El cannabis y el cáñamo, como cultivo industrial, ayudarían a mitigar el efecto de la contaminación y retrasar la aparición del cambio climático, además de mejorar los sustratos de cultivo.

Cannabis contra el calentamiento global, una entrevista a Miguel Gimeno

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Benito Díaz (imagen de Tele13)

El cannabis y el cáñamo, como cultivo industrial, ayudarían a mitigar el efecto de la contaminación y retrasar la aparición del cambio climático, además de mejorar los sustratos de cultivo. El cambio de relación entre los seres humanos y la planta podría servir como un potente catalizador que actúe en la reducción de los efectos del calentamiento global antropogénico.

Conversamos con Miguel Gimeno, ecoagricultor, experto en cultivos biológicos y colaborador habitual en medios cannábicos, así como divulgador con su libro Marihuana al natural. “Todas las plantas aspiran CO2 y expiran O2. Su presencia refresca el ambiente y reduce el impacto del sol en el suelo. Además, evitan la desertización y la degradación del ecosistema”, nos explica.

< La marihuana es una gran baza contra el cambio climático >

La marihuana es una gran baza contra el cambio climático, pues es muy resistente y adaptable. Soporta estrés hídrico, causas ambientales, carencias de nutrientes y cambios diversos en la climatología. Otra cosa sería hablar de la calidad de un cannabis que haya tenido que luchar contra todos estos factores, claro. También es conveniente hablar de la capacidad del cáñamo y el cannabis para enfrentarse a la deforestación de los bosques”, relata nuestro experto. “Estos ecosistemas se explotan debido a la exigencia de celulosa para fabricar papel, o para la obtención de textiles, que podrían ser fácilmente sustituidos por el cáñamo”.

El cultivo de cáñamo ha sido utilizado durante siglos en la agricultura como preparación previa del suelo a la plantación de cereales y otros vegetales alimentarios, debido a la capacidad de sus raíces para 'abrir' la tierra y mejorar el sustrato para otros tipos de cultivo”, recuerda Gimeno. Comentamos la importancia del llamado “secuestro de carbono”, un fenómeno que consiste en la retención de este gas en el suelo y en las plantas, obtenido a través de su respiración y potenciado por microorganismos que también ayudan a fijarlo en el sustrato para su uso por parte de los vegetales. “Las bacterias, micorrizas y otros probióticos relacionados, ayudan a la planta a absorber este carbono, que obtiene también mediante la fotosíntesis, y fijarlo a sus estructuras vitales. Es importante que el cultivo sea orgánico, pues estos microorganismos son muy sensibles a productos químicos y de otra forma morirían”.

Las críticas se basan en una concepción intensiva del cultivo

Sobre la opinión de algunos críticos que afirman que el cultivo de cannabis es perjudicial para el medio ambiente, debido al alto gasto energético que producen, sus elevadas necesidades de agua y a la contaminación producida por la utilización de abonos químicos y pesticidas, Gimeno lo tiene muy claro: “Eso solo sería así por una mala aplicación del cultivo convencional en sustitución de un cultivo ecológico y orgánico, de cannabis o de cualquier otra planta, sean habas o lechuga. Los cultivos indoor suelen usar focos de alto gasto energético sostenidos por energías no-renovables, como la nuclear. Los abonos químicos y pesticidas son producidos ya en origen en industrias contaminantes, además de ser necesario su envío en medios de transporte en flotas de camiones, etcétera. Su huella ecológica es tremenda”, asegura.

La agricultura tradicional se basa en fertilizar las plantas. La agricultura ecológica, por el contrario, trata de fertilizar el suelo con técnicas como el compostaje. La vuelta del cultivo industrial de cáñamo y de marihuana traería consigo una revolución a nivel social muy importante. Hablamos de afectar a la industria energética con una alternativa ecológica, la recuperación de la biomasa natural; de un impacto notable en las industrias textil, farmacéutica… Un gran impulso al mundo rural, una oportunidad de independencia energética con los biocombustibles, una menor huella ecológica” concluye Miguel Gimeno.

El análisis de la fundación FAAAT, titulado “Cannabis y desarrollo sostenible” viene a completar la información dada por Gimeno. “El trabajo entre los seres humanos y el Cannabis Sativa es necesario para construir sociedades verdes y capaces de enfrentarse a cambios o agentes perturbadores. Muchos de los hallazgos presentados muestran que la planta de cannabis y las reformas de políticas sostenibles, proporcionan un conjunto de herramientas para ayudar a mitigar el cambio climático y abordar sus efectos. El cannabis y sus políticas pueden no estar en el centro de la acción multilateral sobre el cambio climático, sin embargo, son un factor que influye en el clima y los resultados del cambio climático, ya sea positivamente en el caso del potencial de la planta (por ejemplo, usos de la planta para los numerosos fines no relacionados con la psicoactividad, fitorremediación de suelos ...) o negativamente en el caso de políticas fallidas (por ejemplo, la deforestación causada por cultivos ilícitos impulsados ​​por DTO, cultivos en interiores ...)”.

Las políticas relacionadas con el cannabis pueden tener un efecto renovador en zonas rurales, amenazadas por la despoblación y abandonadas a su suerte por la Administración. Citando el anterior estudio, puede que el cannabis no vaya a salvar el mundo, pero sí tiene un papel fundamental en la transformación del planeta y sus habitantes.