Weeds, la serie más cannábica de todos los tiempos

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El cine, y ahora las series, son documentos extraordinarios que nos dicen mucho sobre la sociedad en la que vivimos. Por supuesto, no dejan de ser historias de ficción que plantean mil posibilidades.

Pero sí podemos ver en qué contexto se desarrollan y qué nos dicen sus personajes de las personas que habitan este universo imaginario, que casi siempre está inspirado en la realidad.

El celuloide verde

Cuando pienso en esto me viene a la cabeza el test de Bechdel. La historietista estadounidense Alison Bechdel publicó en 1985 la tira cómica “The Rule”. En ella, uno de los personajes expresa que solo acepta ver películas que cumplan tres requisitos. El primero es que en la película aparezcan al menos dos personajes femeninos. El segundo es que estos personajes conversen entre ellas. Y el tercero es que esta conversación de las dos verse sobre algo distinto a un hombre, es decir, que no valen charlas sobre relaciones románticas (que tengan como protagonista a un chico, se entiende) o sean dos hermanas que hablen de su padre. Hay otra variante opcional, que para mí es importante, y es que estas dos mujeres tengan un nombre, ¿que mínimo, no? Si una película cumple todos estos requisitos pasa el test de Bechdel, que no deja de ser algo anecdótico para medir qué peso tienen los personajes femeninos en las tramas del cine actual y si su paso por la película trasciende del encasillamiento habitual de ser las “madres, esposas o amantes de”. Si tienen, en definitiva, nombre, pasado, inquietudes, personalidad, temores, sueños… una profundidad que traspase el recurrente mundo masculino que se recrea en el cine. 

Las drogas en las series

En esta sección os voy a hablar sobre todo de series, aunque se colarán también documentales y películas. No necesariamente serán metrajes que pasan el test de Bechdel, pero muchas de ellas sí lo harán porque me interesan las historias creadas y escritas por mujeres. Hablaremos de series contemporáneas, que no tienen por qué ser actualísimas, pero que, de manera central o episódicamente tienen a las drogas, especialmente a la marihuana como una protagonista más en su trama. O, al menos, como un ingrediente para que esta se desarrolle. Y, para hacer una entrada que le haga honor a la temática, empiezo con Weeds, la primera serie que recuerdo que dedica hasta su nombre a la planta.

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Una serie de las que se quedan para siempre

Weeds es una de las series insignias de Showtime. Duró siete añazos, de 2005 a 2012. Ocho temporadas, que se dice pronto. 102 capítulos brillantes (unos más que otros) de comedia negra muy fina. Weeds tiene oscuridad y genialidad, como Six Feet Under (A dos metros bajo tierra). Es políticamente incorrecta y ataca a la moral americana como American Beauty. Tiene ironía y sátira, y la familia siempre permanece unida como en The Godfather (El Padrino). Vamos, que solo estoy nombrando títulos míticos porque Weeds no es una más del montón. Y aunque hayan pasado unos años desde su momento de plenitud Weeds es como las anteriores series o como The Sopranos, Breaking bad o The Wire. Lo que viene siendo una serie de cabecera para revisar, recomendar y recordar de vez en cuando.

La familia Botwin

Con estas referencias podríamos decir que es oro puro, ¿no? Las primeras cinco temporadas para mí se beben como el agua fresquita en verano. Siguiendo un hilo conductor, las tramas de cada temporada de Weeds, dan casi siempre portazos inesperados, girando a veces casi en 360 y, obvio, dejándote con ganas de más. Cada temporada es así, un empezar de cero a una serie totalmente diferente donde los denominadores comunes siempre son sus cinco personajes protagonistas y la marihuana.

Aunque algunas personas opinan que a partir de la tercera o cuarta no hay mucho más que rascar, para mí la segunda es, como en El Padrino, la mejor. O al menos es donde empieza a aparecer la auténtica Nancy Botwin, con sus luces y sus sombras. Ella, la prota, grande, está interpretada magistralmente por Mary-Louise Parker y hará que te replantees el bien y el mal y a cuál de los dos lados quieres pertenecer.

La madre de Orange is the new black

La creadora de Weeds es Jenji Kohan, nombre que está está de plena actualidad por haber parido también una de las series del momento y de la que hablaremos en otra ocasión, Orange is the new black. Las dos series tienen el mismo punto de partida, una protagonista blanca, occidental, de clase media-alta, (podríamos concluir entonces que una sujeta privilegiada) con cara de no haber roto nunca un plato en su vida, se enfrenta a un marrón de aúpa. Aquí lo interesante es el arco de transformación de estas mujeres.

