrictamente necesario. Para ayudar a inducir experiencias plenas y de mayor significado habitualmente son introducidos tonos musicales y otro tipo de herramientas que exacerben la creatividad y la percepción del sujeto.

Lo más común es que exista una intervención psicoterapeutica previa y posteriormente a la experiencia, aunque en nuestros tiempos comienzan a florecer como “terapias alternativas” las sesiones “express” de sustancias como ayahuasca o peyote, que quizás no tengan el seguimiento suficiente y en las que realmente no se da al paciente las herramientas necesarias para “integrar la experiencia” o usar lo vivido y lo aprendido en la sesión para desarrollarnos en nuestra realidad cotidiana y nuestra personalidad.

La teoría del microdosing.

El microdosing es una forma de uso que no es nueva en la historia de los enteógenos (o psiquedélicos naturales usados tradicionalmente por el hombre) pero que carece de seguimiento en la medicina actual. Comienzan a aparecer testimonios del uso de pequeñas dosis de ciertos psiquedélicos sólo para causar un pequeño cambio perceptivo, pero sin evocar imágenes o fuertes alucinaciones, efectos que podrían recordar a los de ciertos antidepresivos. (No olvidemos que los iMAO, componentes clave de la ayahuasca, han sido usados para estos fines en la psiquiatría durante años)

El efecto es buscado para realizar actividades cotidianas, no para desarrollar un “viaje” o un trance introspectivo, sino para abarcar nuestro día a día con un ánimo distinto.

Los que han usado estos métodos reportan mejoras anímicas, motivacionales y sobre todo creativas, siempre dependiendo de la sustancia consumida. Parece ser que la práctica más extendida es la de consumir unos 10-15 ug de LSD (un décimo de la dosis media habitual), en ciertas zonas de EEUU. Los testimonios narran todo tipo de propiedades tonificantes y a veces dan la impresión de que quien las cuenta cree que habla de una panacea.

-Básicamente parece como esa chispa de la felicidad que te vende c*ca-cola, pero en formato new-age y con drogas más “serias” que la cafeína. (O eso es lo que he podido interpretar yo.)-

Esta metodología requiere más seguimiento científico para poder ser una opción terapéutica viable.

Las anteriores metodologías, sin embargo, han sido aplicadas en estudios rigurosos con varias sustancias y resultados positivos, estos son algunos de los principales psiquedélicos evaluados positivamente para la terapia.

Psilocibina

La psilocibina o 4-PO-DMT, fue una de los primeras triptaminas investigadas como posible terapia. Comenzarían en los años 50 una serie de estudios sobre la utilidad de la administración de psilocibina a los pacientes de cáncer en fase terminal, que han sido retomados en nuestros días tras abandonarse en los 70.

Lo que se busca en este tipo de terapia no es una curación, sino un paliativo de la sintomatología general de ansiedad, estrés, la percepción del dolor y el estado de “crisis existencial” que se experimenta en tan duras situaciones.

La terapia actual va más allá de lo que anteriormente se usaba para intentar superar la depresión, ahora hay un abordaje con una metodología propiamente psiquedélica en la que la pérdida de la condición del espacio y el tiempo se hacen clave. El paciente se encuentra en un estado fuera de su cotidianidad dónde puede pensar tan sólo en el instante y además profundamente, con un gran recorrido gracias al pensamiento acelerado que provoca la sustancia. Este tipo de estados puede ayudar a muchas personas a encontrar resolución y felicidad antes de su partida.

LSD

Una de las sustancias sobre la que más estudios se han hecho, desde si puede ayudar a las cefaleas en racimo junto con la anteriormente citada psilocibina, a otros menos rigurosos con aspiraciones más varias como los que se harían en el ámbito militar.

En la actualidad se usa de un modo muy parecido al anteriormente descrito con la psilocibina, para superar la ansiedad de enfermedades terminales y otras que enfrentan al sujeto con la realidad de la muerte, uno de tantos conceptos que somos capaces de abarcar muy en profundidad con los psiquedélicos.

Los numerosos estudios, hechos con muy diversas metodologías, indican un efecto positivo en el tratamiento de depresiones (excepto de carácter endógeno), neurosis, desórdenes compulsivos, ansiedad y fobias entre otras patologías.

MDMA

La mundialmente conocida MDMA no sólo tiene cabida en las fiestas, su efecto entactógeno posibilita grandes terapias de carácter psicolítico, haciendo que el paciente sea capaz de abrirse al terapeuta y crear lazos de confianza en él. Así mismo ayuda a abarcar distintos problemas del sujeto desde un estado emocional marcadamente positivo, que rara vez puede conseguirse tratando según qué temas.

Desde hace unos años se han realizado diversos estudios sobre su efecto en el tratamiento del Síndrome de Estrés Postraumático, que dan resultados bastante prometedores como el del estudio de MAPS, que consiguió la mejoría de 17 de 19 sujetos adheridos al programa, que lograron mantener datos positivos tras el periodo de seguimiento de hasta un año y medio. Estos estudios se han repetido por distintas universidades con resultados igual de prometedores.

Así mismo, actualmente se están llevando a cabo estudios sobre la eficacia que puede tener el uso de la MDMA en la ansiedad social de pacientes adultos con autismo.

Es fácil tender al optimismo con este tipo de estudios por la gran cantidad de testimonios positivos que remiten en internet y en el ambiente drogófilo general las personas con este tipo de trastornos que se han acercado a la sustancia y han iniciado una automedicación en muchos casos reivindicada. Sin embargo la MDMA es una sustancia fácilmente adulterable y con serios riesgos para la salud si no es consumida de forma controlada y por lo tanto se hace mucho más eficaz el abordaje clínico que el que comúnmente se toma, enfocado casi directamente al ambiente festivo.

Estas son sólo unas pocas sustancias usadas en la terapia con psiquedélicos, muchas más están siendo investigadas y muchas más podrían serlo si no existiese la absurda condición de una prohibición basada en la “inutilidad médica” sólo supuesta y a priori de haber permitido llevar a cabo las investigaciones que estas sustancias merecen.