Esta es la historia de Juanma tras la publicación del reportaje que le dedicamos en Cannabis.es. La biografía de Juanma no se entiende sin su condición de paciente de cannabis medicinal para aliviar su dolor neuropático, un tratamiento al que accede gracias a las cadenas solidarias que se forman en torno a su caso.

Juanma, cadena solidaria del cannabis

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Cadena solidaria para Juanma

 

Como os contábamos en Cannabis.es hace unos días, a Juanma le quitaron todo el cannabis medicinal -en una visita “guiada” que hizo la policía al CAMF de El Ferrol, el lugar en el que vive- y le dejaron a su buena suerte. Bueno, eso no es del todo cierto; le dejaron sin nada y con la amenaza de una multa o de ser procesado por “tráfico de drogas”, pero eso lo vamos a tratar luego.

El primer problema que teníamos delante era un enfermo con dolor neuropático, que usa el cannabis medicinal desde hace décadas, al que le habían dejado sin tratamiento y con sus dolores. Esto me hizo tener un pequeño “deja-vu”. La primera vez que yo hablé con Juanma, fue hace casi 10 años y fue en esta misma situación: le habían dejado sin cannabis medicinal y sin recursos funcionales para conseguirlo, dada su situación. En aquella época, se pudo leer en algunos medios que se había lanzado “el primer banco de cannabis medicinal para enfermos en España”, y coincidía en las fechas con lo que le estaba pasando a Juanma . En aquella época, sabía del activismo lo que leía en las revistas y lo que, por el normal transcurrir de la Ley Corcuera, íbamos sufriendo en nuestras propias carnes.

Así que, ni corto ni perezoso, me puse a indagar sobre el susodicho banco de cannabis medicinal y a intentar contactar con ellos, para informarles de la situación de este enfermo (el más conocido del país antes y ahora) y en caso de que ya la conocieran, preguntarles que cuándo pensaban ayudarle. La respuesta fue tajante, el tipo que lo llevaba me dijo con total calma que ellos no pensaban ayudarle y que si tanto me preocupaba que le ayudase yo.

Como suena. Me quedé un momento sin palabras, no era capaz de discernir si quien hablaba lo hacía en broma o en serio. Y lo hacía en serio por desgracia: se escudaba en que Juanma era de Galicia y que ese banco de cannabis sólo atendía enfermos de Euskadi. Como suena también: si yo tengo la planta que te puede quitar el dolor, pero vives cruzando esta frontera, no te ayudaremos...

Me costaba dar crédito a lo que me contaba aquel tipo por teléfono, que era el mismo listo que salía en los medios anunciando a bombo y platillo lo del supuesto banco de cannabis para enfermos. Y me volvió a decir aquello que tanto me indignó: “si tanto te preocupa Juanma, ayúdale tú”. En esa segunda ocasión, y ya con las cosas más claras, le contesté: “ok, no sabes con quién estás hablando”. Y a ello me puse.

Tras hablar con Juanma de nuevo, le aclaré que lo del banco medicinal era un camelo para salir en prensa (y que luego se supo que no atendió a ningún enfermo, sino que el listo al mando se quedaba la yerba que los autocultivadores donaban para esos inexistentes enfermos) y que no podía esperar ayuda de ellos. Yo en aquel momento tenía un cultivo de exterior que era de varias personas, y sabía que podíamos ayudar y asegurarle el tratamiento contra el dolor para un año. Había consultado con él, y en aquel momento Juanma podía hacer un año entero sin dolores con 500 gramos de cannabis medicinal. Medio kilo de yerba era la solución.

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Así que, en un pequeño grupo de amigos de un foro (no cannábico, sino de venta-intercambio de drogas ilegales, que ya los había en castellano hace 10 años) nos pusimos manos a la obra y hubo al final un pequeño puñado que colaboró en reunir todo lo necesario para ese medio kilo de yerba. Como no queríamos que nadie pudiera pensar que nos habíamos quedado con algo, hicimos que Juanma diera fe de que se le había entregado todo, cosa que hizo en su blog con el siguiente texto:

Compañeros, quiero daros las GRACIAS por vuestra colaboración e impagable ayuda, os informo que en estos días se me ha hecho entrega de vuestros donativos.

Quiero daros las GRACIAS porque entre todos habéis conseguido que este año no me falte marihuana para poder aliviar los fuertes dolores que sufro,y, aunque no quiero dar pena, por cada gramo que aportasteis son ocho horas de calidad de vida en este calvario que me ha tocado vivir.

