Fue un llamamiento desesperado, orquestado desde el gobierno de los países que se veían más afectados, a cambiar la política de drogas mundial.

UNGASSto inútil: a la insumisión como nación

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Fue un llamamiento desesperado, orquestado desde el gobierno de los países que se veían más afectados, a cambiar la política de drogas mundial.

¿Desesperado? Si no era desesperado, al menos era de urgencia, porque UNGASS 2016 iba a ser UNGASS 2018, que era cuando por norma le tocaba ser convocada. ¿Todo para qué?

Hay quien resuelve preguntas trascendentes mientras sueña y a mí me ocurre con la música. ¿Cómo resumir qué propone la Asamblea General de las Naciones Unidas en el año 2016 para la política de drogas? Pues ahí están, sonando dentro de mi cabeza “Los Punsetes” que nos explican -de forma simple y gráfica, con un conejo blanco vomitando sobre la policía por ejemplo- lo que la puta ONU propone:

Dos policías en la vía Carpetana,
dos en la Plaza de Santa Ana,
dos policías en la Calle Mayor,
dos más en Atocha y en Barceló.

Dos policías cerca de tu casa,
dos policías en un coche que pasa,
dos policías en el patio interior,
dos más hurgando en tu buzón.

Dos policías en el salón,
dos policías en tu habitación,
dos policías bajo la cama,
dos en la funda de la almohada.

Dos policías en el ambiente,
dos policías dentro de tu mente,
dos policías en tu respiración,
dos para partirte el corazón.

Un par de policías nos separan,
ya nos han arruinado el fin de semana...
Creo que ahora son cientos...
¡Qué ceniciento es el panorama!

¿Suena mal? La música ya sé que mola, pero el contenido acojona: más policía, más control, más vigilancia, más abusos, más mirarte como un puto yonki con esa yerba de hippie guarro sólo por no zurrarte hígado y cerebro con alcohol como hacen ellos. Más policía, esa es la única respuesta que dan. Han maquillado las formas, pero no el fondo, y son tan tan miserables que no han tenido el valor ni de condenar la pena de muerte, aplicada en asuntos de drogas.

El otro día me decía un amigo “oye, que lo de la UNGASS 2016... no acabó tan mal como tú dices, porque han “permitido” que se exploren ciertas opciones para el cannabis”. Error. No han permitido NADA, simplemente se han sumado a una ola que no da ya opción a que una ley le diga que tiene que diluirse en la mar: la explosiva re-legalización (privatización) del cannabis. No es que la ONU vía UNGASS haya decidido dar permiso para explorar las vías regulatorias con las drogas, no; la ONU empieza a dejar colar entre su malla al cannabis -a la fuerza ahorcan- pero endureciéndola para todo lo demás como para el cannabis que no provenga de las manos del estado. ¿Recordáis cuando visteis la colonización de África por parte de Europa en el colegio? Se repartieron una tarta, a cuchillo y tajos rectos, que se llamaba África. Pues la situación es, salvando las distancias, algo parecido: ellos observando la tarta y metiendo el cuchillo -con líneas rectas, como las fronteras artificialmente establecidas- para hacer sus normas, leyes, convenciones y guías voluntarias de “buen comportamiento” (sumisión, como buen esclavo, para que “el amo” tenga claro que sigues obedeciéndole). La intervención de la ONU, y quienes bajo esa capa medran, sobre la regulación del cannabis traería consecuencias peores que las que se buscasen -en teoría- evitar, como ocurrió con “el pastel africano” tras la serie de forzosas descolonizaciones en el siglo XX.

Aunque no sólo el fondo que no entusiasma, sino también la forma, da miedo en el papelucho que ha sacado la UNGASS 2016 como conclusiones finales. Conserva la estructura clásica de un credo: la expresión pública y común de una misma fe.

De hecho, el documento tal y como yo lo conseguí, tenía el estatus de “Distribución Limitada” (es decir, para asistentes y ponentes a la propia UNGASS 2016, que precisamente ya habían escuchado lo mismo) y actualmente, quiero suponer que es ya público y accesible a todos y que no hay que andar pidiéndolo, como favor, a alguno de los asistentes o ponentes en la puta cumbre inútil.

A la vista salta esa construcción, encabezando cada párrafo con un “Nosotros creemos, nosotros reafirmamos...” e iniciando los bloques con una expresión de fe bien clara: “seguimos creyendo que los actuales tratados sobre drogas -firmados a nivel mundial- son la piedra angular el edificio de la lucha contra los problemas de las drogas” (los que ellos crean, claro).
Así, para empezar.

Aseguran, nuestros representantes mundiales -ya que los nacionales no cambian prácticamente con cada gobierno, son estáticos en esos puestos- que, si bien se han hecho progresos reseñables y tal, la cosa sigue como antes. ¿Cuáles son esos progresos? ¿Como antes quiere decir “sin conseguir nada sino empeorarlo todo”? Qué eufemistas son estos de la UNGASS; cuánto humor encubierto.

Dicen que les preocupa ahora la falta de drogas (¿estarán de coña? se nota mucho quién les paga) para el tratamiento del dolor -en buena parte del planeta, generoso nicho de mercado ese- así como la falta de disponibilidad de drogas para investigación. Disponibles están, sí, pero caras de cojones, gracias a las regulaciones, protocolos y draconianas leyes que les afectan. En esencia, son dos cuestiones referentes a aumentar la disponibilidad de las drogas para ciertos círculos y usos: la de investigación les permite sacar más partido de esas drogas, y el aumento de fármacos “necesarios” en “buena parte del planeta” son cuestiones que benefician, amplia y directamente, a la industria farmacéutica.

