Con la amenaza que supone el plástico para el planeta, el cáñamo se presenta como una alternativa sostenible.

Bioplásticos de cáñamo, la respuesta para el planeta

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Benito Díaz

La producción y utilización de plásticos, provenientes de fuentes no renovables, enfrenta al planeta a un grave problema de contaminación. No solo cuentan los gastos energéticos, ocasionados por su fabricación. También el impacto de los mismos en el medio ambiente, fruto de la mala gestión de los residuos.

Se calcula que hasta 2015, se habían producido 6.500 millones de toneladas de plásticos, de los cuales se habrían acumulado un 79% en basureros, un 12% habría sido incinerado, con el coste medioambiental correspondiente, y tan solo un 9% terminaría siendo reciclado. “Si continúa esta producción y gestión de residuos, en 2050 habrá aproximadamente 12. 000 millones de toneladas de basura plástica en vertederos o en el medio ambiente”, asegura un artículo de Science Magazine.

La degradación de los plásticos convencionales también plantea un serio peligro, dada la capacidad de los mismos de fragmentarse hasta alcanzar pedazos de menos de 5mm de diámetro, momento en el cual se les considera microplásticos. Estos elementos contaminan las aguas de consumo humano y son responsables directos de la muerte de la fauna marina, junto a vertidos tóxicos y otros plásticos.

Para enfrentar esta situación, la investigación se vuelve hacia formas alternativas y renovables, como son los polímeros de origen vegetal, obtenidos de plantas tales como el maíz, la patata o, en el caso que nos ocupa, el cáñamo.

Cáñamo industrial

La planta de cáñamo es una vieja conocida de la producción textil y papelera. Su uso se remonta miles de años hasta sus primeras utilizaciones documentadas para la elaboración de papel en China. Una empresa provechosa en la antigüedad, coartada por el prohibicionismo estadounidense de principios del siglo XX, en favor de plásticos como el nylon, no biodegradables.

El bioplástico de cáñamo puede ser totalmente natural y de fácil acceso a través de los cultivos industriales. Funciona como sustituto potencial de muchos plásticos petroquímicos y se presenta como ligero, duradero y biodegradable. No es una novedad en el campo de la producción a escala, pues los primeros plásticos ya lo utilizaban. Interesa su alto porcentaje de celulosa, cerca del 77%, frente a otras fuentes naturales como la madera (40-50%) o el algodón, con un 90%, pero mucho más costoso de producir.

Producción

La celulosa es la clave de la producción de estos bioplásticos. Pueden extraerse las fibras directas del tallo de la planta. También la pulpa en crudo puede hidrolizarse, es decir, descomponerse en componentes añadiendo solo agua. Otra forma es humedecer la planta en una solución de ácido débil, transformándola en celulosa nanocristalina, que será la base para la fabricación de productos plásticos.

Su tratamiento con solución alcalina y ácido sulfúrico dará como resultado la aparición de películas de celofán. Para obtener celuloide, uno de los primeros plásticos fabricados en la historia, se agrega ácido nítrico para hacer nitrocelulosa. Tras añadir alcanfor, se obtiene un plastificante muy utilizado para producir termoplástico denso, que se vuelve maleable cuando se calienta, pudiendo moldearse en forma de piezas para vehículos, objetos de uso cotidiano, etcétera.

La celulosa del cáñamo también se puede combinar con otras formas vegetales como el algodón, el yute, el sisal o el lino, y crear así bioplásticos compuestos, ideales para bolsas de basura compostables, materiales de embalaje, auriculares, cañerías, cascos para rugby, entre otros.

Otras ventajas

Los bioplásticos derivados del cáñamo cuentan además con la ventaja de su bajo coste, en relación con otros plásticos petroquímicos tóxicos. Además, contribuye a reducir la emisión de CO2 a la atmósfera, tanto en su fabricación como en la gestión de sus residuos biodegradables. Como nos comentaba Miguel Gimeno, el cáñamo y el cannabis son “sumideros de carbono”, capaces de absorber el CO2 de la atmósfera y utilizarlo para su crecimiento, atrapándolo y expirando oxígeno, elaborando más y más celulosa.

Según el Departamento de Agricultura de EEUU, “una hectárea de cáñamo puede producir cuatro veces más papel que una hectárea de árboles”, con su consiguiente velocidad y sostenibilidad.

La utilidad del cáñamo es amplia y conocida por los especialistas. Con él se pueden fabricar componentes útiles para la construcción de edificios, hormigón, textiles, sustituto ecológico para la fibra de vidrio, muebles, materiales para el suelo, entre muchos. Por supuesto, bolsas, vasos y cañitas de refresco biodegradables.

El cáñamo industrial, a pesar de encontrarse siempre por debajo del 0,2% de THC, sigue estando estigmatizado junto a la Marihuana. En nuestro país, tan solo existen 200 hectáreas destinadas a este cultivo, frente a otras experiencias como la francesa (9.000 hectáreas) o la italiana (3.000 hectáreas).