Para muchos cultivadores la producción en la cosecha no debe implicar un deterioro en la calidad. Utilizar sustratos y abonos orgánicos será crucial para conseguir unas plantas con el máximo sabor y aroma.

La acción múltiple de los abonos orgánicos: las sustancias húmicas y el suelo

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Ilustración por: Nasser

 

Para muchos cultivadores la producción en la cosecha no debe implicar un deterioro en la calidad. Utilizar sustratos y abonos orgánicos será crucial para conseguir unas plantas con el máximo sabor y aroma.

Los abonos compuestos por humus ricos en ácidos húmicos y fúlvicos garantizarán unas cosechas de inmejorable calidad, por la cantidad de beneficios que aportan.

Los ácidos húmicos y fúlvicos están presentes en el humus, y casi todos los sustratos que se venden en la actualidad tienen un mayor o menor porcentaje de humus. A pesar de ello, pocas veces se especifica su procedencia, su proceso de formación o su contenido. Estrictamente, el humus se define como las sustancias presentes en la tierra y procedentes de la descomposición de los seres vivos que han muerto en esa zona, ya sean animales, plantas, hongos o bacterias. Esta descomposición la llevan a cabo bacterias y hongos que son capaces de transformar esta materia orgánica en inorgánica, es decir, reciclan la materia muerta en sustancias aprovechables para los vegetales, que a su vez la volverán a transformar en materia orgánica, completando así el llamado ciclo de la materia.

El humus es muy rico en carbono (se ahí sus marrones muy oscuros), pero también tiene sustancias ricas en nitrógeno, oxígeno, hidrógeno, azufre, fósforo y potasio. Esto convierte al humus en uno de los mejores abonos naturales presentes en los suelos fértiles.

Las sustancias húmicas son muy variadas dependiendo de los diferentes organismos que se han descompuesto para formarla. Se clasifican en tres tipos en base a la solubilidad que ofrecen frente al agua, ajustada a diferentes grados de pH:

1. Huminas - Insolubles en agua a cualquier Ph. Tienen efectos beneficiosos sobre los suelos, pero al ser insolubles en agua no se pueden utilizar como fertilizantes

2. Ácidos húmicos - No son solubles en aguas ácidas pero sí en aguas alcalinas

3. Ácidos fúlvicos - Solubles en el agua a cualquier pH.

Los ácidos húmicos y fúlvicos son los que han tomado más relevancia en el sector agrícola, ya que pueden emplearse como parte del sustrato en el que crecerán las plantas y también en forma acuosa, incorporados en los abonos.

Si para la cantidad y calidad de la producción en cualquier cultivo agrícola es muy importante el estado del suelo, el sector del cannabis no es diferente. Al tener un ciclo de vida tan corto, la marihuana tendrá un crecimiento muy vigoroso que eliminará rápidamente todos los nutrientes necesarios para su correcto desarrollo. Mucho más en aquellos cultivos de interior cuyas macetas sean reducidas.

La mejor forma de garantizar que las plantas dispongan de todos sus requerimientos alimenticios será aportando al suelo, o a las plantas, sustancias que tengan efectos a corto plazo para restaurar cualquier deficiencia, pero también efectos a largo plazo para que las plantas tengan a su disposición todo nutriente que necesiten en cualquier estadio de su desarrollo. Todos estos requisitos los cumplen los ácidos húmicos y fúlvicos, actuando de múltiples formas para conseguir cultivos totalmente biológicos pero con la máxima producción.

Funciones en el sustrato

La presencia de ácidos húmicos y fúlvicos en la tierra aumenta su fertilidad, actuando a varios niveles que, en conjunto, crearán un sustrato de excelente calidad.

Las sustancias húmicas son capaces de aumentar la capacidad de retención de agua del sustrato, actuando como una esponja que la irá liberando a medida que la planta la necesite. Esta función permite que la zona radicular siempre tenga agua disponible y al mismo tiempo que retienen agua, son capaces de unirse a otras sustancias inorgánicas importantes para las plantas, permitiendo que estén disponibles cuando sea necesario. Esto convierte a los ácidos húmicos y fúlvicos en abonos perfectos de larga duración.

