Una veterinaria nos cuenta cómo el miedo de los propietarios de perros a reconocer que su mascota ha podido comer cannabis o marihuana, dificulta el proceso de diagnóstico.

Weed and pets

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Once de la noche de un día cualquiera, suena el teléfono de urgencias, comienza mi guardia:

-Buenas noches servicio de urgencias veterinarias, ¿en que puedo ayudarle?

-Mi perro está raro, tiembla mucho, no sé que le pasa ¿puedo llevártelo ahora?

-Claro, acérquelo que lo reviso.

Conversación que se repite en el día a día en los servicios de urgencias veterinarias. Me gustaría contaros dos casos clíncos de los muchos que se atienden en la consulta.

Caso 1: Se presenta en la consulta un precioso mestizo de unos 30 kg, de nombre Teo, que según me cuentan los propietarios Marta y Manuel, estaba bien antes del paseo de la noche y después se ha puesto a temblar y no responde a su nombre.

Observo a Teo en la recepción, viene caminando por sí mismo, presenta deambulación, incoordinación, debilidad del tercio posterior y mioclonías.

Pasamos a la consulta donde lo exploro más a fondo, reviso su auscultación pulmonar y cardica, temperatura rectal, estado de ganglios linforegionales, tiempo de relleno capilar, estado de hidratación y pulso; a la par que voy haciendo preguntas a Marta y Manuel para poder acercarme a un diagnóstico: vacunas, desparasitaciones, si hay más animales en casa, si le había sucedido en alguna otra ocasión, si ha presentado vómitos o diarreas, si vive en un piso o en una casa, por donde pasea...y si se ha podido comer algo ajeno a su dieta habitual.

A todo me responden que no, que ha hecho vida con normalidad y tiene todo al día, vive en un piso y al lado de casa tienen un pequeño parque que es por donde ha estado paseando Teo.

La exploración de Teo me revela datos muy importantes, y comienzo en mi cabeza a realizar la lista de posibles diagnósticos diferenciales de lo que le puede ocurrir a Teo.

Presenta hipersalivación, ataxia y midriasis, el resto de la exploración es normal.

Tengo ya mis posibles diagnósticos diferenciales en la cabeza, insisto en la pregunta ¿No se ha podido comer algo ajeno a su dieta? ¿En el parque o en casa? ¿Rebuscar en la basura?

Me siguen insistiendo que es imposible, que Teo no se ha podido comer nada en casa y en el paseo ha estado muy vigilado por lo que también es imposible que se haya podido comer nada.

Intento que Marta y Manuel se sientan cómodos, con confianza en la consulta y que entiendan que aunque parezca un interrogatorio por la cantidad de preguntas que hago es por el bien de Teo.

Finalmente lo consigo, me cuentan que en el parque se ha podido comer algo de Hachís. Ya tengo el diagnóstico, sé lo que le pasa a Teo.

Hablo con ellos y los tranquilizo, ya se sienten con confianza y en el trasnscurso de la consulta me cuentan que el porro de dormir se lo ha comido Teo, lo dejaron encima de la mesa y de repente cuando fueron a liárselo ya no estaba, una hora después comenzó a estar raro y me llamaron. Era la primera vez que les pasaba.

En otras ocasiones no es tan fácil llegar a un diagnóstico, como veterinaria del servicio de urgencias he tenido varios casos de ingesta tanto de hachís, como de marihuana, y creo que todavía hay cierta ¨vergüenza¨ en reconocer el consumo. Los veterinarios tenemos un handicap, nuestros pacientes no pueden hablar, sólo lo pueden hacer sus signos clínicos y sus propietarios, por desgracia en numerosas ocasiones los signos clínicos que presenta el animal coinciden para más de una misma enfermedad, ahí es donde entra en juego la importancia de lo que nos cuenta el propietario, que al final es el que convive con el paciente.

Caso 2:
Recuerdo que en cierta ocasión acudió a la consulta de urgencias Luna, una preciosa Yorkshire de dos años de edad, acompañada de su propietaria Mercedes y de Tomás el hijo mayor de esta.

Conocía a Luna ya que acudía de forma regular a la consulta diurna pues presentaba ciertos problemas dermatológicos que habíamos estado tratando.

Luna presentaba en la consulta ptialismo, incoodinación y había tenido diarrea en casa. 

Comienzo la exploración a la vez que hablo con Mercedes. No sabía que podía haberle pasado, a lo largo de la tarde la había dejado para hacer unos recados en el centro y cuando había vuelto a casa Luna ya estaba así. Tomás me cuenta que había estado en casa con unos amigos pero no habían visto nada raro, que Luna había estado en su cama toda la tarde.

En esta ocasión, no tuve confirmación de que se había podido comer Luna, por lo que se inició el protocolo de intoxicaciones y se quedó hospitalizada durante 24 horas bajo vigilancia.

En el transcurso de la hospitalización nos llamó Mercedes para indicarnos que su hijo le había confesado que estando con sus amigos en casa Luna les había robado unos cogollos de Marihuana y se los había comido. 


En la consulta nunca se juzga a un propietario, se intenta llegar a un diagnóstico de lo que le ocurre al paciente lo más rápido posible para darle el tratamiento más adecuado.

En el caso 1, el de Teo, era un dato muy importante saber que en casa o en el parque había tenido acceso a hachís, pues en mi lista de diagnósticos diferenciales no sólo estaba la ingestión de esta sustancia, había otras, como la flor de pascua, algunos medicamentos como el ibuprofeno o incluso algún tipo de hervicida, los cuales pueden producir daños muy graves en el paciente y que requieren un tratamiento de urgencia.

En el caso 2, el de Luna, no tuve confirmación hasta pasadas unas horas de que sustancia se había comido, por lo que tuve que iniciar el protocolo de urgencias toxicológicas. 

Ambos casos fueron tratados de forma diferente ya que la información que recibí en consulta fué diferente, es importante recalcar la consideración que se tiene en la consulta de los datos que nos da el propietario, y de como debemos normalizar cualquier situación en la misma. Conseguirlo es un factor fundamental a la hora de atender a un paciente, alcanzar un ambiente de confianza y tranquilidad con el propietario para que se sienta en la libertad de contarnos que cree que le ha podido ocurrir a su mascota.

Al terminar mi turno, antés de disponerme al in itínere diario, llamé Marta y Manuel, los propietarios de Teo (caso 1) para ver cómo se encontraba, estaba perfecto, se había pasado el resto de la noche durmiendo y tenía muchas ganas de desayunar. Le recordé a Manuel con una sonrisa que dejé entrever a través de la conversación telefónica, que los perros no pueden comer chocolate. Le escuché reír, me dió las gracias y se despidió.

 
Cuando colgué recordé aquel porro que me fumé a orillas del Medierráneo. Quizás este verano vuelva de nuevo.