Broad City o cómo ser mujer cannábica en Nueva York

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Seguimos nuestra sección Celuloide Verde con la serie Broad City. Una comedia muy inteligente de humor absurdo donde, además de reírnos a mandíbula suelta descubrimos tramas muy interesantes porque muchos debates actuales están presentes: feminismo, identidad racial y étnica, precariedad, inmigración y, por supuesto, legalización y consumo de la marihuana. Broad City pasa el test de Bechdel y, si hubiese un test cannábico, también lo pasaría de largo. ¡Nos encanta!

Ahora son guionistas, actrices, comediantes, escritoras y empresarias conocidas en el mundo entero, pero hace unos años Ilana Glazer y Abbi Jacobson eran dos estudiantes de arte dramático que, al conectar, decidieron hacer un show en Youtube de nombre Broad City. Por suerte, cosas que suelen pasar en este mundo, alguien las descubrió y mudaron el formato a la TV por cable Comedy Central, que comenzó a emitir la serie, haciendo que muchas personas en el mundo fuéramos mucho más felices que antes. Abbi e Ilana forman parte de ese grupo de nuevos referentes que convierten lo políticamente incorrecto en su bandera.

Dos amigas, mucha yerba, Nueva York como escenario y mil situaciones surrealistas. Abbi e Ilana no necesitan usar filtros Valencia de Instagram para brillar. De hecho, en un capítulo de la segunda temporada, Abbi le cuenta a Ilana que el show americano “Judge Judy”, algo así como el programa español de juicios “De buena ley”, lleva 18 temporadas en antena. A Ilana se le queda una cara boquiabierta, totalmente antifotogénica y Abbi aprovecha para hacerle una foto, a lo que Ilana le advierte que si la sube a redes sociales, nada de filtros. Después se sumergen en una espiral al estilo Matrix y navegan por Internet durante horas mientras ven páginas chorra, para finalmente quedarse dormidas. Cuando se despiertan, han olvidado que se encuentran en la misma habitación, en el mismo sofá y se llaman por Skype.

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Y es que, cuando Abbi e Ilana abren los ojos por la mañana, lo primero que hacen es contactar la una con la otra a través de llamadas de Skype. Eso siempre pasa y así es como conocemos a sus personajes en la primera temporada. Primer capítulo, llamada de Skype. Abbi e Ilana hablan. Cuando han pasado algunos minutos de la conversación, Abbi encuentra algo sospechoso en el movimiento a saltitos de Ilana sobre la cama. ¿No estarás teniendo sexo mientras hablas conmigo? El plano se abre y allí debajo está Lincoln, el novio-amigo de Ilana, otro de los personajes fundamentales de esta trama. “¿Está Lincoln… ehm... dentro de tí?”, “Sí”, dice este. “¡¡No tenemos que compartirlo todo, Ilana!!”, cuelga Abbi. Esta es solo una de las cientos de situaciones brillantes que Ilana Glazer y Abbi Jacobson, protagonistas y creadoras de esta maravilla, nos hacen vivir en Broad City.

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-       ¿Te acabas de sacar la marihuana de la vagina?- pregunta Abbi.

-       Sí, siempre lo hago porque es lo más seguro para que no huela- le responde Ilana.

-       ¿Todo este tiempo he estado fumando maría contaminada?- se asombra Abbi- Es hora de comprar mi propia yerba. Ya soy mayorcita- concluye.

-       Nunca pensé que llegaría este día- dice emocionada Ilana.

La yerba es un elemento fundamental en Broad City. Casi todas las tramas surgen cuando Abbi e Ilana fuman o vaporizan cannabis. Las historias que no surgen de la marihuana, la llevan implícita como un atrezzo más de los treinta capítulos que conforman las tres temporadas que han emitido hasta ahora. Se habla de ella sin tapujos porque sus protagonistas la consideran algo fundamental en sus vidas. Surgen críticas sobre lo que en este sistema es correcto y lo que no lo es. Como cuando Abbi e Ilana hablan por Skype mientras esta última vaporiza cannabis y Abbi siente unas enormes ganas de vaporizar también, pero no tiene yerba. Ilana le pasa unas caladas simbólicas a través del ordenador y Abbi hace como que las aspira.

