Cuarta y última entrega de la serie de artículos dedicados al Cannabis y Salud Mental...

Cannabis y esquizofrenia

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La esquizofrenia es un trastorno mental grave que deteriora las capacidades psicológicas del paciente, como el pensamiento, la percepción, las emociones o la voluntad y se caracteriza por delirios y alucinaciones.

Es un trastorno mental muy grave, crónico, que suele aparecer al final de la adolescencia o al principio de la juventud.

La relación entre el uso de cannabis y el desarrollo de esquizofrenia ha despertado gran interés en círculos científicos en los últimos años y prueba de ello son los más de 1.000 artículos publicados en revistas médicas con respecto al tema desde 1965 hasta el 2015. Existen bastantes pruebas de que el uso de cannabis puede desencadenar una esquizofrenia en personas genéticamente predispuestas o con antecedentes familiares de esta enfermedad.

En el modelo con el que entendemos los trastornos mentales en las sociedades occidentales, la esquizofrenia se considera el resultado de la acción de factores estresantes sobre una personalidad vulnerable. Algunas personas reaccionan frente a las circunstancias estresantes de la vida (muerte de un ser querido, ruptura sentimental, excesiva presión laboral…) con síntomas de depresión o angustia. En otras, sin embargo, pueden aparecer síntomas psicóticos (de pérdida de contacto con la realidad) que a veces son leves y reversibles, y en otros casos producen enfermedades crónicas como la esquizofrenia.

Se ha observado que las personas con tendencia a las reacciones psicóticas son más frecuentes en determinadas familias. Es muy probable que exista un componente genético o hereditario, que incremente el riesgo en determinados grupos familiares. Eso no quiere decir que el problema se transmita siempre y obligatoriamente de padres a hijos, sino que en los hijos de padres con trastornos psicóticos este riesgo es mayor.

El uso de sustancias psicodélicas (y el cannabis es una de ellas) está descrito como factor estresante para el desarrollo de esquizofrenia. Esto no quiere decir que lo vaya a producir de forma necesaria en todas las personas, ni en todas las circunstancias. Se sabe con seguridad que haber sufrido un trastorno psicótico en primera persona incrementa el riesgo de forma significativa, incluso en consumos ocasionales. El riesgo en personas con antecedentes familiares de trastornos psicóticos también es probablemente algo más elevado, aunque aquí no existen suficientes datos para dar un consejo seguro. La variedad de cannabis utilizada también parece ser un factor importante. Con el conocimiento actual, se cree que algunos cannabinoides de la planta, como el THC, son más proclives a desencadenar problemas de salud mental mientras que otros, como el CBD, lo atenúan. Los efectos antipsicóticos del CBD son uno de los campos de estudio más relevantes sobre esta enfermedad en los últimos años.

También se sabe con certeza que aquellas personas que han sufrido una psicosis aguda por cannabis son más susceptibles a desarrollar problemas a largo plazo si continúan utilizándolo. Existen estudios científicos en los que se ha seguido durante años a personas que sufrieron un episodio de psicosis tóxica aguda por cannabis. En aquellos que abandonaron el consumo no se detectaron más esquizofrenias que en la población general, pero en los que persistieron en su uso a pesar de un “primer susto” las tasas de esquizofrenia se disparan. Los resultados sugieren que una pequeña parte de la población es muy susceptible a este tipo de efectos y, en ellos, el cannabis podría ser el desencadenante de una psicosis.

Pero otra cuestión distinta es considerar si el uso de cannabis puede o no causar una esquizofrenia en personas sanas. En una entrega anterior destacamos cómo esta idea no ha sido considerada importante a lo largo de la Historia hasta las primeras leyes que prohibían el cannabis. Existen muchos argumentos para considerar que el papel del cannabis en el desarrollo de esquizofrenias en población general es nulo, o muy poco relevante. Las frecuencias de consumo de cannabis en los países occidentales se han multiplicado en las tres últimas décadas mientras que la incidencia de casos de esquizofrenia ha permanecido estable. Las tasas de esquizofrenia en distintos países son similares, a pesar de que los patrones de consumo de cannabis son muy variables: tanto en poblaciones esquimales como en Marruecos o Jamaica oscilan entre el 0.8-0.9% de los habitantes. Si el uso de cannabis fuera un factor importante, sería lógico esperar resultados distintos.

Los estudios científicos sobre el tema son muy complejos y a veces contradictorios. Existen decenas de ellos y las conclusiones son diferentes dependiendo de la metodología utilizada. En Medicina se considera que un tipo de estudios llamados “revisiones sistemáticas” son los de mayor calidad: hay al menos 6 sobre esta cuestión, todos con conclusiones diferentes. Una revisión crítica de estos estudios (1) concluye que el conocimiento actual sobre el tema no permite extraer conclusiones definitivas pero que la importancia del efecto, si existe, es muy escasa.

En definitiva, todos los datos disponibles sugieren que en una minoría de personas con predisposición genética o familiar el cannabis puede ser un factor de riesgo para el desarrollo de esquizofrenia. En la población general este efecto es mucho más dudoso. Así, “el extraño caso del chico que se fumó un porro y se volvió loco” es posible, pero infrecuente.

(1) Minozzi, S., Davoli, M., Bargagli, A. M., Amato, L., Vecchi, S., &Perucci, C. A. (2010). An overview of systematic reviews on cannabis and psychosis: discussing apparently conflicting results. Drug and alcohol review, 3, 304–317.