Recuerdo haber asistido, hace más de cuatro años en la sala El Junco de Madrid, al preludio de lo que sería DuMMie -escrito igual que aquellos muñecos que servían para testar airbags de vehículos en colisión-.

DuMMie

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Recuerdo haber asistido, hace más de cuatro años en la sala El Junco de Madrid, al preludio de lo que sería DuMMie -escrito igual que aquellos muñecos que servían para testar airbags de vehículos en colisión-.

Se trataba de un proyecto de encuentro, poco perfilado, entre dos amigos músicos con un amplio bagaje en las sonoridades negras (y cierto éxito efímero con sus respectivas bandas), pero dispuestos a encontrar una forma propia de decir. Una manera genuina de expresar a través de la música. Un lenguaje con el que transmitir la sensación de estar sondeando un camino en busca de un espacio propio como músicos y, por qué negarlo, también como personas. A dos años de la publicación de su ópera prima, “Un Jardinero en la Antártida” (Youkali Music, 2014), y ya con la segunda obra en previsión, el quinteto suena cohesionado y con un concepto claro, si bien aún en proceso de consolidar un público propio.

Los músicos que conformáis la banda en la actualidad tenéis un gran bagaje detrás de proyectos que, por un motivo u otro, no terminaron de cuajar o alcanzar cierto reconocimiento social. ¿En qué medida os han resultado útiles vuestras andanzas con No Reply (Álex) y Mojo Project (Goiko) para enfocar Dummie? ¿Qué errores no volveríais a repetir y qué enseñanzas os han reportado a nivel personal?

Nuestras bandas anteriores han sido escuela para nosotros, tanto musical como para saber lo que es gestionar y desarrollar un proyecto personal. Personalmente No Reply me descubrió el mundo de la música y de las canciones, con ese grupo decidí que a lo que me quería dedicar en la vida era a tocar y a componer. Cometer errores es parte del camino de todos, parte del apredizaje. No se puede avanzar si no tropiezas y te vuelves a levantar. Y por ese sendero seguimos, aprendiendo.

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Titulasteis vuestro primer álbum “Un Jardinero en la Antártida” al haber llegado a la conclusión Goiko y Álex de que como músicos vuestro porvenir era inexistente por predicar en un entorno gélido y hostil para la cultura en general, y la música en particular. ¿En qué medida ha cambiado vuestro parecer desde entonces? ¿Sentís que ha comenzado a cambiar la percepción que nuestra sociedad tiene del músico como profesional o no como un mero hobby? ¿Pueden las nuevas circunstancias políticas contribuir a cambiar la receptividad hacia la cultura?

La sensación que tenemos creo que sigue siendo parecida, de hecho nos hemos dado cuenta aún más de lo difícil que es que la gente conozca y se interese por los proyectos musicales emergentes, en este caso DuMMie. Es difícil escapar de las etiquetas, de la inmediatez de las nuevas plataformas para dar difusión a las bandas (redes sociales), y de lo que significa el consumo de la música. Creo que lo más importante es hacer lo que uno quiere hacer, sin concesiones y de manera cien por cien honesta. La honestidad es el fin de cualquier camino artístico. De la política y su relación con la música y cultura, me da mucha pereza hablar, la verdad.

Hace un año afirmabais, en una entrevista, que “es muy difícil hacerse hueco musicalmente hablando en este país, donde las etiquetas mandan”. Para una formación como la vuestra, que se mueve en la frontera entre sonoridades jazzeras y letras que, aunque se pretenden pop, no son nada obvias ni sencillas de corear. ¿Habéis conseguido encontrar un espacio y un público que os siga con fidelidad? ¿Hasta qué punto eso es importante para refrendar o no los planteamientos musicales y conceptuales de la banda? ¿Cuál ha sido la respuesta más sorprendente o curiosa que habéis recibido por parte de algún asistente a vuestras actuaciones u oyente del disco?

No, creo que no hemos encontrado ese “público” o “espacio” del que hablas. Todo se consigue con trabajo y tiempo, sin prisa. Aún así, eso no tiene nada que ver con qué música hacemos o con la que vayamos a seguir haciendo. El fin no es la fama ni llenar salas, ni de lejos. Es esa búsqueda de lo que uno mismo TIENE que hacer lo que buscamos con este proyecto. La idea y el concepto de esta banda para mí valen más que cualquier cosa que yo haya hecho hasta ahora. Es un fin en sí mismo, no un medio para conseguir nada.

