Trump, Hillary y tests de drogas: las urnas catódicas de USA

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Cuando por casa me gritan: “¡¡ven a ver esto!!” y se refieren a la televisión, sé que me toca echarme unas risas con algo sobre drogas. Esta vez no era la excepción: quien me avisaba se estaba meando de risa y no suele tener interés en estos temas drogófilos. No era para menos:el inefable Donald Trump, preocupado por la “limpieza” en el debate político -siempre de alto nivel, como el suyo a la altura del “líder nazi filipino” AKA Duterte-  había solicitado que Hillary Clinton se sometiera a una prueba de drogas, para demostrar sin lugar a dudas que estaba “limpia” de toda sospecha, nunca mejor dicho.

 Para dar ejemplo él no habló sólo de ella sino que se comparó con atletas, lo que aprovechó para decir que había ganado ya a no-se-cuántos senadores, y esbozó como endeble argumento que si los atletas tenían que demostrar que estaban limpios... ¿por qué no Hillary y él? Según Trump “algo muy raro estaba pasando” cuando en el anterior debate, Hillary estaba “impulsada” por algo que le dio fuerza durante el trance, pero que posteriormente su oponente -aseguraba él- no tenía fuerzas ni para llegar a su coche. Y eso, Donald Trump -médico y además notario, para da fe- lo achaca a que Mrs.Clinton podía ir puesta, de cocaína, en plata hablando...

Yo estuve viendo ese debate en directo -bastante bien libró Trump con lo que traía- y entre los comentaristas, estaban varios farmacólogos y forenses estadounidenses que coincidían todos en opinar que “algo” le pasaba

En realidad no es tan raro que alguien vaya puesto a un debate o a cosas peores, como unas negociaciones con armamento nuclear de por medio como fue el caso de Kennedy en su entrevista con Nikita Jruschov, líder soviético de la delegación rusa en la ONU y famoso también debido a su gusto por los zapatos empleados como reclamo de atención. Cuenta Antonio Escohotado, en su Historia General de las Drogas, que Kennedy -a dichas conversaciones- se llevó a su médico para que le chutara, cada cierto tiempo, anfetaminas en vena y opioides (como la metadona a la que era adicto, en su búsqueda de analgesia para sus dolores). Lo mismo que cuando tu madre se acercaba en el recreo a tu escuela y te llevaba un zumo de naranja y un “bollicao” para que recuperaras fuerzas a media mañana. Aquí “el presi sexy” tenía a su médico con la chuta preparada para darle lo que necesitase y oye, así se lo hizo con esa conversaciones y no le fue mal, en vista de los resultados. Nadie hizo un test de drogas a ninguno de los dos, por supuesto... pero el doping estaba a la orden del día en esos contextos de la alta política, por lo que parece.

También es notoria la afición que George Bush “hijo” y su hermano Jeb (el que saludó a la República de España hace unos años) han tenido a la cocaína y al alcohol. O cómo el marido de Hillary era capaz de fumar pero no tragar el humo en sus años de universidad, y que ahora ya en el año 2013, se ha atrevido a hablar de ello (también fue capaz de no tener sexo con una becaria -que todos recordamos- a quien llenó un vestido de “muestra de ADN” sin tener relaciones sexuales “según la ley”). Aquí todo el mundo tiene un pequeño vicio, pero no parece que sea la cocaína, sino el vicio de intentar usar cualquier cosa para desbancar al otro en una carrera que debería ser totalmente argumental. Donald Trump se hunde en las encuestas, tras dejar claro que es lo que veíamos en realidad al observar ese hombre -con ideas de borracho y maneras de rico drogado- mientras su abnegada esposa dice que su charla puerca -propia de un violador- fue porque el periodista le provocó (¿cómo se te provoca para que digas que cuando eres una estrella puedes hacer lo que quieras con las mujeres, como trincarlas por el coño o besarlas sin consentimiento?).

