Entrevista al coordinador de ConsumoConCiencia, asociación de aragón que practica el análisis de drogas entre otras tareas formativas en reducción de riesgos.

La reducción de daños en Aragón: entrevista con Javier Sánchez, de ConsumoConCiencia

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Arnau Alcaide

Consumo ConCiencia es una de las asociaciones que practican el análisis de drogas, entre otras tareas educativas en la óptica de la reducción de riesgos. Están en Aragón, donde el apoyo institucional “ha sido muy inferior al esperado”, a diferencia del que han recibido otras como Ai Laket!, Energy Control o Hegoak en el País Vasco, Cataluña o Navarra. Una entrevista a su coordinador, Javier Sánchez, sobre la tarea de Consumo ConCiencia y las dificultades a las que se enfrenta una asociación de estas características hasta su relativa consolidación.

¿Cuál es vuestra labor? ¿Qué actividades tenéis y qué lográis?

Consumo ConCiencia es un programa creado en Aragón en 2016 para trabajar el tema de las drogas desde la óptica de la reducción de riesgos, perspectiva implantada hace lustros en otros territorios por entidades como Ai Laket!, Energy Control o Hegoak.

Tenemos dos grandes ámbitos de trabajo: el formativo y la intervención en espacios de ocio, en nuestro propio local y a través de nuestras redes. En el primer caso, que es nuestro fuerte, hacemos talleres para jóvenes, para madres y padres y cursos más extensos para educador@s, destinados a cambiar la mirada sobre el tema, de modo que se pueda abordar sin los mitos prohibicionistas. Además, también hemos hecho pequeños cursos para periodistas, para intentar que traten el tema sin el sensacionalismo y la desinformación habituales.

En el segundo, lógicamente y como parte de la información, también ofrecemos análisis de sustancias, la posibilidad de usar una balanza o pruebas homologadas de alcoholimetría, y también materiales de reducción de riesgos y daños: preservativos, filtros, rulos, suero fisiológico, magnesio...

¿Cómo surgís? ¿Cuál es la motivación en el nacimiento y en adelante?

La persona que fundó y que coordina actualmente Consumo ConCiencia lleva 17 años trabajando el tema desde una militancia activa para cambiar las políticas actuales, lo cual implica, entre otras cosas, recuperar el debate sobre drogas en los movimientos sociales, casi totalmente abandonado desde hace más de dos décadas, y que sólo se retoma ahora tímidamente en esos espacios para el caso del cannabis.

Por supuesto, existía una necesidad no cubierta en Aragón de una organización que trabajase desde la perspectiva de la reducción de riesgos y ése es un vacío que se intentó cubrir. Las dos perspectivas son para nosotr@s indivisibles y siguen siendo las que sustentan nuestro trabajo.

¿Qué tiene de especial vuestra asociación a nivel regional?

Como os comentábamos, en Aragón no había ninguna que trabajase específicamente desde la óptica de la Reducción de Riesgos (RdR). Eso implica, claro, que en los espacios de ocio nocturno no se trabajaba con las y los usuarios, mucho menos desde el respeto, desde una perspectiva de educación en la responsabilidad y sin falsas moralinas. Pero además, tampoco había una organización preventiva que discutiese los presupuestos prohibicionistas, que los denunciase sistemáticamente, y tampoco que le diera la necesaria amplitud al tema, tanto en términos histórico-sociológicos, como económico-políticos.

¿A qué se enfrenta un grupo como vosotros si desea consolidarse como Energy Control o Ai Laket!!? ¿Qué pasos seguís y qué dificultades encontráis?

Lo cierto es que es muy, muy complicado, y que esto no sale adelante si no se cree mucho en lo que se hace y si no se tiene una perseverancia a prueba de bomba. Nosotr@s tuvimos que nacer sin apoyos, siquiera de quienes los tenían comprometidos, aunque es cierto que luego Hegoak y Ai Laket! nos echaron un cable que fue importantísimo anímicamente, y mantenemos una colaboración muy buena con ell@s.

A nivel institucional, el apoyo ha sido muy inferior al esperado (y al necesario) y eso hay que tenerlo en cuenta a la hora de hacer planes. Además de mucho trabajo sin ver ni una, han hecho falta préstamos personales para resistir a los plazos de pagos de la Administración, por ejemplo. O hacer “másters” acelerados en temas burocráticos porque, además de que éste sea un problema endémico de este país, en el caso de tercer sector también cumple un papel selectivo: si eres una asociación pequeña, vas a tener que matarte para cumplir unos requisitos, muchas veces absurdos, mientras que las grandes ONGs y fundaciones con mirada más conservadora tienen el dinero y el personal suficiente y salen beneficiadas de eso.

