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Sin noticias de la nocaína

Sin noticias de la nocaína

Benito Diaz

La Nocaína ((+) – CPCA) es un compuesto químico desarrollado por científicos de la Universidad de Georgetown en el 2002 y que prometía ser un fármaco fiable para el tratamiento en la adicción de la cocaína. Su forma de actuación, comparada aquí con la Metadona para el tratamiento de heroinómanos, reduciendo los efectos adversos del síndrome de abstinencia. La presentación del estudio en animales arrojó ciertos datos que no volvieron a contemplarse en un estudio en humanos, hace casi 22 años.

Las promesas de los científicos implicados parecían augurar un futuro prometedor. Debe tenerse en cuenta que, aún en nuestros días, no existe un fármaco seguro para la deshabituación de la Cocaína. En su lugar, se recurre a terapias probadas para otro tipo de adicciones, tales como el Disulfiram (alcoholismo), Gabapentina (anticonvulsivo) o la Amantadina (antiviral), entre otros.

El fármaco

«Los resultados de nuestro estudio implican que la Nocaína es un reforzador débil, lo que significa que proporciona algunos de los efectos de la cocaína, pero a un nivel mucho más bajo», explicaba en aquel momento el director del proyecto, William L. Woolverton, PhD, profesor de psiquiatría en el Centro Médico de la Universidad de Mississippi, que desarrolló la sustancia junto a sus colegas de Georgetown y la Universidad de Texas, fallecido en 2013.

La explicación de los expertos, asegura que es menos probable que se abuse de drogas que son “reforzadores débiles”, que de reforzadores fuertes como la heroína o la cocaína, por tanto, es menos probable que mantengan la toxicidad relacionada con el abuso. Las pruebas a las que aducen, sugerirían que la Nocaína puede actuar para revertir los efectos neurológicos asociados con el síndrome de abstinencia aguda de la Cocaína, bloqueando el efecto estimulante de ésta.

«Nuestros estudios han demostrado que la Nocaína probablemente mitigaría los efectos aversivos asociados con la abstinencia de cocaína, permitiendo que los adictos se retiren de la droga de manera gradual y segura», expuso Alan P. Kozikowski, PhD, profesor de neurología y director del Programa de Descubrimiento de Drogas de Georgetown. En 2003, anunciaron que se pasaría a experimentar con humanos en circunstancias normales, cuyos resultados aparecerían publicados en la revista Journal of Pharmacology and Experimental Therapeutics.

Los estudios

Ante las esperanzadoras muestras y explicaciones de los científicos, sorprende la absoluta falta de información al respecto de este compuesto y de los resultados de los estudios. Cannabis.es ha intentando acceder a estos exámenes, sin éxito. En ninguna parte se vuelve a mencionar la Nocaína, acaso de pasada, durante los últimos lustros. Ni siquiera en la citada revista científica. Tampoco en bases de datos al respecto de tratamientos sobre desintoxicación. Tan solo algunas investigaciones sobre sustancias derivadas de la Nocaína, que forman una nueva familia química. Pero ninguna alusión a su potencial como sustituto de la Cocaína en tratamientos para la salud.

La pista se pierde en 2003, al año siguiente del descubrimiento de la sustancia. Al no haber ninguna otra referencia, las conjeturas, elucubraciones y teorías, son lo único que queda, aunque algunas de ellas rozan el disparate y la conspiranoia.

La desaparición

Las razones más plausibles sobre por qué no se ha vuelto a saber nada de una sustancia tan prometedora, pueden ser varias. Es posible que la Nocaína no fuera tan efectiva como proponían, que hubiera fallos en la investigación y que la retirasen discretamente hasta conseguir control en cuanto a datos y a resultados, evitando la publicidad para no dañar las carreras de los científicos relacionados. En el mundo de la investigación científica, es común tanto el robo de ideas como la destrucción de reputaciones en base a errores, por lo que no sería sorprendente que éste fuera el caso. Lo cual no explicaría del todo por qué si existen investigaciones posteriores del compuesto.

Otra posibilidad, viene por parte del científico antes mencionado, Alan P. Kozikowski. Este químico farmacéutico, tiene en su haber al menos 100 patentes de compuestos distintas, además de un curriculum espectacular, al haber trabajado en prestigiosas instituciones privadas, tales como la Clínica Mayo y varias universidades, como la de Pittsburgh, Georgetown, etcétera. No sería descabellado pensar que estas investigaciones de hecho si se realizaron, pero se hayan ocultas bajo patente para producir otro tipo de medicamentos y terapias.

En último lugar, cabe mencionar la teoría del escritor Jonathan Ott, autor del manual sobre enteógenos “Pharmacoteon”. Según el psiconauta y etnobotánico, no tendríamos noticia de este compuesto porque se ha invertido mucho tiempo y dinero en desplazar la auténtica Cocaína para sustituirla por Nocaína, más barata de producir. Ott, asegura que: “el gran problema es que ni siquiera se consigue Cocaína. Hay mucho ruido en la prensa sobre ello pero en realidad antes en la calle se vendía Cocaína y ahora es Nocaína, tanto en México como en Colombia y mucho más en Europa o en EEUU. Yo no sé cómo lo hicieron pero es muy inteligente; sospecho que la sustancia está hecha en China. Es una patraña hecha por camellos que, a la vista y al olfato pasa por cocaína para esnifar, también se cristaliza, como la base, pero no es cocaína, no aguanta el análisis químico. Los efectos son nefandos: da dolor de garganta, uno se siente “arañado”, como dicen en Colombia, y aun así siguen consumiéndolo: la Nocaína sigue cumpliendo su función social, puede usarse para ligar en el bar. Aun así la gente ni sabe lo que está tomando. Yo he dado cocaína absolutamente pura a gente que nunca la había probado y pensaban que eso era una estafa, porque es diferente que la Nocaína que suelen tomar”. Esta “teoría” se conjugaría con otra, en la que el gurú acusa a la gigante CocaCola de estar usando la Cocaína real para su producto.

Ninguna de las anteriores explicaciones cuenta con ninguna prueba. Sin embargo, el problema de la adicción a la Cocaína es real y afecta a cientos de miles de personas en todo el mundo, con grandes porcentajes de recaídas y sin terapias seguras hasta el momento.

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