El mundo comercial del cannabis, como el de cualquier otro sector de las aficiones o hobbies, representa una pesadilla para los recién iniciados, ya que las tentaciones de productos “imprescindibles” es enorme.

El cultivo de cannabis lúdico en la Permacultura

Escrito por el . Publicado en Artículo

2.4444444444444 1 1 1 1 1 1 1 1 1 1 Valoración 2.44 (9 Votos)

 

Un sistema más natural de cultivo.

Permacultura es una filosofía, un modo de ver, sentir y entender, el desarrollo de la vida y sus procesos, en este caso de las plantas de cannabis, bajo el prisma de la propia naturaleza, para ir poco a poco desentrañando sus pequeños y grandes secretos, como lo hizo Masanobu Fukuoka, durante una existencia plena y feliz rodeado de seres vivos silvestres.

Muchos agricultores en California, zona mítica de peregrinación hippie y new age, y por tanto un paraíso del cannabis, llevan toda una vida inmersa en esta corriente de cultivo, tanto por criterios de calidad como por la exigente congruencia con los principios naturales que se pide a todos los que vayan de “auténticos” rastas o natural wave en un ambiente tan elitista como el Californiano. Y es que allí la imagen es tan importante como la opinión de los Gurús.

El mundo comercial del cannabis, como el de cualquier otro sector de las aficiones o hobbies, representa una pesadilla para los recién iniciados, ya que las tentaciones de productos “imprescindibles” es enorme.

Pasa en la acuariofilia... en el mundillo de los terrários... y en el planeta de las mascotas... y es que cuando la gente ha agotado sus recursos, ya sea por crisis o por hartazgo de sentirse timado, recurre a las fuentes, a los clásicos de referencia, como John Seymour, Sir Jagadish Chandra Bose, Dioscorides, Luther Burbank o incluso Teofrasto el filósofo griego considerado el padre de la botánica, que también daba buenos consejos prácticos cargados de sentido común orgánico e intuitivo.

El caso es que hoy en día, un cultivador de cannabis aficionado, sobre todo de indoor, está atosigado y agobiado, por partida doble. Por un lado con dudas técnicas sobre el presupuesto a gastar, al no tener experiencia.
Y por otro, sobre la cuantificación de esos “mínimos imprescindibles” para un cultivo de calidad.
Por supuesto, todo desde el punto de vista general de los consumidores, con sus derechos, tanto a productos de calidad con su garantía como el de recibir información objetiva y verdadera sobre su composición, elaboración y manejo.

Un ciudadano, que acude a la sociedad a por unos productos para la agricultura muy parecidos si no casi iguales a los de la jardineria.
Pues bien, hemos llegado al meollo de la cuestión, sin mearse de risa, más bien se suele aplicar un humor sardónico, porque es más una risa afectada e irónica con mueca de cierto desprecio y decepción en quien “se ha caído del burro”.
Es una risa irónica,  el consumidor es consciente del absurdo de este mundo, y este humor irónico si no satírico no es el auténtico humor gratificante, porque ya se ha perdido la fe en la buena fe.

Quede dicho eso, ya que éstos “mínimos” que comentábamos para empezar un modelo orgánico de cultivo de cannabis, desde el punto de vista de la permacultura, son en verdad una propuesta de mínimos, para llegar a unos máximos, porque la naturaleza por ejemplo en temas de abonos es de lo más equilibrada y austera, y no por eso, la vida se detiene.

Iremos analizando lo natural contrapuesto a lo convencional,  una comparativa entre la realidad que encuentra un aficionado y como debería ser bajo la permacultura, poéticamente, la cultura del permanecer, del ser  contra el tener, el parecer o el aparentar, que son los valores que preconiza la sociedad y la falta filosofía del “consumirnos”

Cuando desde la fase de crecimiento de plántula, el cannabis recibe abono específico, tipo amoniacal, diferente al de floración, la naturaleza, simplemente acompasa el nacimiento de las semillas con el de la primavera, la temperatura y toda la materia vegetal y animal, muerta e integrada para ser transmutada por la química orgánica del ecosistema en compuestos, sobre todo ricos en NH4, los más asimilables por todo tipo de plántulas jóvenes, y más aún si cabe las herbáceas como el cáñamo. Es decir, los compuestos amoniacales.