Nancy Botwin vive en un barrio bien, Agrestic, una ciudad que solo existe en la ficción y que está ubicada en el barrio de California (esto será clave después para dar forma a muchos de los episodios donde se habla específica y directamente sobre marihuana). Nancy queda viuda de forma repentina, con dos hijos, Silas y Shane, y un alto nivel de vida al que no se plantea renunciar. Nancy quiere mantener todo lo que tiene y, en vez de buscar un trabajo corriente, elige como nueva profesión ser dealer de marihuana.

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Desterrando convenciones sociales

Como espectador pasas de querer abrazar a Nancy por las desgracias constantes que le pasan siendo dealer novata, a necesitar zarandearla para que espabile de una vez. Hasta que un día la miras y ves el mal en sus grandes ojos negros. Y esa sonrisa pícara que aparece cada vez que está a punto de lanzarse a un nuevo problema. Y empatizas, claro. La ves radiante y te da igual que esté haciendo un pacto con el mismísimo diablo, quieres que se salga con la suya cueste lo que cueste. Porque quizá Nancy ha pasado demasiado tiempo aburrida en segundo plano y ahora no puede decidir otro camino que no sea el caminar por el borde del precipicio. O tal vez el mal siempre estuvo dentro de ella y era cuestión de tiempo que saliera.

En Weeds hay sexo del bueno, adrenalina y callejones peligrosos que parecían no tener salida y acaban convirtiéndose en grandes avenidas donde los personajes protagonistas pasan de ser unos pringados a ser son los verdaderos capos de la mafia. También se cuestionan y destierran viejas convenciones establecidas como la maternidad. Es una serie transgresora que, con humor, a veces muy negro y muy bruto, lanza dardos a todo lo que tiene que ver con las apariencias. Es ácida, irónica, satírica y, a veces, dulce.

La marihuana en California como trasfondo

En California la marihuana medicinal es legal desde 1996, pero todavía hoy en 2016 se dan situaciones incómodas que tienen que ver con los juicios sociales y también con los problemas que puedes tener con las autoridades debido a la incoherencia que se da con la todavía prohibición federal. Weeds trata este tema desde los distintos y complejos puntos de vista. Los personajes, especialmente la familia Botwin, pasan por distintos escenarios posibles. De la venta de pequeñas cantidades como camellos novatos a la organización de una red más compleja y estructurada. De apostar por el cultivo propio con toda la ilusión que trae entender bien la jardinería y mimar a tus plantas, a intentar algo diferente y pasar a fabricar el propio hachís.

En Weeds también vemos cómo los personajes abren negocios aparentemente convencionales como emprendedores (tiendas de sándwiches de queso o venta de maquillajes tipo Avon) que esconden su éxito en el regalo secreto verde que viene incluido en cada pedido. En una de las temporadas Silas, el hijo mayor de Nancy, abre su propio dispensario. Este  es uno de los personajes de la serie, junto con Conrad, presente en las tres primeras temporadas, que de verdad siente un verdadero amor por la planta y no tiene solo un interés por hacerse rico.

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Compleja, inteligente y absurda

María, pote, weed, pot, cannabis, marihuana, mota, joint, hachís… se habla mucho de la planta en la serie, pero nunca se hace de una manera infantil ni típicamente stoner. Weeds es más compleja. Aquí hay dinamita y de la ruidosa. Weeds es una serie norteamericana que lanza críticas mordaces sobre el yankismo y su doble moral: la guerra de Irak, el american way of life... Pero hay mucho más: comentarios satíricos a todos los aspectos de la vida de clase media-alta, carteles mexicanos, migrantes que intentan llegar al país, psicopatías infantiles…

No penséis que su finura en ocasiones la exime de lo surrealista porque la mayoría de las veces esta serie es un festival de humor absurdo. Hay demasiadas cosas buenas en Weeds para resaltarlas todas. Lo mejor es verla, disfrutarla, reírse con ella, dejarse sorprender con cada giro y guardar como oro en paño su guión y la interpretación de sus personajes. Las dos cosas más brutales que tiene. ¿Llegaremos algún día a una sociedad libre de convenciones rancias e impostadas? Weeds las manda a un lugar lejano y estaría bien que nosotros de vez en cuanto lo hiciéramos también.

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