Cada gramo de yerba, 8 horas sin dolores. Me recordaba la manida frase del “álgebra de la necesidad”, de William Burroughs, pero aplicada al dolor de un enfermo que en lugar de recibir ayuda para no sufrir, recibe palos y más palos por parte del sistema. La cosa es que, una vez reunido el medio kilo de yerba para Juanma, alguien tenía que llevarlo hasta sus manos: era obvio que Juanma no podía desplazarse a por ello. Así que se hizo lo que se tenía que hacer, y el medio kilo viajó media península ibérica hasta llegar -en forma de bonito cojín relleno de medio kilo de cogollos de marihuana- directamente a las manos de Juanma.

Hoy, casi una década después, el mismo enfermo en el mismo centro acosado por el mismo sistema y los mismos personajes, se ve de nuevo sin el fármaco que le alivia el dolor neuropático, una clase de dolor en el que los analgésicos narcóticos como la morfina pueden hacer poco por aliviarlo. ¿De verdad no hemos conseguido nada como sociedad en estos diez años? Ensañarse con un enfermo de dolor neuropático en silla de ruedas, tiene pinta de puntuar entre las cosas que no quedan bien se mire como se mire, pero eso parece que los responsables de esta historia inhumana no lo tienen claro del todo.

Consulté a un amigo del “Cuerpo Nacional de Policía” que conoce el caso a fondo, qué era lo que había ocurrido para que sus compañeros de la comisaria de turno en El Ferrol decidieran, de buena mañana, presentarse en el CAMF donde vive Juanma, directamente preguntando por él con nombre y apellidos para, a continuación, echarle un sermón y bronca por estar consumiendo cannabis en su propio domicilio y someterle a un interrogatorio y registro con incautación de toda la medicación que tenía para tratar sus dolores. Me dijo que con toda seguridad, algún cargo administrativo del CAMF habría llamado a la policía, dándoles sólo una parte de la información ya que -como nos confirmó Juanma en conversación telefónica- los policías sabían su nombre y apellidos pero no “quién era” como enfermo usuario de cannabis medicinal. En otras palabras, habían instrumentalizado a la policía -haciéndola intervenir en un caso complicado y que era mejor no tocar- y ahora la policía se veía en un marrón desagradable, a los pies de los caballos, cuando por ley está obligada a actuar si se la requiere para ello (como todo indica que ocurrió).

Me explicó que ya que se produjo una incautación de su cannabis medicinal, eso debía tener cauce dentro del proceso reglamentario que le correspondiera: o imputación por tráfico de drogas (surrealismo legal) o una multa por poseer la medicina que le quita los dolores. Pero que lo que no podía ser es que eso quedase en nada, ya que si era así equivalía a legalizar que la policía te pueda quitar tus drogas y hacer lo que quiera con ellas, cosa que -de momento- parece no ser legal si hacemos caso al manual.

Así que frente a este panorama, había que actuar. Lo primero, restablecer el suministro de cannabis medicinal al enfermo. Para ello, solicitamos ayuda a diversas personas del mundo cannábico hasta que una de ellas dio con una posible solución: teníamos 3 CSC en Coruña dispuestos a abrirle sus puertas a Juanma. Bien, ya teníamos fuente fiable de cannabis. Ahora, sólo teníamos que conseguir cumplir con la legalidad que el proceso requiere (la inexcusable presencia del interesado) a pesar de las dificultades que suponen movilizar y transportar a una persona que viaja en una silla de ruedas, que pesa casi 100 kilos (sólo la silla, con motor eléctrico).

Cuando ya teníamos casi todo listo, la salud de Juanma le hizo tener que darse una vuelta pero por el hospital, quedando ingresado por un problema respiratorio que, afortunadamente, supero un par de semanas después. Así que con ese breve parón de por medio, una persona que se ofreció sin interés alguno (no diré quién, ya que no tengo su autorización) puso una tarde de su tiempo -os aseguro que eso le cuesta más que nada- junto con su vehículo y su esfuerzo (cargar la silla de Juanma no es una broma) para llevarle hasta los CSC que se habían ofrecido.

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Por motivos de tiempo y logística, la visita se centró en dos CSCdistintos, con buenos resultados en ambos. En el primero, Juanma nos destacó las excelentes medidas de seguridad con que contaban y que si bien el local no estaba adaptado para una persona con su discapacidad, suplieron en todo momento con amabilidad lo que por la silla de ruedas no era de fácil acceso.

