El aumento de los cultivos ilegales de amapola en México ha ido aumentado exponencialmente en los últimos 5 años.

Amapola mexicana: el plan B del narco

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El aumento de los cultivos ilegales de amapola en México ha ido aumentado exponencialmente en los últimos 5 años.

Según datos de la DEA, la agencia norteamericana antidroga, la producción de adormidera para la obtención de opio y heroína (además de otras sustancias), se ha disparado exponencialmente en este plazo.

Un reciente informe de la Oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito, presentado junto al Gobierno mexicano, sitúa al país entre los tres primeros productores de amapola del mundo, siguiendo de cerca a Afganistán y la república de Myanmar. El informe no incluye datos precisos sobre la producción, pero se estima que la producción habría pasado de 26 a 42 toneladas en un solo año, de 2013 a 2014, y en este último año, el gobierno mexicano ha incautado un 400% más de goma de opio.

GUERRERO, EL EPICENTRO

El estudio afirma, mediante el análisis de imágenes tomadas por satélite, que la superficie cultivada con papaver somniferum se aproxima a las 28.000 hectáreas (el equivalente a casi 26.000 campos de fútbol), y que dichos cultivos se concentran especialmente en el estado de Guerrero, tristemente famoso por ser uno de los más castigados por la violencia del narco. No podemos ni debemos olvidar que Iguala, en el estado de Guerrero, fue el escenario de la desaparición forzada de los 43 estudiantes normalistas en 2014.

Este aumento de la producción de amapola coincide con varios factores que pueden ayudarnos a comprender un poco mejor esta complicada situación.
El primer factor, es el aumento, hasta niveles casi epidémicos, del consumo de heroína en los Estados Unidos, principal cliente de los cárteles del narcotráfico (la propia DEA estima que entre un 40% y un 50% de la heroína que entra en los EEUU procede de México).
Pero otras variables también entran en juego en esta ecuación. Por ejemplo, el ligero descenso del consumo de cocaína y también la legalización del cannabis en más de 20 estados del país vecino. Estos factores podrían ser el motivo de este repunte de la producción de heroína en México, y al mismo tiempo parecen demostrar que una de las formas más eficaces de luchar contra el tráfico ilícito de drogas es la descriminalización, regulación y legalización del consumo de las mismas.
Pero también nos tienen que hacer reflexionar sobre las consecuencias indirectas que esto conlleva… o los gobiernos revisan la clasificación de todas las sustancias prohibidas, o seguirán poniendo pequeños parches para remediar un problema que es muy grande.

BUSINESS IS BUSINESS

El narco es básicamente un empresario. No busca la fama ni el reconocimiento, se hace con el poder a la fuerza y sólo se mueve por dinero. Lo hace siguiendo las reglas de la oferta y la demanda. Si existe demanda de algo, él se encargará del suministro. Si una de sus mercancías ya no le resulta rentable, buscará otra que sí que lo sea. Y en este caso la heroína es su plan B, o mejor dicho, unos de sus planes B.
El narco es consciente de que el mercado de la marihuana en los Estados Unidos ya no le resulta beneficioso, no puede competir con los estándares de calidad que se han impuesto en la vertiginosa carrera mercantil cannábica norteamericana. Según los propios agricultores de la zona, el precio de la marihuana (de muy baja calidad) que se cultivaba en el estado de Guerrero ha descendido hasta los 250 pesos por kilogramo (unos 17 dólares), mientras que la pasta de opio se cotiza a 13.000 pesos el kilogramo (cerca de 900 dólares).

Así que el narco decide cambiar el producto, pero sigue guiándose por las mismas reglas: violencia, abuso, intimidación y más violencia. Las cifras de muertos y desaparecidos lo confirman.

Además, a estas alturas del juego, el narco sabe muy bien que no puede limitarse a exportar heroína al uso. Debe actualizarse o dejar el juego. Y como pudimos leer recientemente en este gran artículo de J.M. Ahrens publicado por El País, otro elemento ha entrado en la ecuación: el temible fentanilo. El aderezo potenciador indispensable para que la heroína del narco mexicano siga teniendo demanda y éxito entre sus vecinos norteños. El narco lo tiene tan claro, que ha iniciado la producción propia de este opiáceo, y es que como nos cuenta el autor del artículo, no puedes obviar que tus beneficios se multipliquen por 20 al adulterar la heroína con fentanilo…

SOLUCIONES DESESPERADAS

La solución al problema no es sencilla, ni evidente. Pero hay algunas iniciativas que podrían abrir nuevas vías para encontrar esa solución. El gobernador de Guerrero, Héctor Astudillo, sugirió el pasado mes de Marzo que legalizar el cultivo de amapola para su uso con fines medicinales podría ser el principio de una posible solución a la situación.
Su propuesta podría liberar parcialmente la presión a la que están sometidos los agricultores más pobres del estado de Guerrero, que cultivan la adormidera bajo el yugo de terror del cartel y como único medio de subsistencia ante el olvido del gobierno.

Suena algo atrevido pensar que, por iniciar esa regulación gubernamental con fines médicos, el narco va a dejar de explotar ese filón que ha encontrado en la heroína. Pero si la vía terapéutica ha servido como ariete de la regulación en otras situaciones (y en otros países), quizá la iniciativa no sea tan descabellada.
La propuesta, según afirmó Astudillo más adelante, fue más bien una reflexión en voz alta, pero sea como sea, ha removido el debate público en México, y se ha añadido a otro debate abierto, el de una posible regulación del cannabis en el país.

De momento, la iniciativa de Héctor Astudillo ya cuenta con la negativa de Antonio Mazzitelli, representante de la oficina de Naciones Unidas contra la Droga y el Delito en México, que considera que el planteamiento del gobernador de Guerrero “no tiene ninguna viabilidad”.
Ni la tendrá, mientras los gobiernos no se decidan y afronten el problema de una vez por todas, regulando, legalizando y revisando en profundidad sus actuales políticas de drogas, que se han demostrado, muerte tras muerte, totalmente ineficaces y contraproducentes.