Inmediatamente vuelven a lo suyo de siempre: la reducción de la demanda. Precisamente eso que no han conseguido, en más de un siglo, pero ellos siguen convencidos de que es por donde deben tirar. Es una cuestión de fe porque se obstinan en ella a pesar de que todos los datos y análisis racionales posibles del asunto, indican que es la peor de las medidas tomadas. Pero como UNGASS que somos, todos los países, lo pronunciamos al unísono en la ONU.

Quiero hacer notar que es normal que se centren tanto en la reducción de la demanda, ya que es realmente la piedra angular que sostiene los empleos de todos esos que viven -sin riesgo legal e incluso con reconocimiento social y “aplauso” por su labor- de las drogas. Me refiero a policía, abogados, carceleros, jueces, psicólogos, asistentes sociales, médicos, etc. Todos ellos -como grupos laborales interesados en mantener la situación- son el mayor obstáculo para desmontar de una vez la inútil guerra contra las drogas; no debemos olvidar que es más difícil reciclarse que mantenerse, y dichos colectivos no son especialmente amigos de grandes cambios que les sieguen la hierba bajo los pies, a la hora de mirar cómo anda el fajo. Nanái por ahí.

De hecho no tardan en “recordarle a los países” (a sí mismos, digo) que hay que luchar con todo lo disponible -lo que supone el uso desmedido como se ha usado hasta el momento en la guerra perdida- y que no hay que escatimar esfuerzos.
Dicho de otra forma más musical: Papá, dame dinero... y a nosotros siempre primero.

Ya luego nos sacan a los muertos. Ellos -¿nosotros? ¿a quién representan?- dicen sentirse consternados por el alto coste que ha supuesto la guerra contra la drogas en muchos países y personas, y especialmente se acuerdan (mira tú) del sistema preventivo-represivo-penal: jueces y maderos. Vamos, que los muertos de la guerra contra las drogas que ellos montaron, solo cuentan si son “de los suyos”: los asesinados, secuestrados, desaparecidos, desplazados y demás hermosas consecuencias de su guerra, no cuentan tanto si eran “de los malos”.

Paradójicamente luego sueltan que quieren encargarse de las injusticias y problemas provocados por la droga en el planeta, y los enumeran aunque olvidándose de encabezar, ellos mismos, la lista de males y problemas derivados de una guerra tan estúpida como sus dirigentes. Puestos a encargarse, dicen ahora querer encargarse también del SIDA y la Hepatitis C y tenerlos resueltos para el 2030 (yo me echaría a temblar cuando esta gente pone su zarpa en algo). Si la cosa va como con las drogas, esas enfermedades y otras que se puedan unir a la fiesta, tienen su futuro asegurado si es con la ONU con quien contamos para acabar con ellas... sin acabar con todos los que estén relacionados, claro.

Llegados a este punto, no puedo dejar de nombrar a alguien que me produce sentimientos encontrado: el nazi Duterte, presidente de Filipinas. Como hemos contado aquí, le gusta ir al grano y los escuadrones de la muerte. No le gustan los yonkis. Ahora, parece que tampoco los yankis: le ha dicho a Obama el otro día -iban a desayunar juntitos- que si le dice algo sobre su “política de drogas” le manda en directo a chuparla a Parla. Y claro, el premio Nobel de la Paz al mejor café con leche, se enfadó un poco (porque aunque Obama ya sabía -de sobra- como era el nazi Duterte, le dolió que lo dijera en público) y pasó de ir a desayunar.

Y ya. No pasó nada más.
Duterte sigue reinando en Filipinas, y animando a la gente a que ellos mismos ejecuten a quienes anden con drogas. Obama se quedó desayunando una mazorca de maíz en el despacho oval. Y la ONU -que tiene las manos manchadas de sangre, porque bajo dinero para “lucha contra las drogas” ha financiado y financia ejecuciones- pues se queda mirando sin saber qué decir. Bloqueada sin saber cómo reaccionar, cual típico chulito acostumbrado a que todo el mundo le obedezca, cuando el menos pensado le planta cara y le dice: “Mira, yo voy a hacer lo que me salga de la polla... ¿vale? ¿Acaso me vas a decir o hacer algo, eh? Aquí estoy, empieza.

Olé los huevos del nazi Duterte: es un asesino de los que creen que los derechos humanos son un eslogan hippie, pero al menos como país tiene claro que no le va a marcar la política un negrata que no es capaz de evitar en su país que la policía mate por la espalda gente desarmada, como dijo públicamente. Y acaba de ordenar que todas las tropas USA que haya en el país, vayan haciendo las maletas que allí sobran. Más claro, el agua.

Insumisión.
Insumisión como país a los tratados.
Insumisión contra el invasor, físico o legislativo.

Duterte lo hace para poder matar seres humanos, con menos molestias, y convertir Filipinas en su propio infierno personalmente decorado. Pero está haciendo lo que nadie se atrevió antes a hacer, salvo los proscritos de antemano como Korea del Norte: decirle a la ONU que la política de su país, no la marcan ellos.

Es triste que el ejemplo de la insumisión a la ONU haya surgido de la mano de un asesino, en lugar de ser el sello de madurez política general para diversos países que rompieran con la ONU y enfrentasen -con honradez y dignidad- una verdadera política de drogas. Un sueño que -como humanidad- ya es pesadilla de la mano de la ONU, y monstruos como Duterte, con el caldo gordo de la anuencia tácita y cobarde del resto de países obedientes.