Los nuevos usos terapéuticos del CBD se ven lastrados por la dificultad legal de cultivar cannabis.

La producción de CBD requiere una nueva legislación

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Pedro Serra

En los últimos 5 años, numerosos estudios científicos han puesto el foco sobre el cannabidiol (CBD), evidenciando sus múltiples propiedades farmacológicas y su potencial terapéutico para el tratamiento de diversas enfermedades y dolencias. Este hecho, favorecido por la falta de psicoactívidad que tiene el CBD, ha supuesto un aumento en la relevancia medicinal de este cannabinoide que, a día de hoy, ha llegado a arrebatar el papel hegemónico que en este sentido tenía el tetrahidrocannabinol (THC). En consecuencia, la demanda de CBD ha crecido exponencialmente y ha puesto sobre la mesa la problemática que tiene su producción, fruto del proceso de domesticación del cannabis y de la legislación que regula su cultivo.

Las variedades tradicionales con elevado contenido en cannabinoides no sintetizan CBD

Existen registros arqueológicos que apuntan al cultivo del cannabis como uno de los más ancestrales que se conocen. De esta planta se obtienen alimentos a partir de sus semillas ricas en aceite, fibras textiles de sus tallos y resinas ricas en cannabinoides para uso recreativo o medicinal de sus flores. Dependiendo de esta finalidad, los cultivos han sido sometidos a lo largo de miles de generaciones a un proceso continuo de selección y mejora, que ha resultado en las diversas variantes actuales del cannabis. Así, las plantas dirigidas a la obtención de fibras tienen tallos largos, poca ramificación y pobres inflorescencias; las utilizadas para la obtención de semillas tienen un porte similar, con inflorescencias espigadas; y las de uso recreativo o medicinal son muy ramificadas y con voluminosas inflorescencias, que exudan resina en abundancia debido a la alta densidad de tricomas que poseen.

Dado que los cannabinoides se acumulan en la resina, las plantas del tipo lúdico-medicinales deberían ser las mejores candidatas para producir CBD. Sin embargo, debido a una mutación genética surgida en algún momento de su domesticación, este tipo de planta es incapaz de sintetizar CBD y, en consecuencia, acumulan THC en altas concentraciones. En cambio, las variantes para la producción de fibra y aceite no cuentan con esta mutación y acumulan CBD a concentraciones quince veces superiores a las del THC. El problema reside en que este tipo de plantas prácticamente no producen resina ya que sus inflorescencias son generalmente pobres y cuentan con una baja presencia de tricomas.

Por medio de cruces, los mejoradores han solventado esta situación dotando a las plantas lúdico-medicinales de la capacidad para sintetizar CBD. En estas nuevas variedades, denominadas CBD-rich, la acumulación de CBD alcanza valores en torno al 20% del peso seco de la inflorescencia y, dado su porte, el rendimiento por metro cuadrado de cultivo es muy superior al que puede obtenerse con plantas para la producción de fibra o semilla.

La legislación que regula el cultivo del cannabis no atiende a su psicoactividad

A nivel bioquímico, la síntesis del CBD compite directamente con la del THC, ya que ambos cannabinoides se producen en dos reacciones enzimáticas que requieren el mismo sustrato. A pesar de que la reacción que origina el CBD es mucho más eficiente que la del THC, esta última no queda bloqueada por completo, y es por ello que las CBD-rich, al igual que ocurre con las plantas de uso industrial, acumulan THC de forma residual, con unos valores en torno a una quinceava parte de la cantidad de CBD.

Es en este punto donde las variedades CBD-rich chocan con la legalidad que regula el cultivo de cannabis. Y es que la legislación solo permite el cultivo de plantas que no superen un 0.2% de THC respecto de su peso seco. Estos valores son tan restrictivos que únicamente permiten a aquellas variedades que prácticamente no producen resina. En el caso de las CBD-rich, los valores de THC superan fácilmente el 1%, a pesar de no ser psicoactivas, ya que la cantidad de CBD que poseen inhibe la psicoactividad que produce su consumo.

 

<< España tiene unas condiciones ambientales óptimas para el cultivo del cannabis y esta oportunidad de grandes beneficios económicos no debería de pasar desapercibida >>

 

Nos encontramos, por tanto, ante un dilema. ¿Cómo producir CBD para abastecer al mercado? ¿La solución es cultivar variedades poco resinosas y, por tanto, de bajo rendimiento, con el consecuente impacto ambiental que conlleva el aumento de superficie de cultivo y de residuos? ¿La producción de CBD debe quedar relegada a unas pocas empresas farmacéuticas que obtengan permiso para realizar cultivos de variedades CBD-rich?

El abastecimiento de CBD pone en evidencia la incoherencia de mantener esta legislación tan restrictiva para el cannabis. De hecho, muchas variedades registradas para uso industrial, al ser cultivadas, superan con creces los límites establecidos de THC. Una regulación con un umbral tan limitante afecta directamente a la cantidad de resina que puede acumular la planta. Si el criterio legal discriminase por quimiotipo (acumulación relativa entre el CBD y el THC), se adaptaría mejor a la creciente demanda de los cannabinoides no psicoactivos y a los tiempos de apertura al cultivo que recogen otros países. España tiene unas condiciones ambientales óptimas para el cultivo del cannabis y esta oportunidad de grandes beneficios económicos no debería de pasar desapercibida.

Pedro Serra, ingeniero agrario.