Hay algo maravilloso en el hecho de ver nacer un proyecto musical y cómo éste va desarrollándose, creciendo, adquiriendo su toque genuino y enriqueciéndose con la aportación de personas próximas (músicos, técnicos, seguidores, amigos) que se acercan al mismo o que se implican en él desde un prisma más personal.

SUNNARE

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Hay algo maravilloso en el hecho de ver nacer un proyecto musical y cómo éste va desarrollándose, creciendo, adquiriendo su toque genuino y enriqueciéndose con la aportación de personas próximas (músicos, técnicos, seguidores, amigos) que se acercan al mismo o que se implican en él desde un prisma más personal.

Aunque se presente en apariencia como soul -por aquello de sondear afinidades y buscar un punto de anclaje estilístico-, Sunnare es un proyecto abierto, libre, que utiliza la música “libre de sometimientos” con voluntad de generar un clima propicio que permita alcanzar a las personas que les escuchan y conectar con su más profunda humanidad. Su segundo trabajo en el mercado, el Ep autoeditado “Play Room”, expone una pequeña muestra de la variada gama de géneros musicales con la que han decidido pintar un cuadro que irradia positividad, sensibilidad y buenas vibraciones, sin renunciar con ello a cambiar la sociedad.

Os habéis definido en público con la etiqueta “more than soul”, lo que en cierta medida busca un punto de anclaje en el (nu) soul, pero abriendo la mano a otros estilos afines (swing, reggae, pop, funk). ¿Qué ventajas y/o inconvenientes os supone no afiliaros a un estilo de música concreto?

El no aferrarnos siempre a un sólo estilo concreto nos permite hacer en cualquier momento lo que nos apetezca y como nos apetezca. No sentimos que haya grandes inconvenientes a la hora de trabajar así, es más libre, flexible y capaz de dar respuesta más concreta a según qué emoción o mensaje queramos transmitir.

¿Qué le aconsejaríais escuchar a un seguidor de la banda que quisiera profundizar en las influencias que plasmáis en vuestra música?

A día de hoy le aconsejaríamos que se dejara llevar por los sonidos con tintes clásicos pero actuales de grupos como Ben L´Oncle Soul o St.Paul & the Broken Bones, por voces y melodías hermosas como la de Lianne La Havas o José James, o por propuestas como las de Moonchild, Allen Stone o Hiatus Kaiyote.

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El nuevo Ep se abre con el poco armónico sonido de cláxones, que muchos urbanitas identificarán con la desasosegante banda sonora de las grandes ciudades. ¿Teníais en mente realizar una velada crítica al modo de vida que algunos hemos elegido?

Realmente no es en concreto una crítica al modo de vida urbano, capaz de matizarse de distintas maneras y con distintos enfoques según la persona, y totalmente respetable por nuestra parte para aquellas que lo quieran así, aunque también mejorable sin lugar a dudas, sino que esa intro sonora abre paso más bien a lo que sí es una reflexión acerca del mundo incoherente, insostenible, inhumanizado, individualista, etc. que estamos construyendo entre todos a través de la canción “Crazy world”.

¿En qué medida representa un avance tomar distancia y alejarse de las grandes urbes para componer con un cierto sosiego y paz mental?

En la medida en que cada uno sienta la necesidad. Retirarse es un ejercicio que hacemos a diario, a veces estamos hacia afuera y otras hacia dentro, a veces nos expandimos, a veces nos contraemos, es la propia respiración, el dar y recibir, el coger y soltar. Es encontrar el equilibrio, el hueco y el espacio necesario para cada uno. A la hora de componer, cualquier lugar puede aportar cosas interesantes.

“Rich woman”, el tema escogido para vuestro videoclip promocional, es todo un alegato que transmite que la felicidad no pasa necesariamente por la abundancia de dinero y poder, sino por el desarrollo personal armonioso apreciando los pequeños detalles que nos brinda la vida. ¿Nos están vendiendo una versión interesada de la felicidad para que en realidad potenciemos esos aspectos oscuros de la naturaleza humana (avaricia, egoísmo, competitividad, exclusión…)?