Cuando llega la etapa final del crecimiento ya para la floración, muchos aficionados trasplantan hacia maceteros -más grandes o más pequeños- pero siempre con menos abonos de crecimiento, ya que aún están en la tierra y pueden dar un crecimiento vegetativo, indeseado en la floración. Es decir un trabajo extra, un cuidado más.

En el medio natural, al llegar la temperatura en verano a su clímax, al igual que se alcanza el máximo verdor y nivel de resina en el cáliz cannábico (flor zigomórfica antiquísima), el suelo, también ha retirado en ésta época del año los nutrientes nitrogenados, porque por un lado han sido consumidos los necesarios en esa población vegetal y por otro lado el agua disponible es menor, y por tanto la solubilidad se reduce en detrimento de las funciones de crecimiento de meristemos vegetativos.

En cannabis natural, y me refiero incluso a manchas silvestres de muchos ejemplares de cáñamo, este fenómeno estival es aún más acentuado, ya que la competencia de nutrientes, reduce su disponibilidad, facilitándose la floración de cada planta con los recursos propios almacenados en las raíces.
Por tanto, el fósforo que requiere la planta en este período “tan cannábico” lo facilitan los hongos micorrízicos, que también han llegado al mundo comercial para disfrute de los sibaritas del indoor, aunque se aplican también en exterior.

Lo que al mundo natural le lleva un paso, al convencional le lleva 3 o 5, sirva de ejemplo el lavado de sales, regando mucho el tiesto en agua corriente siempre y cuando esté garantizado un adecuado drenaje, y una buena deshidratación y normalización posterior para evitar pudriciones.

Conductividad, capacidad de intercambio iónico, solubilización, antagonismo de nutrientes, bloqueos nutricionales, aparatos de medida del ph, la relación de él con los anteriores parámetros, y por seguir, pues también la textura, la relación carbono/nitrógeno, el índice de dureza del agua, los esterilizadores o desinfectantes de patógenos como el ozono, los factores de solubilidad de los abonos minerales y orgánicos, y la monitorización de la temperatura, el aire, y del agua de riego.
Si decíamos antes, que como consumidores, la gran variedad de productos ofertados era la pesadilla del cannabicultor, el “manejo profesional” tras comprarlos es ya para cosechar un infarto, más que unas flores, porque siempre nos faltará otra cosa que adquirir, al módico precio de un puñado de euros, porque es “imprescindible”.

Así que suma y sigue, porque el quebradero de cabeza o dolor, en principiantes y no principiantes, es la factura de la luz, que es tema aparte....

La solución que aporta esta corriente de la agricultura, incluso aplicable al interior, como está de moda en el mundillo, es el “cultivo orgánico” o bien de “guerrilla” en exterior, se basa en abonados tirando a pobres, como los de las tierras naturales, o incluso enriquecidos con hummus como son las tierras ricas también en la naturaleza.

La clave es no perder la visión holística frente a la atomista, o sea nuclear y cerrada, y mantener un fuerte criterio ético respaldado por el respeto a los principios naturales de no contaminación y moderación en los procesos de desarrollo sin forzar, como hacen los ecosistemas y como deber ser también respetado en el ecosistema social si queremos crecer sanamente en todos los sentidos.

Veremos bajo este prisma de contraste, como la lógica natural se está imponiendo cada vez más, puesto que los enfermos merecen lo mejor, y menos perjudicial para mantener la salud y si es posible restaurarla o al menos “Permanecer Feliz” en ella.