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Durante este capítulo Abbi vive todo tipo de aventuras para encontrar su propia marihuana porque ha decidido que no va a volver a gorroneársela a su mejor amiga. ¿Pero a quién comprarle si no tiene dealer? Abbi recuerda que en el instituto se la compraba a una antigua compañera y decide llamarla por teléfono y preguntarle. Aunque ambas están lejos de cumplir los treinta, cuando descuelgan, al otro lado encontramos a una joven madre con pinta de tener más edad y con dos o tres hijos que le tienen la casa patas arriba. Abbi le pregunta si sigue vendiendo yerba, a lo que esta, asombrada, le responde que no puede creer que siga fumando marihuana a su edad, haciéndole parecer una loser por continuar con esta práctica. Sin embargo, cuando cuelgan, ante el lío que tiene en casa, la chica se sirve una copa de vino blanco hasta arriba y se la bebe de un trago, como si fuera un chupito. La crítica sobre lo aceptado que está consumir alcohol en sociedad, aunque seas madre adulta, y lo mal que está ser usuaria de marihuana, sobre todo si eres adulta y madre, está aquí perfectamente metida. Y, después de unas risas, nos deja pensando.

Broad City no es una serie al uso en sus formas, sino una bola de nieve de situaciones surrealistas que se va haciendo más grande conforme el capítulo va avanzando. Y todo lo que comienza de una manera medianamente normal, torna al despropósito con secuencias tan divertidas y bizarras que hacen que nos echemos las manos a la cabeza, para después tener que cambiarlas a los abdominales, porque no podemos dejar de reírnos y ya nos duelen. O, como mi amiga Lai dice, “cada vez que veo un capítulo de Broad City estoy a punto de mearme en las bragas seriamente”. Todo empieza por situaciones cotidianas que todos hemos vivido, solo que las chicas de Broad City lo llevan al terreno de la comedia con giros exagerados. Aquí algunos ejemplos de ello.

Prepararse para hacer un viaje a otro continente siguiendo los trámites normales que ello implica: hacer la maleta, coger el pasaporte, calcular el tiempo que te llevará llegar al aeropuerto entre viajes de metro y otros transportes. Esta es Abbi, la parte ordenada de Broad City. Que esta situación cotidiana se convierta en extrema cuando entra en juego la otra mitad. Ilana se duerme, no ha hecho su maleta y olvida su pasaporte. Al final llegan al control de seguridad con éxito, pero falta la guinda de Ilana, que se ha puesto sus pantalones visiblemente manchados de sangre de regla para que cuando el perro de la policía le huela el culo pueda hacerse la ofendida mostrando el enorme charco escarlata y el policía avergonzado se vaya sin registrarla. Todo ha sido una conspiración para transportar yerba en su vagina y lo ha conseguido, ante el estupor de Abbi.

Abbi e Ilana son las mejores amigas que he visto nunca. La cara de Ilana se llena de admiración cuando mira a Abbi. No hay nadie en el planeta más importante que su cómplice en la vida. En ocasiones, cuando hablan de su amistad, parece que estuvieran hablando de una relación de pareja. Siempre que hablo con mis amigas de Broad City nos pedimos ser Ilana como personajes. Tal vez es porque esta neoyorkina judía de veintipocos años hace lo que le da la gana, sin que ninguno de sus movimientos traiga consecuencias. Ilana ha nacido con una flor en el culo y avanza exitosa por la vida consiguiendo lo que se propone con su característico grito de “Yasss Queen”.