Hemos resistido y pasado lo más difícil, pero económicamente seguimos siendo muy precari@s y manejamos un presupuesto que hace que sigamos siendo “niñ@s de teta” al lado de Energy o Ai Laket!; lógico, por otro lado, porque aparte de otras razones, somos un proyecto muy joven.  Ell@s abrieron el camino, y en ese sentido les resultó más complicado, pero en algunos territorios es más fácil conseguir apoyo que en otros, así que ambos elementos pueden llegar a compensarse.

No queremos dar una idea “ceniza” del asunto; se puede hacer y se debe intentar, pero sí hay que ser conscientes de las dificultades y de lo exigente que es crearlo y sostenerlo.

Tenéis una postura concreta respecto al cannabis, política, que os diferencia de otras asociaciones. ¿A qué se debe?

Todo el mundo tenemos una perspectiva política, sea consciente o no, más transformadora o más conservadora. En realidad, nuestra postura no se circunscribe al cannabis, sino que es general. Nuestro enfoque es muy político, en el buen sentido de la palabra. Obviamente somos apartidistas; es una acción “política”, no “politiquera”, tal como se distingue en América Latina…

Respecto a la regulación del cannabis, obviamente abogamos por ella, pero lo importante es el cómo se hace. En eso, afortunadamente, no somos diferentes de la parte más consciente del movimiento cannábico, y cada vez van siendo menos las voces que celebran la regulación se haga como se haga, y también contamos con más ejemplos de los lugares donde se han ido implantando ciertos modelos.

Además, nos resistimos al chantaje de una supuesta “alianza amplia” antiprohibicionista que incluya miradas políticas neoliberales. En primer lugar, porque el antiprohibicionismo para nosotr@s es parte de una acción transformadora general, y no vamos a establecer lazos con quienes apoyan y profundizan el sistema económico delirante y criminal que sufrimos. En segundo, porque ese antiprohibicionismo es efectivamente “supuesto”: determinados poderes fácticos apoyan la regulación del cannabis (según un cierto modelo) porque les da más beneficios que mantenerlo ilegal, por las peculiaridades (su descentralización, por ejemplo) de la producción de la planta. Obviamente, estos mismos grupos apoyan la prohibición de otras sustancias (opio y derivados, o cocaína, por ejemplo), por el mismo motivo económico: los grandes beneficios están muy centralizados y los de sus sucedáneos farmacéuticos, también. Sólo si se analiza el tema desde el plano económico-político se puede entender la posición de algunos grupos.

Otra cosa, obviamente, es que también haya una presión popular y de gente realmente honesta que quiere que cambien las cosas y que aboga (abogamos) por la una regulación justa. Por citar tan sólo algunos aspectos generales, entendemos que ésta debe incluir un polo de producción pública debidamente incardinado con productor@s individuales, clubes, cooperativas y otras figuras de economía social, preferentemente de ámbito local, que prioricen el producto ecológico y de proximidad para cubrir las demandas de las personas consumidoras; sean terapéuticas o no.

Evidentemente, nosotr@s defendemos la regulación de todas las sustancias, no sólo del cannabis. Queremos salir de este sistema prohibicionista a todos los niveles. Por eso tampoco podemos caer en argumentos trampa, porque la regulación en ningún modo se deben basar en la baja toxicidad o peligrosidad de los distintos productos obtenidos de las innumerables variedades de la planta del cánnabis. Esto implica dar credibilidad a la premisa de la prohibición (de la “guerra contra algunas drogas”) de que las sustancias legales lo son por ser menos peligrosas o potencialmente dañinas y las ilegales ostentan esa condición exactamente por lo contrario, lo cual es evidentemente falso. Aparte de por muchos otros motivos, cuanto mayores son los riesgos de una sustancia, mayor razón para que ésta sea legal; para que esté despenalizada y así su consumo se produzca del modo más controlado posible, pueda ser asesorado por personal especializado y, por supuesto, para que existan los debidos controles de pureza y calidad.

Además, como antes decíamos, tratamos de dar siempre una perspectiva lo más amplia posible. Por ejemplo, escuchamos decir repetidamente que la guerra contra las drogas “ha sido un fracaso”, pero en realidad se puede considerar un éxito si entendemos que pretende la generación de superbeneficios, la legitimación de intervenciones militares, profundizar en el control social, el embrutecimiento y/o aturdimiento general, etc. Todo esto lo hace bastante bien, independientemente de las declaraciones piadosas utilizadas para justificar dicha guerra.

Hablar de cárcel, de exclusión, de pobreza, de saqueos de recursos, etc., etc., además de hacerlo de la protección a la salud es totalmente necesario si no queremos que hablar de drogas sea algo superficial. Cuando damos un curso para educador@s, por ejemplo, advertimos al principio que no vamos a tratar sólo de qué hacemos con las criaturas que “fuman demasiados porros a la puerta del instituto” (sic; que suele ser su idea previa), les damos muchas otras claves porque este tema es muy amplio y cambiando la mirada general entenderemos mejor la acción concreta.