Por desgracia sí, nos están vendiendo una felicidad basada en necesidades materiales, proyectando sobre nosotros creencias superficiales que nos disgregan de nuestra propia esencia. Cada uno tenemos la responsabilidad de decidir en base a qué fundamos nuestras decisiones y elecciones.

¿Hasta qué punto puede la música contrapesar el mensaje que se transmite desde los medios, la educación y la convivencia social?

Consideramos la música como un medio de expresión más, en nuestro caso, libre de sometimientos. A veces el mensaje musical es capaz de llegar más potente a la persona que lo recibe porque no es tan mental, puede atravesar por sí solo corazas que creemos que nos defiende y rendirnos ante una canción u obra de arte sin saber muy por qué. Desde épocas inmemorables el ser humano ha utilizado el arte como medio de expresión del alma profunda que quiere gritar y no puede, que quiere cambiar y no le dejan, que quiere llorar y no sabe cómo… Nosotros creemos en el arte como medio de transformación personal y social.

¿Os sentís responsables cuando os subís a un escenario de cara a transmitir un mensaje adecuado para quien os escucha?

La verdad es que sí. A veces pasa que entre la persona que está en el escenario y la que se encuentra en el público se genera una especie de simbiosis que hace que una se convierta en el espejo de la otra y viceversa. Por ello, esa responsabilidad de la que hablamos pasa primero por la sinceridad con uno mismo, la humildad y respeto con los demás, y la gratitud con cada uno de los aspectos.

Habéis participado en diversos proyectos (Música en Vena, Diabetes Experience Day) que tratan de aplicar la música como terapia de curación y alivio de pacientes que sufren enfermedades varias, además de canciones como “Santorini”, que hablan expresamente de ello (“todo lo que duele, todo lo que hiere, se va, se lo lleva el mar”). ¿Qué balance hacéis de estas experiencias?

Muy positivo, gratificante y necesario. Como decía anteriormente, las fuerzas opuestas entre el dar y recibir hacen que los sistemas se equilibren, por eso ocasiones como estas nos posibilitan ofrecer lo que tenemos al bien común.

¿Cuál ha sido la reacción de los pacientes y de qué modo les influye a efectos de superar las enfermedades que padecen?

Como han sido ocasiones puntuales y no un proyecto continuado en el tiempo, lo que hemos podido ver es que la propuesta les llega como si fuera un chute musical que al menos durante ese rato les permite dejar a un lado la enfermedad.

¿Alguna anécdota vivida que refleje este proceso de superación?

Hemos asistido en 2 ocasiones al proyecto de Música en Vena. La primera vez sólo fuimos Marta, David y Eva, e hicimos un par de conciertos en el área de Salud Mental, uno con niñas preadolescentes con trastornos alimenticios y otro con niños que tenían otro tipo de diagnósticos. La segunda vez fuimos la banda entera al auditorio del hospital y se abrieron las puertas a todos los pacientes que quisieron asistir. Tanto en unas experiencias como en otras nos encontramos con casos impactantes que nos llegaron directos al corazón y que nos enseñaron muchas cosas. Ejemplos de valentía, superación y amor incondicional, miradas apagadas y gestos tristes que se iluminaban cuando sonaba la música, pequeños que, aún conectados a cables y sondas, hacían por bailar con nosotros; detalles que demuestran el valor de la vida.

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Como en vuestro caso os dedicáis profesionalmente a aspectos educativos / formativos relacionados con la música, y dado que la reciente LOMCE (Ley Wert) decidió prescindir de la música como materia obligatoria, reduciendo sus horas lectivas, ¿por qué sigue siendo necesario que siga impartiéndose música en las aulas y centros de formación no reglada?

Porque la música supone el desarrollo integral de muchas de las capacidades humanas. Llega a lugares donde los libros no pueden acceder. Permite al ser desplegar sus alas, le da un medio de expresión, de creación, favorece el desarrollo social, emocional, incluso psicomotor y cognitivo. Además, desde la música también se puede trabajar transversalmente para lograr casi cualquier tipo de objetivos.

fotografías: Pedro Walter