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La máxima que aplicáis en la composición de vuestras canciones es “buena música, buenos arreglos, buenas composiciones y en español es posible. DuMMie es, ante todo: CANCIONES. Letras inteligentes en español, arropadas por arreglos musicales de tintes jazzeros”. ¿Cuál es el proceso desde que os visitan las musas de la creatividad hasta que una canción se ve plasmada en un disco? ¿En qué medida contribuye cada uno de los músicos en el proceso creativo de la banda? ¿Cuál es el criterio que empleáis para desechar canciones que no encajan con el concepto de Dummie?

Ese es el proceso creativo más complicado y divertido que hay. Hay dudas, euforia… Para mí significa comerse el tarro. Escribir, escuchar, leer, tocar… Llevamos metidos más de un año en ese proceso. Sin prisa también, sin forzarlo. Enmaquetando y valorando. Yo estoy muy contento con las previsiones del siguiente disco, pero aún no sé cuándo vamos a poder tener suficientes temas como para entrar al estudio, aunque espero que sea a final de año. Cada canción queremos que sea especial para nosotros, esa es la manera para no desechar nada. El trabajo con los músicos de DuMMie es muy divertido, ya que todos ellos son unos músicos que me alucinan y encima son mis colegas. Es una pasada poder compartir estas canciones con ellos y que las vayamos moldeando juntos.

Siempre he tenido la sensación de que Dummie ha sido para vosotros como un caprichito musical que os habéis permitido para dar rienda suelta a vuestras apetencias musicales, fueran o no comerciales, dado que vuestro trabajo como músicos de India Martínez y Gemeliers (Goiko) y Quique González y M-Clan (Álex) ya os garantizaba la supervivencia y abonar las facturas a fin de mes. ¿Estáis de acuerdo con esta afirmación? ¿En qué os ayuda y os perjudica compaginar Dummie con vuestro trabajo como músicos de bandas más consolidadas comercialmente?

No, no estoy de acuerdo. DuMMie no es un capricho, es una necesidad, y me encantaría que fuese el motor económico del que depende mi vida, pero como te dije antes las cosas llevan su tiempo. He trabajado un año en gira con M-Clan, pero Quique González es mi amigo, nunca ha sido mi jefe. De momento, para mí trabajar para otros artistas es una manera de seguir creciendo y aprendiendo como músico, y que me da el dinero para pagar mis facturas. Es una suerte poder hacerlo y que otros músicos quieran contar contigo para desarrollar sus proyectos; se aprende mucho.

Actualmente estáis inmersos en el proyecto “Choque Frontal”, cuyo principal cometido es compartir música, provocar el encuentro con músicos afines de diversos ámbitos estilísticos interpretando composiciones propias y ajenas. Vuestra primera víctima ha sido Quique González, con quien habéis musicado un poema de Ángel González, un tema propio y versionado un clásico de Antonio Vega. ¿Tenéis en mente darle continuidad al proyecto? ¿La idea es ir dosificándolo a través de videos antes de plasmarlo en un álbum -como ya hicisteis en su momento con los temas de vuestro primer álbum-?

La verdad es que el proyecto de Choque Frontal lo tenemos parado ahora mismo. Nos apetecía mucho hacerlo, pero de repente las ganas de hacer un disco propio están ganando. Creo que iremos haciendo esos Choques Frontales cuando podamos y tengamos ganas, y artistas que nos gusten quieran participar, pero de momento lo más importante es terminar de cerrar las composiciones que conformarán el segundo disco de DuMMie.

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Con el concierto de la sala Clamores cerráis un ciclo, el de la gira que ha servido para presentar “Un Jardinero en la Antártida”, y comenzáis un periodo nuevo. ¿Cuál es vuestro balance de este periodo que concluye? ¿Qué metas u objetivos os habéis fijado para Dummie y en qué medida han ido satisfaciéndose? ¿Qué tenéis en mente poner en marcha o afrontar en el corto-medio plazo y hasta qué punto será similar o no, a nivel musical y conceptual, respecto a vuestro primer álbum?

Para mí el balance es súper positivo, hemos arrancado un proyecto que me va a acompañar de por vida. Estas canciones van a venir conmigo ya para siempre, y eso me parece muy bonito. Con este primer disco y estos dos años tocando, hemos formado una banda y hemos creado un sonido nuestro. Se podría pedir más, pero creo que sería contraproducente; eso ya es mucho. El disco nuevo va a tener ese sonido, el sonido de DuMMie, pero habrá nuevas canciones y nuevas historias más acordes con las circunstancias que estamos viviendo hoy por hoy como individuos. Tenemos muchas ganas de empezar con este nuevo viaje hacia alguna parte.

Fotografías de Jorge Cueto.

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