La cosa es que cuando estaba buscando información para este texto, me tope con que la persona de Hillary Clinton y el término “cocaína” tenían una vinculación mucho más nueva de lo esperado, y no por la ocurrencia del pirado de Trump. Resulta que ha habido una filtración conocida como los “Emails Podesta” y que afecta a Hillary Clinton, que queda como una competidora que no tuvo escrúpulo en rebuscar en el pasado de Obama para encontrar cosas que poder usar contra él, y entre ellas estaban su pasado mulsulman (un grave delito, obviamente) y lo que en dichos emails aparece referido como “little blow” o “un tirito”, nombre con el que Barak Obama al parecer se refería a su consumo de cocaína (¿en el pasado?). Al parecer Hillary estuvo barajando estas dos bazas para usarlas como balas políticas, pero curiosamente lo del “little blow” de la cocaína de Obama, no resultó ser algo “tan grave” para su electorado, así que desistió de usarlo... pero ahí quedó, como todo lo digital, esperando que un hacker, o un “whistleblower” como Snowden, destapase esa información.

¿Y qué va a pasar por eso? Pues nada. Seguramente nada, igual que con la ocurrencia bananera de Trump de pedir un test de drogas, cuando como dicen algunos de sus defensores, él está claro que se comporta como un tipo colocado, pero es de forma idiopática: lo lleva incorporado y no como Hillary que se lo mete de extra, dicen. Es realmente un detalle muy feo, pero como están en campaña y -ahora- en el mismo bando, pues lo dejarán correr y será usado únicamente (y de forma tímida, no siendo que se les vuelva en contra al final) por los republicanos en su desesperada estampida “away-from-Trump”, pero no en dirección a Hillary. Los demócratas, por boca del secretario de prensa del presidente, han dicho que les hace mucha gracia que “el tipo que hizo los 2 primeros debates puesto hasta las trancas, ahora pida una prueba de drogas” mientras se descojonaba -sin pudor alguno- delante de los reporteros allí desplazados para cubrir la rueda de prensa.

Así que mientras Obama sigue abriendo la mano para soltar a esos presos que nunca debieron estarlo, por tenencia de drogas o delitos no violentos relacionados con ellas, lleva ya 774 presos a los que -por su gracia divina- ha perdonado. Y todos parecen estar contentos, salvo uno, que le ha dicho que se puede meter su perdón por donde amargan los pepinos. ¿La razón? Simple: el tipo es un usuario de drogas, que no tiene ningunas ganas de tener que meterse en un programa anti-drogas tras no se cuanto tiempo en la cárcel, cuando sin aceptar el perdón sale en libertad unos meses después. Vamos, que ese “perdón” es más maquillaje y mala uva que otra cosa para Alnold Ray Jones, que así se llama el crack.

Al final, lo que deberían haber sido unas elecciones cruciales para el país, en las que se debatieran modelos constructivos para avanzar de cara al futuro, han ido quedando progresivamente en un callejón sin salida -a favor de Hillary Clinton- porque nadie quiere a un monstruo como Trump al mando del ejercito de USA o tomando decisiones de política internacional. Los usanos están locos... pero no tanto: les divertía en TV, pero ya se pasó la gracia para el payaso Donald Trump.

Lo único constructivo que puede salir de estas elecciones es cualquier cosa menos Trump y, si resulta como todo parece indicar que será Hillary Clinton -llevando a Bernie Sanders de segundo y con el popular apoyo que recibió por sus posturas totalmente tolerantes con el cannabis- es posible que podamos seguir viendo pasos dando marchar atrás a los crímenes de la guerra contra las drogas, sacando presos de la cárcel y regulando las sustancias -al menos el cannabis de momento- de una forma lejana a la tortura irracional que han sido, y son aún, las draconianas leyes sobre cannabis que fueron dictadas desde USA a todo el planeta bajo el estandarte de una cruzada moral.