Normalmente, cuando actuáis, lo hacéis gratuitamente para el usuario. Pero, ¿de dónde proviene la financiación?

La mayor parte de ella proviene de proyectos subvencionados por la Diputación General de Aragón, aunque para entender cómo funcionamos habría que pensar más en la cantidad de horas trabajadas sin remuneración y en un funambulismo económico, no elegido.

¿Cómo os contactan para pediros que actuéis? ¿Tomáis la iniciativa de solicitar actuar, en ocasiones?

Las dos cosas. En cuanto a las intervenciones en espacios de ocio, algunos ayuntamientos o comarcas nos han solicitado que instalemos el estand informativo en sus fiestas locales. En el caso de los festivales, solemos tomar la iniciativa y elegir los eventos donde creemos que es más útil la intervención.

En el caso de las actividades formativas, salvo uno o dos cursos que nosotr@s mism@s proponemos cada año, nos suelen solicitar la formación, tanto para jóvenes, como para madres y padres como para educador@s y profesionales de todo tipo. El boca a boca es muy potente y apenas nos tenemos que preocupar por eso porque nos llaman a menudo.

¿Habéis actuado alguna vez sin consentimiento? ¿Por algún motivo?

Nunca. Si actúas en un espacio, tienes que solicitar los permisos correspondientes. Nunca faltaríamos así al respeto; menos con un tema tan controvertido.

¿Creéis que deberían integraros de alguna manera en el sector público? ¿O considerar al menos vuestra labor como servicio público?

Nosotr@s nacimos con vocación de servicio público. Hacemos un trabajo que la Administración no hace, y promovemos un enfoque que tampoco quiere fortalecer, porque no se atreve siquiera a homologar su discurso al nivel de debate que se está dando a escala mundial sobre la regulación.

En realidad, como ya decían hace muchos años los profesionales del Grupo IGIA, “las campañas supuestamente preventivas son la expresión hecha discurso de los criterios políticos penalizadores con los que se está afrontando el tema.”

En todo caso, la RdR se ha ganado a pulso con años de trabajo y resultados incuestionables que las Administraciones nos tengan en cuenta (aunque en unas regiones más que en otras...), pero cuando se trata de proporcionar los medios de trabajo, la defensa decidida y valiente en el espacio público de esta línea de acción y, más aún, de la necesidad de cambiar el eje de la visión prohibicionista, la actuación de los poderes públicos deja mucho que desear, por decirlo de modo suave.

¿Cuál es la mayor dificultad, pensando en la perspectiva nacional, a la que se enfrenta la consolidación de los modelos de gestión, prevención y/o reducción sobre el prohibicionista, desde vuestro punto de vista?

En la línea de lo que comentábamos antes, la cobardía de poderes públicos, combinada con su visión conservadora y acrítica de los desmanes de la política actual, es uno de los principales escollos a salvar. Además, hay que tener en cuenta que cambiar la política sobre drogas afecta a muchos grupos de interés, que a su vez sustentan y presionan a l@s “administrador@s”. En esos grupos, se incluye también buena parte del estamento asistencialista (no todo), que está muy acomodada en una posición prohibicionista.

¿Y en lo que os afecta directamente como colectivo de reducción de daños a nivel tanto nacional como regional?

Las Administraciones saben que esto lo hacemos porque creemos en ello, y por eso hay cierta forma de chantaje. En general, salvo excepciones, aunque no proporcionan los medios y el apoyo adecuados, saben que lo seguiremos haciendo. Además, estamos expuestos al vaivén de las pugnas politiqueras (falsamente políticas) que hacen que se pueda suspender una financiación o difamar y desprestigiar un trabajo sólo por puro interés.

Entre los partidos políticos, ¿cuáles tienen sensibilidad por vuestra tarea? ¿Está muy lejos de su esfera, este debate?

Evidentemente, los más preocupados por mantener el status quo y, en particular, su cuota de poder no sólo no apoyan este trabajo sino que lo torpedean siempre que les conviene.

El escándalo que nos montaron en febrero del pasado año, por puro interés partidista que ni siquiera tenía que ver con la Reducción de Riesgos, sino que era un ataque contra el gobierno de la ciudad, es solo el último de los ejemplos de lo que las organizaciones que trabajan en esto llevan soportando desde que nacieron hace más de dos décadas.

También es cierto, que otras formaciones políticas sí apoyan más esta perspectiva, pero todavía no con la suficiente decisión, entre otras cosas, por ese debate abandonado que comentábamos al principio. Cuanto menos debate ciudadano hay sobre un tema, más permeado está de las categorías de la ideología dominante; la prohibición, en este caso. Y ningún grupo es inmune a eso. Sólo dando con fuerza dicho debate podemos cambiar la mirada general.