En el segundo, que se trataba de un bajo donde no había escaleras, Juanma se sintió más cómodo al poder acceder a todas las partes con la misma libertad que otros, y por el hecho de que hubiera un servicio de “cafetería” donde poder estar un rato de forma cómoda. En ambos CSC había cannabis en forma de marihuana cuyo precio comenzaba en 5 euros por gramo, y podía llegar en uno de los CSC a los 8 euros. No es extraño, yo mismo he comprado yerba a 9 euros el gramo en varios CSC. También en uno de los locales encontró mayor variedad, e incluso galletas y comestibles que son material poco frecuente todavía en nuestro país. Es decir, la oferta de productos a la que pudo acceder Juanma había cambiado radicalmente en estos 10 años desde su último incidente grave: ahora hay de todo y con una variedad que parece el refinamiento de los vinos.

Eso resolvió el problema, de momento. Juanma pudo adquirir algo de cannabis para paliar sus dolores de nuevo, ya que desde el incidente con la policía nadie se atrevía a llevarle nada a su centro.

Curiosamente, una de las personas -que le suministraba el cannabis- no se atreve a ir más al centro pero sí se atreve a llamar para amenazarle, ya que a raíz de lo sucedido quedó una deuda de 85 euros, sin los cuales ese vendedor parece que no puede vivir y no quiere esperar para cobrarlos, exigiendo con amenazas su pago inmediato).

Esto nos lleva de nuevo al problema de base. Juanma es una persona que tiene una pensión del estado para poder vivir, ya que es obvio que tiene muy difícil poder valerse laboralmente por sí mismo, y esa pensión como todos imagináis es bastante mierda. No sólo es baja, sino que lo que con una mano te da el estado con la otra te lo quita: prácticamente la totalidad de las pensiones de estos pacientes residentes en centros “estatales” ven como más del 80% de su pensión es “chupada” por los propios centros y sus administradores. El resultado es que, el dinero real que le queda a una de estas personas, apenas da para poder salir a tomarse un café por la mañana y comprar unas pipas para comerlas paseando. No da para pagar cannabis, y menos cuando ese cannabis puede costar (como poco, al precio más bajo de los disponibles) 15 euros al día, 450 euros al mes, si con 1 gramo puede estar 8 horas sin dolores y para pasar un día necesitase sólo 3 gramos.

Tener que recurrir al mercado negro para abastecerse del único fármaco que le alivia el dolor es una vergüenza para todos como sociedad, pero un problema muy real para Juanma, que ha visto como los problemas derivados de la inexplicable acción de una torpe policía llevan a que un camello le llame para amenazarle por 4 perras. ¿Hasta dónde llega la degradación que sufren algunas personas y cuánta de esta basura tiene que soportar Juanma porque no puede cultivar ni acceder a su medicina de forma regulada? ¿Va a pegar el camello macarra de turno a un tío en una silla de ruedas porque no tiene dinero?

Eso lo sufre Juanma, pero también otros muchos residentes en centros similares que se ven abocados a tener que aceptar condiciones leoninas (he escuchado casos en que se cobraba hasta 15 euros el gramo de yerba, usando el peligro de ser cogidos como motivo de aumento del precio) para poder acceder a un cannabis que les palíe sus lamentable calidad de vida. O dicho de otra forma: la presión policial contra el cannabis usado por estos enfermos, sólo beneficia al precio de los narcotraficantes. La policía como motivo de espectaculares subidas de precio para estos pacientes, es una de esas cosas que, al escucharlas, debería hacer reflexionar al comisario de turno antes de permitir una de estas intervenciones en centros de discapacitados.

Este mismo problema (el precio del cannabis) ya lo vivimos en el pasado con Juanma, quien siempre dejó claro que él sólo pedía una yerba que le fuera económicamente accesible, ya que su pensión no le permite pagar los precios que estipula el mercado negro (y previsiblemente tampoco los de uno “blanco” sin subvención de la Seguridad Social). Juanma nunca quiso que le dieran la marihuana gratis, e incluso hubo quien en su día le acusó de eso mismo (otros antiguos camellos que le abastecían).

Juanma está dispuesto a pagar un precio razonable y adecuado, por una medicación que necesita y que, por desgracia, debe conseguir fuera del ámbito legal. Ahora, falta encontrar proveedores dispuestos a ayudarle a no vivir entre dolores, un sufrimiento que podría esfumarse con una planta que crece -sólo con agua y sol- en todos los rincones de la hermosa Galicia.