Con cierta frecuencia los medios de comunicación y redes sociales específicas de la cultura cannábica prestan interés a cualquier titular irrelevante, intrascendente o simplemente falso que incluya la palabra “cannabis” o “marihuana”.

El cannabis y la manipulación genética: entre la ficción y la realidad (1)

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Con cierta frecuencia los medios de comunicación y redes sociales específicas de la cultura cannábica prestan interés a cualquier titular irrelevante, intrascendente o simplemente falso que incluya la palabra “cannabis” o “marihuana”.

Hace pocas semanas hablamos de los lubricantes de marihuana que producen orgasmos de 15 minutos, pero la lista es interminable.

Una encuesta americana a médicos sobre su uso de cannabis fue popular hace unas semanas y fue compartida, comentada y retuiteada hasta la saciedad. Los datos decían que el 15-31% de los médicos referían haber probado el cannabis alguna vez en su vida y el estudio clasificaba las cifras según especialidades. Pero, de forma deliberada o no, la prensa confundió entre consumo experimental y habitual y la eliminación el dato comparativo que figura en el informe (el 38% de los norteamericanos han probado el cannabis) sirvió para transmitir la falsa idea de que los médicos americanos son todos unos porreros.

Otro ejemplo significativo lo encontramos en un estudio publicado a finales de 2014 en la revista Psychology Addictive Behaviors. La investigación correlacionaba el uso de marihuana con un menor índice de violencia doméstica en parejas recién casadas durante los primeros 9 años del matrimonio y dio lugar a titulares como “Las parejas casadas que fuman cannabis juntas tienen menos episodios de violencia doméstica” o “Matrimonios que fuman marihuana sufren menos violencia doméstica” . El diseño del estudio, en el que se correlacionan datos sin poder demostrar relación de causalidad, es el mismo que se emplea para afirmar que “el cannabis produce esquizofrenia” o “la marihuana provoca fracaso escolar”. Pero ninguna de las limitaciones que los propios investigadores hacen en el estudio se tuvo en cuenta a la hora del abordaje mediático del estudio. Bajo mi punto de vista el hecho noticiable por lo excepcional del caso es que una investigación financiada por el NIDA (organismo antidroga norteamericano) encuentre algo positivo en un estudio sobre cannabis y se publique. Si los investigadores han vuelto a obtener financiación posterior, el asunto merecería portada y titular a cinco columnas.

La marihuana genéticamente manipulada es otra de las leyendas urbanas que aparece con alguna frecuencia en ciertos medios cannábicos. La primera noticia sobre cannabis manipulado genéticamente por parte de la multinacional Monsanto apareció en la web de World News Daily Report en el año 2013 (1). La misma web incluye noticias como “Mujer acusada de zoófila tras la muerte de un caballo por sobredosis de Viagra”, “La FDA aprueba unos nuevos dardos tranquilizantes para usar en niños” o “Un estudio demuestra que Adolf Hitler era mujer”. Pero pocas de las más de 200.000 personas que compartieron y siguen difundiendo la noticia en Facebook, blogs y redes sociales se han percatado de que la fiabilidad de la noticia era la misma que la de “El Mundo Today” o “El Jueves”. Desde entonces y periódicamente, la noticia se replica como la gripe estacional en brotes con oleadas de indignados activistas clamando en contra de la intromisión de las multinacionales en la planta sagrada.

La marihuana genéticamente manipulada no existe. Punto y final. Las técnicas de ingeniería genética implican tomar genes de una especie e insertarlas en otra, o bien modificar información genética de un organismo para obtener una especie con algunas características determinadas (hacerla más resistente a las plagas, que produzca frutos con determinadas características o que produzca cosechas con mayor frecuencia). El primer vegetal genéticamente manipulado fue una variedad de tabaco patentado en 1983 que incluía un gen modificado para hacerlo resistente a determinadas plantas. Desde entonces los avances se han multiplicado y ya existen gatos hipoalergénicos, plantas de arroz, maíz y tomate con características específicas. Las técnicas de manipulación genética son ya una realidad y abren inquietantes debates de tipo ético. El debate suele estar polarizado entre los partidarios que defienden su inocuidad y los detractores que rechazan la manipulación genética por principios, al ser antinatural.

Como suele suceder en la vida real, el asunto es más complejo que un “” o un “no”. ¿Está demostrada la seguridad de los transgénicos, o más bien no se han producido problemas hasta el momento? ¿Deberíamos abstenernos de usar vegetales transgénicos cuando una parte de la población no tiene una dieta suficientemente rica y variada? ¿Sería ético lanzar al medio ambiente mosquitos que no transmitan la malaria o estamos haciendo un experimento a escala masiva? Son algunos de los ejemplos de un debate interesante que se incrementará en los próximos años.

El código genético define por un lado a las especies (hace que un ratón y el trigo sean distintos) y por otro hace que cada ser que ha poblado la Tierra sea único e irrepetible. Todo el material sobre nuestras características físicas, la propensión a padecer ciertas enfermedades e incluso algunos factores de la personalidad se encuentran escritas en todas y cada una de los billones de células que componen nuestro organismo. En el ADN humano hay tres mil millones de nucleótidos ordenados en 23 pares de cromosomas, cuya secuencia constituye el libro de instrucciones que define desde el color de nuestros ojos hasta la velocidad con la que nos crecen las uñas de los pies.

Desentrañar el funcionamiento de esta maquinaria, posiblemente la más compleja de todas las que conocemos, es una tarea titánica que se ha facilitado con los avances de la tecnología y la informática. En 1995 se describió por primera vez la secuencia genética de una bacteria y tan sólo 8 años más tarde se presentó el primer mapa genético humano completo. Con respecto a la marihuana, su código genético fue secuenciado por la empresa Medical Genomics a finales de 2011 y los datos son públicos y accesibles con cualquier navegador.

En la segunda entrega de la serie ofreceremos argumentos adicionales para refutar la existencia del cannabis genéticamente manipulado. Ofreceremos además noticias relevantes que tienen que ver con cannabis y modificación genética que se han producido durante el último año, pero que han pasado desapercibidas para la mayoría de los medios.

 

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