Los sustratos y abonos ricos en estos ácidos aportan la energía y también permiten la presencia de otros seres vivos como animales del suelo, hongos y bacterias, principalmente aquellos que pueden asociarse a las raíces de las plantas. Estas asociaciones benefician de forma directa a las raíces, puesto que las nutren y las protegen frente a posibles infecciones de otros microorganismos perjudiciales. También tienen beneficios indirectos como aumentar la fertilidad de los suelos al mismo tiempo que le dan estructura y estabilidad, o ayudar a eliminar las sales que se van acumulando. Esto es fundamental en el cultivo de cannabis por las grandes cantidades de abonos que muchos cultivadores añaden al agua de riego.

El papel de las sustancias húmicas en las plantas

Las funciones comentadas anteriormente ya suponen un gran estímulo para las plantas (dan estructura al suelo y aumentan tanto la capacidad de retención del agua como la fertilidad del sustrato por la regeneración de los nutrientes minerales). Además, actúan de forma directa en toda la planta, puesto que pueden entrar en las células y provocar cambios metabólicos en las membranas celulares y en varios orgánulos.

El primer efecto directo es el de funcionar como abonos. Dado que tienen su origen en la descomposición de seres vivos, contienen gran cantidad de carbono, un átomo esencial para producir las biomoléculas que necesite la planta en todo momento, como glúcidos, grasas o proteínas. También encontramos en los ácidos fúlvicos el resto de macronutrientes, como nitrógeno, fósforo, potasio o azufre, y micronutrientes como hierro, cobre o zinc. Su contenido en minerales es tan alto que es recomendable aplicar los diferentes productos que los contengan en su dosis recomendada para evitar excesos que tendrían como resultado la muerte de las plantas.

Asimismo, aceleran el metabolismo de la planta, hecho que aumenta el contenido en clorofilas de las hojas, lo que implica un aumento del oxígeno consumido que aumentará el rendimiento y la producción de la planta. Es apreciable la mejora en el sistema radicular de la planta a los pocos días de su aplicación.
Como las plantas pueden incorporarlos fácilmente y son totalmente biológicos, los ácidos fúlvicos se usan como abonos foliares, puesto que se transportarán a todas las zonas de la planta. Sus efectos serán directos en las raíces, tallos, cogollos y sobre todo en hojas jóvenes.

Las leonarditas

Pese a que todos los tipos de humus son aptos como acondicionadores del suelo o como fertilizantes, no todos poseen la misma concentración de carbono y nitrógeno (dos elementos clave para el crecimiento vegetal). Lo mejor será comprobar si la etiqueta del producto especifica la procedencia del humus, para hacernos una idea de su calidad. La leonardita es uno de los materiales con porcentajes más altos en ácidos húmicos y fúlvicos, debido al material en descomposición del que deriva y a los procesos de formación sufridos.

La formación de la leonardita se remonta al inicio del periodo denominado pérmico, inmediatamente posterior al carbonífero. Estamos hablando de hace 280 millones de años. El periodo carbonífero recibe este nombre por la cantidad de yacimientos de carbón que datan de esa época, formados por la gran cantidad de masa vegetal que existía. La leonardita es un compuesto intermedio entre la turba y el lignito, estrictamente, se trata de un carbón fósil.
Una vez extraída la leonardita, se tiene que someter a un proceso de eliminación de impurezas (serán aquellas que sean insolubles en agua como las huminas) y ya tendremos un extracto rico en ácidos húmicos solubles en agua y de bajo peso molecular, que se podrá usar para la fabricación de abonos.

Conclusiones

Los cultivadores de cannabis están acostumbrados a pensar que los mejores productos para sus plantas serán aquellos cuyo porcentaje en nitrógeno, fósforo y potasio sean lo más altos posible, dejando en un segundo plano si son orgánicos o químicos o incluso descuidando la calidad de la cosecha para conseguir mayor producción.

Gracias a los estudios científicos, cada vez queda más claro que fertilizar los suelos con abonos orgánicos tiene grandes beneficios en el crecimiento y en el desarrollo de las plantas, ya que el estímulo de todas las rutas metabólicas ofrece resultados de mejor calidad. Los abonos orgánicos procedentes de la leonardita tienen, además, concentraciones de ácidos húmicos y fúlvicos tan elevadas que las plantas no necesitarán aportes adicionales, puesto que no supondrían diferencias en el crecimiento de la planta.

Todos aquellos cultivadores que quieran sacar cosechas donde se maximice el sabor y el aroma de las plantas, sin dejar de lado la producción, se verán recompensados si utilizan este tipo de fertilizantes orgánicos.

 Ilustración: Nasser