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El Chapo, el Papa y Sean Penn

El Chapo, el Papa y Sean Penn

Por Guillermo Veira

México: esperpéntico ejemplo mundial de las consecuencias de las políticas prohibicionistas


En un continente con tantos países dando pasos hacia una nueva política de drogas es difícil no girarse una vez más para observar lo que ocurre en México. En las últimas décadas se ha convertido en el ejemplo de cómo las políticas prohibicionistas pueden asolar toda una nación. A finales de 2014 el entonces presidente de Uruguay, el mediático “Pepe” Mujica, catalogaba al Estado mexicano como “fallido y con poderes públicos totalmente fuera de control”. Acto seguido se retractó de sus declaraciones pero los hechos que llevaron a tal afirmación no solamente no se han solucionado sino que, en 2015 y lo que llevamos de año, se han agravado especialmente. Unos hechos que rara vez aparecen en los medios de comunicación y que si lo hacen vienen con un aura de caricatura difícil de imaginar en cualquier otro punto del globo. De México se habla constantemente en la mayoría de medios de comunicación, pero las temáticas y la forma de abordarlas se quedan en un análisis superficial. El Chapoel Papa y Sean Penn han copado los titulares de los últimos meses en relación al país americano, la parte visible del “iceberg” en el que se está convirtiendo el verdadero problema en México.

El casting del Chapo

El Chapo ha sido recapturado. Parece ser que fue capturado mientras realizaba labores de casting para una superproducción sobre su propia vida y en la que él era el principal responsable para encontrar el elenco. Podría ser parte de una noticia en algún portal satírico pero no. Posiblemente celoso por las producciones sobre Pablo Escobar, el Chapo no quería perder la oportunidad de contar, de primera mano, lo que ha sido, y está siendo, su propia vida. Una obsesión que le llevó a una reunión clandestina con el ganador de dos premios Oscar, Sean Penn, y la actriz mexicana, Kate del Castillo, famosa por inmortalizar para televisión a la “Reina del Sur”, novela de Arturo Pérez-Reverte sobre una supuesta capo del narcotráfico. Esta historia, detallada para la revista Rolling Stone por el propio Penn, ha traído un mar de tinta y pixeles sobre la ética periodística, el posible delito de hablar con un narcotraficante o que un actor oscarizado sea capaz de encontrar y reunirse con la persona más buscada del planeta mientras los gobiernos son incapaces. En todo ese alarde de libertad de expresión poco se leía de la responsabilidad de su segunda fuga de una cárcel de “alta seguridad” o de la connivencia del cártel con instituciones públicas, bancos y políticos a ambos lados de la frontera. Toda esa información quedó eclipsada ante el contrapicado y la camisa que el Chapo lució en la vídeo-entrevista más esperpéntica de los últimos tiempos.

La gira del Papa

Recientemente ha sido el Papa la personalidad que ha vuelto a acaparar los grandes titulares de la prensa mundial al hablar de México. Francisco realizó su primera visita al país azteca este febrero para realizar una gira de cinco días por todo el territorio. Juan Paullier, periodista de BBC, es uno de los profesionales que mejor ha sintetizado este viaje: “En su visita el argentino, de 79 años, regañó a obispos, apeló a la responsabilidad de los gobernantes, pidió perdón a los indígenas, visitó presos y les dio un mensaje de esperanza a los jóvenes.” Cinco días que afianzan su perfil de Papa revolucionario para los entornos más conservadores pero que dejó un sabor agridulce al resto de la población ante algunas clamorosas ausencias en su gira. En su último evento dedicado a los migrantes, tras un viaje que le llevó desde las más altas esferas mexicanas del Palacio Nacional de México hasta el estado más pobre y olvidado de la federación mexicana, Chiapas, la misa celebrada a orillas del Río Bravo en la frontera entre Estados Unidos y México encontró una de sus frases más directas sobre la situación mexicana actual: “(Los migrantes) son hermanos y hermanas que salen expulsados por la pobreza y la violencia, por el narcotráfico y el crimen organizado. Frente a tantos vacíos legales, se tiende una red que atrapa y destruye siempre a los más pobres.” Vago en apuntar responsabilidades y atendiendo siempre a una esperanza abstracta anclada en la fe, el Papa se fue de México dejando tras de sí un contenido que pronto se hizo viral en la red y en los medios de comunicación. 

Las fosas

Pero en este “México Mágico” donde todo se convierte en caricatura, la realidad no suele corresponderse con lo que los medios masivos repiten incansablemente: sea el Chapo, sea el Papa o sea Sean Penn. Tras esta cortina de superficialidad continúan, rotundos e inapelables, los datos que el propio obispo de Saltillo, Raúl Vera, el más amenazado de México hizo llegar en un informe al Sumo Pontífice semanas antes de su venida a México. Que la guerra contra el narcotráfico, normalizada por el actual gobierno, ha agudizado las deficiencias que las propias instituciones mexicanas arrastraban después de 70 años de “dictadura” democrática. Los datos hablan por sí solos: 120.000 muertos en diez años de guerra contra el narcotráfico, 27.000 desaparecidos, la mitad de ellos en los cuatro últimos años, 4.000 denuncias de tortura y un 99 por ciento de impunidad en los delitos. Una terrorífica realidad que se aleja de los grandes titulares y de la imagen que muchas personas tienen de lo que a día de hoy es México: el ejemplo más claro de las consecuencias de 40 años de criminalización de las drogas. Mientras en el resto del continente son muchas las voces que cuestionan esta política, todavía son pocas dentro de este país. Hoy día el Chapo quiere su película, el Papa su esperanza y dos días después de la marcha de Francisco se constata la existencia de más de 450 cuerpos sin vida en una fosa clandestina en el estado de Veracruz. Sólo las dos primeras informaciones son las que todavía sorprenden en este país.

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