Lo mejor de Broad City es que es una serie hecha por mujeres que viven y muestran a los espectadores diversas partes de esa vida. Ilana y Abbi podríamos ser mi mejor amiga y yo o tu mejor amiga y tú. Son mujeres que necesitan dos trabajos para llegar a final de mes, pero que no sacrifican nada de lo básico, a.k.a las pequeñas cosas, para ser felices. Son mujeres que se cuidan entre ellas y harían lo que hiciera falta para consolar y ayudar a su amiga. Son mujeres que se comportan como les viene en gana, sin que las convenciones sociales las opriman. Se las suda tener más de una talla 40 para ponerse un vestido ceñido y bailar en el centro de la pista como si no hubiera un mañana.

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Son mujeres que tienen en cuenta a las mujeres en su trama y nos representa en cada secuencia o por lo menos hacen que nos riamos porque, aunque no seamos capaces de reaccionar como estos dos personajes, se nos ha pasado mil veces por la cabeza hacer lo mismo que ellas en algunas situaciones y que nos resbale todo. Como en ese capítulo en el que, después de haber jugado como una niña más en la sala de espera del dentista, una mujer le pregunta a Abbi cuántos hijos tiene y esta se tira al suelo y se aleja de ella haciendo la croqueta. ¡Brillante! ¿Cuántas veces os han entrado ganas de hacer lo mismo porque, pereza máxima, parece que es obligatorio hacer la dichosa preguntita porque sois mujeres que se acercan o han llegado ya a los 30?

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Porque para nosotras una amiga es sagrada. Porque nosotras utilizamos abiertamente en nuestro vocabulario y en todos los ámbitos que haga falta la palabra coño, vagina, chispero, toto... porque es una parte sagrada e importante de nuestras vidas y no la tenemos como un tabú porque, como apuntaba la maravillosa comediante española Isa Calderón Peces Barba en su Review fuertecita del Gran Lebowski de los hermanos Coen, (muy maravillosa la peli, sí, pero muy falocéntrica), parece que algunos hombres la palabra vagina les da pavor. Pues  es así, queridos, tenemos coños, a nuestros coños les pasan cosas y nos encanta hablar de ello con nuestras amigas. Y también nos encantan las series, películas y referentes que lo tienen en cuenta.

¿Son Abbi e Ilana dos referentes cannábicas? Yo creo que sí. Son mujeres empoderadas, saben lo que quieren perfectamente y lo que no quieren también. Pertenecen a esa generación de mujeres que consiguen su propia yerba, que llevan en el bolso su propio vaporizador, que reciben o despiden al día con unas caladas de THC. No necesitan un novio o una pareja masculina que las provea de cannabis. Lo consiguen por ellas mismas y lo comparten con sus amigas. Son esa generación de chicas millennials que están presentes en todas las redes y que, como Rihanna, no se avergüenzan de salir fumando en sus fotos de Instagram. Son capaces de defender, sin temor, que la marihuana es una parte importante de su vida, con este tema no se juega. En Broad City, como serie de humor que es, lo vemos de manera exagerada, como en el capítulo en el que la amante de Ilana que parece su clon le dice que ella no fuma maría y, ante el estupor de Ilana, la siguiente secuencia es una puerta cerrándose con su ya ex amante fuera de casa.

Pero el caso es que Broad City rompe tabúes y hasta sus creadoras lo hacen en entrevistas en la vida real, confesando que son usuarias del cannabis. También han contado que la marihuana que usan en la serie no es real porque necesitan concentración para que todo salga bien en el rodaje y lo dejan para su ámbito privado. Pero han salido del armario cannábico y eso era necesario. Era necesario tener modelos femeninos, que la cosa no quede solo en el ámbito masculino. Que se lleve a la pequeña y gran pantalla que nosotras también consumimos. Que se hable de ello en situaciones cotidianas, todo lo cotidiano que nos puede resultar la vida de dos mujeres que viven en Nueva York y que protagonizan una serie de humor llevado al absurdo, claro.

Broad City es una serie de cabecera por todo esto que os he contado arriba y porque es rompedora, sorórica e inteligente. Si antes contábamos nuestra vida con la coletilla “como en ese capítulo de Friends en el que...” ha llegado la era de hacerlo usando la misma frase, pero cambiando la serie por Broad City. No se puede contar, ¡hay que verla!